viernes, 7 de noviembre de 2014

CRÍTICA CON SENTIDO... AUSENTE


Hace algún tiempo me encontré con este vídeo titulado Crítica con sentido al veganismo, y era tal la cantidad de despropósitos que en él se decían que sencillamente lo ignoré y me olvidé de él por completo. Intentos de desacreditar al veganismo como este surgen a todas horas y por todas partes, pero acostumbran a ser tan sumamente burdos que al final el descrédito les termina afectando a ellos. Hay —en contadas ocasiones— críticas mucho más serias y —sobre todo— mucho más honestas que sí merecen ser atendidas, pero no es este el caso, desde luego. Cualquier persona con un mínimo sentido común podrá apreciar nítidamente la falta absoluta de fundamentos en los supuestos argumentos que se esgrimen, y quienes los vean plausibles serán quienes sencillamente quieren verlos plausibles. El prejuicio es un tipo muy voraz, siempre ansioso por alimentarse.

Me llegan noticias, no obstante, de que el vídeo en cuestión está sonando y teniendo bastante difusión por las diversas redes sociales, así que quizá merezca la pena prestarle una pequeña atención aunque sólo sea por analizar brevemente la carencia total de lógica que acostumbran a tener este tipo de planteamientos. A fin de cuentas, hablamos de la proclamada como crítica "con sentido", así que si conseguimos refutarla, las demás caerán por su propio peso, digo yo. Pero la empresa no se antoja sencilla. Es tal la cantidad de disparates que se dicen a lo largo de 8 minutos que no parece que vaya a poder afrontarlos todos sin extenderme más de lo que es mi deseo.

Lo cierto es que el vídeo no empieza del todo mal. Lástima que la cosa sólo dure 18 segundos. 18 segundos en los cuales el autor arranca explicando que las críticas acostumbradas al veganismo se limitan a insultos o argumentos "trillados". Y lástima también que no termine cumpliendo con su promesa de romper con esta costumbre.

Digo que no empieza del todo mal, porque mal empieza, ciertamente. Empieza mal cuando ya desde un inicio confunde al veganismo con una "dieta". Incluso va más allá y describe al veganismo como "esa necesidad de algunos humanos hacia no comer cosas animales ni derivados de los mismos". ¿Necesidad? ¿Lo que está haciendo entonces es criticar las necesidades de algunos humanos? Esta poca rigurosidad en la selección de algunos términos es una tónica común a lo largo de todo el vídeo, así que no se alarmen. Lo verdaderamente imperdonable es que alguien prometa hacer una "crítica con sentido" sobre algo y ya en sus primeras palabras deje entrever su ignorancia respecto a ese algo que va a criticar. Es como para detener inmediatamente el vídeo y pasar a otra cosa más productiva (como... qué sé yo... contar los dientes con la lengua, por ejemplo). Ciertamente, el autor del vídeo no dedica en ningún momento una crítica al veganismo, ni con sentido ni sin sentido. Lo que está tratando de hacer es una crítica a la práctica concreta del veganismo en el plano alimenticio.

Arranca por fin su crítica con el padre de todos los tópicos: "todos los extremos son malos". Su razonamiento hará las delicias de los más intelectualmente perezosos por no poder ser más simplista: El veganismo es algo extremo y todos los extremos son malos, ergo el veganismo es algo malo. Ni explica por qué contempla el veganismo como algo extremo, ni aún menos demuestra que todos los extremos sean algo malo. Según esa idea, sería igualmente malo ser extremadamente honrado, o extremadamente inteligente, o extremadamente profesional, o extremadamente habilidoso. Por lo visto, siempre convendrá ser un poco deshonesto, un poco tonto, un poco incompetente o un poco torpe (y quien no lo sea, que lo disimule). No es otra cosa que el empleo —sin rubor alguno, casi como presumiendo de ello— de la falacia del término medio. En un juicio ético, de hecho, no existe tal término medio. Una acción puede ser justa o injusta, moral o inmoral, pero no hay lugar para quedarse a mitad de camino.

Pero repito que el señor Dalas (o como sea que se llame) no está cuestionando el veganismo en sí, sino la aplicación del veganismo en el plano alimenticio. Es decir, lo que está juzgando, y a lo que está llamando "extremo", por tanto, es a una alimentación 100% vegetal y a sus seguidores, a quienes llama "herbívoros", en contraposición a los 100% "carnívoros", a quienes vendría a colocar en el extremo opuesto (por cierto, señor Dalas, la palabra herbívoro viene del latín herba, que significa hierba, por lo que un herbívoro es alguien que se alimenta principalmente de hierba, y no tengo constancia de ningún humano que lo haga). El problema es que lo que el autor parece estar haciendo más bien es cuestionar si una dieta 100% vegetal es la mejor opción alimenticia, lo cual significa desviar el debate del plano ético al plano nutricional. Los veganos no afirmamos que una alimentación 100% vegetal sea la mejor opción nutricional; lo que afirmamos (y no sólo nosotros, sino también todos los estudios y todas las evidencias científicas fehacientes) es que una alimentación 100% vegetal es una buena opción, es decir, una opción perfectamente viable para cualquier ser humano. Y puesto que es a su vez la más ética, es esta la opción alimenticia que estamos obligados (que no "necesitados") a adoptar.

A continuación, se marca un salto mortal en su discurso para pasar a hablar de la evolución. "El razonamiento es muy simple", nos dice. No hace falta que lo jure, señor Dalas, aunque más acertado hubiera sido describirlo como "catastrófico". Tal es así, que después de pronunciar la palabra "evolución" tan enfáticamente, lo único que hace justo después es recordarnos a todos que somos animales omnívoros. La relación directa que parece establecer entre nuestra condición omnívora y la evolución es un misterio que desgraciadamente el autor no llega a desvelar. Efectivamente, somos omnívoros, lo que significa que somos organismos capaces de asimilar alimentos tanto de fuentes animales como vegetales (el señor Dalas ha descubierto el fuego, señores). Precisamente esta condición nuestra es la que nos permite llevar una alimentación 100% vegetal sin dificultad ninguna. La confusión del hombre es tal que por momentos argumenta en favor del veganismo incluso sin proponérselo.

Luego sí que nos viene a hablar de la evolución, aunque, como era de esperar, su forma de verla resulta cuanto menos peculiar. A pesar de haber prometido hacer una crítica al veganismo diferente a las habituales, viene a echar mano después de una de las más gastadas excusas esgrimidas históricamente. No es otra que aquella de que el cerebro humano evolucionó gracias a la ingesta de carne (el primer hombre en sugerirlo no supo la que estaba armando).

Pare empezar, esta idea no está en absoluto contrastada. No es más que una mera hipótesis sin mayor sustento que la propia intuición. Pero, aun aceptando que fuera cierta, sigue sin aparecer por ningún lado la relevancia que esto pueda tener para el tema en cuestión. Esta hipótesis se basa, a grandes rasgos, en la idea fundamental de que la caza y la ingesta de carne proporcionaron a nuestros antepasados una buena fuente proteica y energética sin el esfuerzo, la dedicación y el tiempo que requería la recolección, pudiendo así emplearlos en el desarrollo de cualidades cognitivas y sociales. ¿Qué importancia tiene esto en nuestra sociedad actual donde la comida la tenemos disponible en las estanterías del supermercado? Nada en absoluto. Agarrarse a esto para rebatir al veganismo es lo mismo que criticar la depilación corporal arguyendo que nuestros antepasados estaban cubiertos de pelo.

"No vamos a cambiar miles de millones de años de evolución como por arte de magia", sentencia. Hombre, efectivamente, por más que lo deseemos, se antoja difícil poder cambiar el pasado. Por eso mismo es mucho más productivo centrarse en el presente y el futuro. A propósito, ni el ser humano ni tan siquiera el primer primate de la historia alcanzan la edad de "miles de millones de años". Oír de boca del autor el nombre de Darwin resulta hasta estridente.

Lo siguiente que hace es relatarnos un supuesto caso personal. "Tengo un amigo vegano y se está quedando calvo", a eso se reduce prácticamente todo. Una nueva falacia para la colección, en este caso la del tipo generalización apresurada, y esto siempre y cuando nos creamos su historia, por supuesto. ¡Qué importa que los estudios de las más prestigiosas asociaciones nutricionistas del mundo avalen una alimentación 100% vegetal! ¡Qué importan las pruebas y las evidencias con las que hoy contamos por doquier! ¡Yo os digo que tengo un amigo vegano que se está quedando calvo y sanseacabó! Por lo visto, el problema de su supuesto amigo se debe a una carencia de proteínas en su niñez. Hombre, señor Dalas, no parece requerirse una licenciatura en física cuántica para resolver un problema semejante. Digo yo que si alguien está tomando pocas proteínas, lo suyo es que tome más. ¿Será necesario recordarle al autor la gran cantidad de gente que incluye sustancias de origen animal en su dieta y padece igualmente de problemas nutricionales? El descontrol y los malos hábitos alimenticios son algo común en nuestra sociedad, por lo que no debería sorprender que algunos veganos también caigan en ellos. Hacerse vegano significa pasar a respetar a los nohumanos, no convertirse en un experto nutricionista con una rigurosa preocupación por lo que ingiere.

"Pero algo que todos sabemos es que los veganos necesitan un aporte proteico y de vitamina B12". Pues sí, en efecto. Pero no sólo los veganos, sino que todos los seres vivos necesitamos un aporte de nuestros nutrientes esenciales. Una vez más, el autor parece confundir los términos y emplea en esta ocasión la palabra aporte con un significado que sospecho se aproxima más al de suplemento. Debo alertar antes de continuar de que después de la clase de historia evolutiva anterior dada por el señor Dalas, se avecinan ahora unas de dietética que se encuentran a un nivel muy similar.

A pesar de todos los años que llevo inmerso en el activismo por los nohumanos, jamás he llegado a conocer a ningún vegano que tome suplemento proteico. De hecho, jamás he llegado a conocer a nadie en absoluto que tomase tal suplemento. Sólo se me ocurren tres opciones posibles: o el señor Dalas y yo vivimos en mundos paralelos; o su supuesto amigo vegano se alimenta sólo de agua; o es que está sencillamente mintiendo. Que cada cual elija la que le parezca la opción más plausible.

En cuanto una persona pone en duda el nivel de proteínas que puede aportar una alimentación 100% vegetal, lo que está haciendo no es otra cosa que poner en evidencia su más absoluta ignorancia respecto a las nociones más elementales de nutrición. La cantidad de proteínas que requiere nuestro cuerpo diariamente es extraordinariamente pequeña. Un buen plato de lentejas acompañado de media barra de pan, por ejemplo, aporta una cantidad de proteínas que casi se acerca ya a la cantidad diaria requerida por un ser humano adulto normal y corriente, y tres o cuatro puñados de cacahuetes, por poner otro ejemplo, vendrían a cubrir más o menos la mitad. Sirvan estos sencillos ejemplos para hacerse una idea de la magnitud del disparate que se encierra detrás del mito de las proteínas

No me pregunten por qué, pero cada vez que surge este mito de las proteínas relacionado con el veganismo, no puedo evitar acordarme en los esclavos norteamericanos y cómo estos eran alimentados diariamente con una exigua ración de gachas (una especie de papilla elaborada con avena machacada y agua), tal y como relatan siempre los escritos de la época. Pero no me pregunten por qué, insisto...

Y respecto a la B12, tampoco es cierto que se trate de una vitamina que se encuentre "casi únicamente en la carne". Hasta donde se sabe, ningún animal produce vitamina B12 activa. Esta vitamina está presente únicamente en el suelo, producida por unas determinadas especies de bacterias que habitan en él. Las personas que obtienen la B12 de víctimas de la explotación animal la consiguen, o bien porque dichas víctimas se han alimentado del pasto contaminado por esta vitamina, o —en las más de las veces— porque les ha sido suministrada a ellas una suplementación durante su proceso de engorde. Así pues, la inmensa mayoría de la gente de los países occidentales obtiene la B12 a través de suplementos. La única diferencia es que algunos lo hacemos de manera directa, y otros a través de las víctimas que consumen. No en vano, se dice que el 90% de la producción de suplementos de vitamina B12 es destinada a la industria de la explotación animal.

Los primeros veganos probablemente obtenían la B12 que requerían a través de los vegetales cultivados de forma tradicional, pero los actuales procesos de esterilización e higiene al que se somete a los alimentos hace imposible esta opción, por lo que las únicas fuentes fiables son los alimentos enriquecidos o los suplementos, que se obtienen mediante cultivos bacteriológicos. Intuyo que es a esto a lo que el señor Dalas viene a describir como "proceso de elaboración química", que suena muy rimbombante, pero que en realidad no viene a decir gran cosa, puesto que desde un prisma igualmente simplista podría decirse que todo en esta vida es en realidad pura química. Si el cultivo bacteriológico es un "proceso de elaboración química", lo será en la misma medida que lo es el cultivo de tomates.

Desde ámbitos académicos se está empezando a considerar seriamente la posibilidad de que la suplementación con B12 sea algo recomendable en general, dado que su carencia empieza a presentarse en unos porcentajes algo preocupantes. Los estudios recientes, por ejemplo, advierten de que entre el 10% y el 20% de la población mayor de 60 años presenta carencias de esta vitamina. Pero es posible que una propuesta semejante sea rechazada tajantemente por el autor del vídeo, que viene a culminar todo lo dicho hasta ahora con una nueva falacia: la falacia naturalista. Según parece, tomarse un caramelo con sabor a cereza rico en vitamina B12 no lo considera algo "natural". Le quedaría por explicar si las granjas, los mataderos, las piscifactorías o los supermercados sí le parecen "naturales", o qué relevancia podría tener nada de esto para la cuestión tratada.

La pretendida crítica al veganismo en realidad sólo llega hasta aquí (minuto 3:07). El tiempo restante lo dedica, primero, a sumarse al discurso bienestarista/regulacionista (tratemos bien a nuestros esclavos); segundo, a informarnos de lo poco que le gusta el discurso de algún vegano concreto; y tercero, al relato de algunos roces que ha sufrido personalmente con algunos veganos. La violencia (física o verbal) es sin duda inaceptable venga de donde venga, pero quizá debería recordar el inicio de su propio discurso (dónde decía que las habituales críticas al veganismo se limitaban a meros insultos) pare entender que, al igual que ocurre con la atención nutricional, la agresividad es algo propio de cada sujeto, no del veganismo.

La parte final representa una especie de batiburrillo incoherente que no hay por dónde cogerlo. Por un lado, acusa a los veganos de tener una "doble moral" por la supuesta agresividad hacia los humanos que les atribuye previamente, y lo dice alguien que asegura "quitar caracoles del césped para que nadie los pise" o preocuparse más por sus "mascotas" que por sí mismo, al mismo tiempo que reclama la explotación y asesinato de otros nohumanos para la satisfacción de sus costumbres gastronómicas (costumbres "naturales", eso sí). Por otro lado, le parece algo "obvio" matar a un mosquito. Según dice, lo contrario sería "sacrificar nuestros tobillos", y tendremos que aceptar que en eso lleva toda la razón, puesto que es de sobra sabido que a un vegano se lo reconoce principalmente por su carencia de tobillos (nótese el sarcasmo, por favor). Sorprende que ahora no contemple más alternativas a este dilema después de la facilidad que ha demostrado antes para agarrarse al discurso de "todo lo extremo es malo". Y finalmente, vuelve a acusar a los veganos incluso de "crueles" con los de su misma especie, nos recuerda que no somos caracoles, afirma que algunos veganos lo son por "moda" y se va —o aparentar irse, de forma teatral— para regresar y soltar el también manido argumento de las plantas.

Lo de la moda es una mera opinión subjetiva por su parte, que en todo caso sólo vendría a poner en evidencia las equivocadas razones por las que algunos dicen adoptar el veganismo. Y en cuanto a lo de las plantas, el hecho de que crea que los veganos defendemos el respeto que merecen los nohumanos porque "son monos y dicen ¡ay!" e ignorar por tanto uno de los puntos fundamentales sobre el que sostenemos nuestro principio (la sintiencia), es una prueba más de que no se ha molestado ni siquiera mínimamente en entender e informarse respecto al veganismo. Debido a esto, que ha conseguido desbordar definitivamente el límite de mi paciencia, y al hecho de que el tema de las plantas ha sido ya refutado hasta la saciedad, me limitaré a sugerir la lectura de un enlace donde se trata el punto en cuestión.

En fin. He de decir que las dotes teatrales (¿o teatreras?) del autor, coronadas con la pantomima del final, me han hecho dudar por momentos de si no se trataría en realidad de un vegano satirizando la infinidad de insensateces y absurdos a la que los veganos nos vemos sometidos prácticamente a diario. Sea como fuere, si ésta es la crítica con mayor sentido que puede dedicársenos a los veganos, podemos estar tranquilos. 

4 comentarios:

  1. Guardado para futuras "críticas con sentido".

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  2. Excelente Igor.
    Me quedo con el concepto de que "todos los extremos son malos"
    Menuda falacia!!!! Es malo entonces, ser extremista en cuanto a la condena de la pedofilia? En cuanto a la esclavitud humana? Estoy siendo obtusamente extremista al considerar la violación como un acto deleznable?
    "Crítica con sentido" dice, con total ausencia del sentido del ridículo.
    Un saludo

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  3. Lo de “todos los extremos son malos” es una clara muestra de la cantidad enorme de frases hechas y tópicos falaces que somos capaces de soltar al cabo del día sin plantearnos la validez de lo que proponen. La campaña de “tolerancia cero contra la violencia machista” vendría a ser quizá la más clara muestra de que las posturas extremas no sólo son perfectamente aceptables en muchos casos, sino incluso las únicas aceptables. Como ya sugirió en su día el propio Martin Luther King (otro habitual acusado de “extremista”):

    «Aunque me molestó inicialmente el calificativo de extremista, a medida que iba pensando sobre el tema fui sintiéndome más y más satisfecho con esa etiqueta. ¿Acaso no fue Jesús un extremista del amor: "Amad a vuestros enemigos; perdonad a los que os insultan; haced el bien a los que os odian y rezad por los que sin piedad abusan de vosotros y os persiguen"? ¿ Y no era Amós un extremista de la Justicia: "Dejad que la justicia discurra como el agua y que la equidad corra como un inagotable manantial"? ¿No era Pablo un extremista del Evangelio: "Llevo en mi cuerpo las señales de nuestro Señor Jesucristo"? ¿Y no era Lutero un extremista: "Me mantengo en mis palabras; no puedo obrar de otra manera: que Dios me ayude"? ¿Y John Bunyan: "Permaneceré en la cárcel hasta el fin de mis días antes que destruir mi conciencia"? ¿Y Abraham Lincoln: "Esta nación no puede sobrevivir siendo mitad libre y mitad esclava"? ¿Y Thomas Jefferson: "Creemos que esta verdad es evidente por sí misma: que todos los hombres fueron creados iguales ..."? Así que la cuestión no es si debemos ser extremistas, sino qué tipo de extremistas debemos ser. ¿Seremos extremistas del odio o del amor? ¿Seremos extremistas de la preservación de la injusticia o de la difusión de la Justicia? En aquella dramática escena del Gólgota, tres fueron los hombres crucificados y nunca hemos de olvidar que los tres fueron crucificados por el mismo delito: el de ser extremistas. Dos de ellos eran extremistas de la inmoralidad, y por eso cayeron más bajo que el mundo que les rodeaba. El otro, Jesucristo, era un extremista del amor, de la verdad y de la bondad, gracias a lo cual se elevó por encima de ese mismo mundo. Quizás el Sur, la nación y el mundo necesitan desesperadamente extremistas creativos.»

    Un saludo

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  4. Pues seguiré siendo calificada de extremista.
    Porque considero que rechazar la esclavitud de los demás animales es un imperativo moral, como lo es rechazar toda forma de violencia.
    Gracias por tu respuesta, desconocía ese texto de Luther King.
    Un saludo

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