miércoles, 5 de noviembre de 2014

EL MITO DE LA CARESTÍA


Se escucha a menudo decir que la práctica del veganismo resulta cara, sobre todo en el plano alimenticio. Pero este tipo de afirmaciones suelen surgir más bien de los propios prejuicios y las percepciones subjetivas de quienes las dicen, y no de un verdadero análisis detallado de la situación.

Para empezar, dicha idea parece incurrir en el error de creer que existe alguna especie de lista de alimentos que todo vegano se ve necesitado de ingerir, como si una dieta vegana tuviera rígidamente pre-establecidos los parámetros bajo los que debe guiarse. Es decir, como si todos los veganos comiésemos más o menos lo mismo. Una alimentación vegana es sencillamente aquella en la cual no se incluye nada que provenga de la explotación de nohumanos. Es aquella cuya confección no requiere de la demanda de esclavitud, asesinato o sometimiento de otros animales. A partir de ahí, el abanico es sumamente amplio, desde alimentarnos sólo a base de pipas (no muy recomendable) hasta llenar nuestra despensa de todos los productos alimenticios veganos que nos encontremos.

Este primer error quizá sea el precursor de que se obvie a su vez una ecuación que en principio parece sumamente simple. Y es que parece ilógico suponer que aquellos que rechazan una serie de productos disponibles en el mercado van a sufrir una mayor carestía que quienes no se ponen ningún tipo de límite. Si hay cinco cosas y una persona sólo puede acceder a tres, parece lógico que en principio esté más predispuesto a gastar menos que el que puede acceder a las cinco. 

Unas patatas fritas (chips) de toda la vida, por ejemplo, son algo perfectamente vegano (y más barato que las opciones especistas), pero no son este tipo de productos los que suelen tenerse en cuenta cuando se piensa en alimentos veganos, probablemente porque su consumo es también muy habitual entre la gente especista. Pero, como digo, se parte en apariencia de la idea de que, al igual que existen productos para los no-veganos, existen a su vez productos para los veganos, entre los cuales estarían, probablemente, algunos como el seitán, el tofu, el tempeh o las leches, quesos y embutidos vegetales. E, insisto, no sólo parecen contemplarse estos productos como para los veganos, sino incluso necesarios para ellos. 

Naturalmente, ni lo uno ni lo otro es cierto, pero podemos admitir sin problema que, en efecto, es bastante probable que los veganos seamos mucho más asiduos a este tipo de productos que los no-veganos, no porque los necesitemos, sino porque resultan especialmente cómodos en la satisfacción tanto de nuestros requerimientos nutricionales como y sobre todo de nuestros hábitos adquiridos. ¿Necesitamos los veganos tomar alguna leche vegetal? En absoluto. Pero si buena parte de nuestra vida la hemos transcurrido desayunado diariamente con un tazón de leche de vaca, es lógico que nos inclinemos a buscar algo que se le asemeje, siendo las leches vegetales además un buen aporte de proteínas y minerales.

Y ante esa perspectiva, ante la aceptación momentáneamente de que existan unos determinados productos veganos que harían la función sustitutiva de otros determinados productos no-veganos, al menos bajo este simplista análisis del tema, ¿saldríamos los veganos realmente tan mal parados? Pues ni siquiera en ese caso parece ser éste el reflejo de la realidad. Hagamos algunas comparaciones:

LECHE DE VACA vs. LECHE DE SOJA
En un mismo supermercado (Carrefour, para más señas), tenemos disponible una leche de soja normal y corriente al precio de 0,91€, al mismo tiempo que una leche de vaca con la misma cantidad nos la venden por 0,99€. 

HUEVOS vs. HARINA DE GARBANZO 
La harina de garbanzo es el ingrediente más común como sustitutivo del huevo en un buen número de recetas tradicionales. A primera vista, la diferencia de precios que se muestra en la imagen podría hacer creer que el huevo sale ganando sobradamente, pero en este caso el precio que aparece en las fotos resulta totalmente engañoso. Para las recetas, una cucharada de harina de garbanzo equivale a un huevo. Cada una de estas cucharadas supone una cantidad de entre 10 y 20 gramos, y puesto que el paquete que se muestra en la fotografía contiene 500 gramos, significa que vamos a obtener de él entre 25 y 50 cucharadas. Total, que aún empleando cucharadas generosas de harina de garbanzo, obtenemos del paquete más del doble de “huevos” que la docena de la izquierda, pudiendo incluso cuadruplicar el resultado si actuamos de manera moderada. 
   
YOGUR LÁCTEO vs. YOGUR DE SOJA
Misma marca, mismo supermercado, mismo precio. Apenas hay una pequeña ventaja en la cantidad del primero.

CARNE PICADA vs. SOJA TEXTURIZADA
La soja texturizada es un ingrediente empleado a menudo como sustitutivo de la carne picada en las recetas tradicionales que así lo requieren. Una vez hidratada, su textura resulta muy similar. Aquí también, las imágenes hablan por sí solas. Es mayor la cantidad del producto especista que del vegetal, pero una vez más, la diferencia no es compensatoria. La soja texturizada sigue siendo más barata incluso salvando esta diferencia. 

CALDO DE POLLO vs. CALDO VEGETAL
Dos productos para preparar caldo; uno de pollo y otro vegetal. En este caso también, si salvamos la diferencia de cantidad (100 gramos en 10 pastillas frente a 240 gramos en 24 pastillas), el resultado es favorable al producto vegano: 3,52€ - 3,40€. El supermercado ofrece caldos especistas más baratos, pero también caldos vegetales. He optado por dos productos comunes de dos marcas populares. Haciendo la comparativa con otros productos de una gama similar, o incluso productos de la misma marca, el resultado es semejante.  

CARNE vs. SEITÁN
El seitán es la carne vegetal por excelencia. No es un producto barato, desde luego, pero tampoco la carne real lo es. Si se ofreciera el seitán en la misma cantidad que marca la carne (500gr.), su precio sería de 7,28€, más barato que el precio al que se vende la carne. 

EMBUTIDO vs. EMBUTIDO VEGANO
Los embutidos veganos sí son bastante caros, algo que se debe a una serie de aspectos no desdeñables y que, dicho sea de paso, afectan en realidad a todo el resto de productos vegetales similares. Pero, en cualquier caso, vemos que incluso en algunos de estos casos extremos las diferencias no son tampoco como para escandalizarse. 

ACEITUNAS (ANCHOA) vs. ACEITUNAS (PIMIENTO)
Misma marca de aceitunas, misma gama, y ambas rellenas, la una de anchoa y la otra de pimiento. Sobran las palabras. 

QUESO vs. QUESO VEGETAL
El queso parece un artículo de lujo tanto en uno como en otro caso, pero también aquí vemos que el mito se desmorona. El queso vegetal de la foto (de sabor y textura muy similar a su acompañante especista, por cierto), ofrece una mayor cantidad a un precio más barato. 

HELADO ESPECISTA vs. HELADO VEGANO
Dos helados semejantes; misma cantidad y mismo supermercado. El helado especista es un 33% más caro.

CREMA DE CACAO CON LECHE vs. CREMA DE CACAO VEGANA
Más de lo mismo: Mismo tipo de producto (crema de cacao con avellanas); misma cantidad; mismo supermercado. El producto vegano cuesta 10 céntimos más barato.
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Los productos mostrados que derivan de la explotación animal son algunos de los más habituales consumidos por las personas especistas, y como puede apreciarse, los más comunes sustitutivos empleados por los veganos no resultan más caros, sino más bien lo contrario (la situación en otros ámbitos que no sean el alimenticio, por cierto, es similar).

Alguien podrá quizá echarme en cara el no haber empleado como ejemplo los productos especistas más baratos. La verdad es que en muchos de los casos sí lo he hecho, pero, ciertamente, lo que más he tomado como referencia es que fueran marcas y productos populares, de grandes ventas. Si se venden mucho es porque la gente se los puede permitir, y si se los puede permitir, no tiene después sentido agarrarse al argumento económico ante una oferta vegana del mismo precio o incluso más barata. Insisto una vez más en que estamos hablando en ambos casos de productos superfluos. 

Además, tampoco los productos veganos mostrados son los más baratos. En algunos casos existen productos semejantes de marcas más económicas, de igual forma que pueden también emplearse en otros casos sustitutivos más baratos que los seleccionados, como cualquier otro tipo de harina en lugar de harina de garbanzo, por ejemplo. Existe además el hecho no poco relevante de que todos ellos (¡todos!) pueden elaborarse en casa de manera aún mucho más económica. Por todo ello, no parecería justa la comparativa de haber recurrido por un lado a los casos más baratos y por el otro a las alternativas más caras. 

La información aquí ofrecida resulta aún más significativa a la vista de la situación en que vivimos. La explotación animal se produce de manera masiva, industrializada, intensiva, nacional, con pocos intermediarios, con impuestos especiales y, en muchos casos, subvencionada por el estado, además de existir una competencia feroz que obliga a tratar de abaratar los costes como sea. Muchos de los productos veganos "especiales", en cambio, provienen en la actualidad de la agricultura ecológica, son elaborados en el extranjero y deben afrontar un buen número de costes con los que no cuentan sus equivalentes especistas. Además, existe siempre un alto riesgo de falta de rentabilidad debido al reducido numero que hay por su demanda. El día en que la demanda sea considerable, la oferta crecerá y los precios se harán aún más accesibles, algo que probablemente ya se está pudiendo observar en las leches vegetales, por ejemplo.

Pero, sea como fuere, estos productos mencionados siguen siendo un mero capricho innecesario para la buena y satisfactoria práctica del veganismo en el plano alimenticio. Podemos estar perfectamente sanos y disfrutar de la comida enteramente sin necesidad de recurrir a ellos. Las verduras, legumbres, hortalizas, cereales y frutas son no sólo la base de toda alimentación sana y completa, sino también los alimentos más baratos del mercado. No por casualidad son estos los productos consumidos en tiempos o lugares de escasez o estrechez económica.

Cabria apuntar antes de acabar que en el año 2015 dos investigadores americanos, Mary M. Flynn y Andrew R. Schiff, llevaron a cabo un estudio comparativo verdaderamente riguroso sobre el coste de dos tipos de planes dietéticos diferentes, uno elaborado a partir de un programa económico basado en las recomendaciones del Departamento de Africultura de los Estados Unidos, y otro que sólo incluía alimentos de origen vegetal. Pues bien, la segunda opción permitía un ahorro de hasta 700 euros anuales frente a la primera.

Hay además un coste en la explotación animal que aún no se ha mencionado. Es el coste de la vida, de la libertad y la dignidad de millones y millones de individuos inocentes. Es el coste moral, un coste incalculable e irreparable. La carestía de la explotación animal en este sentido no tiene parangón, y podemos evitarla con extraordinaria facilidad. 

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