domingo, 7 de diciembre de 2014

CUANDO CANTÓ TIENE RAZÓN...


En febrero del año pasado, en el debate llevado a cabo en el Congreso de los Diputados en torno a la ILP presentada para declarar las corridas de toros como Bien de Interés Cultural, el diputado por UPyD, Toni Cantó, realizó unas declaraciones que levantaron mucha polémica y que a menudo vuelven a circular por internet con renovada vivacidad.

El discurso que Cantó realizó en defensa de dicha propuesta está plagado de argumentos falsos, arbitrarios y gratuitos, pero lo cierto es que pueden extraerse de él varias frases que tienen toda o buena parte de razón, y con las que estoy personalmente de acuerdo (si bien no ocurre lo mismo con el propósito con que las emplea).

Tenemos, por un lado, la frase siguiente: «Se piden derechos para unos seres que no los tienen». Dudo que se estuviera refiriendo a un plano estrictamente legal, puesto que en ese caso la frase carecería completamente de sentido. No tendría ninguna lógica que se reclamasen derechos legales para quienes ya los tienen, sino que se pedirán siempre para quienes carezcan de ellos. Por eso, la frase la interpreto como que no pueden pedirse derechos legales para quienes no tienen derechos morales. De esta forma la frase sí cobra sentido, aunque también en este caso se equivoca, ya que los toros (al igual que el resto de seres sintientes) sí poseen derechos. El problema es que no se reconocen ni se respetan, pero eso no quiere decir que no los posean.


Tampoco en tiempos de la esclavitud humana institucionalizada se reconocían ni respetaban los derechos de las personas esclavizadas, no queriendo esto decir que no los poseyeran. Por eso estuvo mal; y por eso mismo también está mal la explotación animal, porque representan prácticas que ignoran y violan los derechos de los sujetos condenados a ellas.

La razón por la que Cantó niega derechos a los nohumanos es porque confunde a los agentes morales con los pacientes morales. Según expone, sólo alguien con obligaciones morales puede contar con derechos, pero, lógicamente, un criterio semejante se derrumba en cuanto recordamos que todos los humanos cuentan con derechos a pesar de que no todos son capaces de entenderlos y, por tanto, de respetarlos, como es el caso de los niños pequeños, los ancianos seniles o las personas con una grave discapacidad.

Un derecho no es otra cosa que un interés protegido, un interés que no puede ser violado por nadie para su mero beneficio. Es (sirviéndome de la analogía empleada por el profesor Gary Francione) un cartel de "prohibido el paso" colocado frente a aquellos intereses que son intrínsecos a nuestra condición de personas y cuya vulneración implica la violación de dicha condición. Para contar con ellos no requerimos entender dichas nociones morales, que es lo que nos convierte en agentes morales obligados a respetarlas. Un derecho no es algo que se nos da, es algo que nos pertenece intrínsecamente. Decir que sólo quienes tienen obligaciones morales pueden contar con consideración moral, es como pretender que sólo los médicos dispongan de asistencia médica.

Pero podríamos también interpretar sus palabras como que no se puede pretender que se respete a individuos a quienes no se les reconocen sus derechos. En ese caso sí tendría razón, y ese es precisamente el error en el que incurren iniciativas como las antitaurinas. Lo que debemos buscar es que el resto de animales empiecen a ser reconocimos como lo que son: personas; personas con sus intereses y sus derechos; y a partir de ahí podremos pedir que dichos intereses y derechos sean respetados. Mientras no dejemos de ver al resto de animales como esclavos, como "cosas" a nuestro servicio, pretender que se los respete es una utopía.

Otra de las frases de Cantó que me parecen interesantes y acertadas es la siguiente: «Vivimos a espaldas de cómo tratamos a los animales [
sic], sea en su comercialización, en investigación o en otros usos, la diferencia es que en el caso de los toros, ese trato es público. Parece que les molesta que al toro se le lidie, pero no que se le embole, se le prenda fuego y se le persiga por las calles del pueblo». No puede tener más razón el señor Cantó, que parece estar lanzando una proclama contra el especismo. La única diferencia de la injusticia que sufren los toros en las plazas con respectos al resto de injusticias padecidas por los animales nohumanos en otros ámbitos, es que ésta es visible. Todas las prácticas especistas son igual de injustas, y centrarse sólo en unas (o en unas más que en otras) representa una incoherencia que sólo puede servir para ser empleada como en este caso por quienes las defienden.

Algo muy similar ocurrió más recientemente cuando Yoshinobu Nisaka, gobernador de Taiji, respondió a las críticas dirigidas a la caza de delfines en Japón diciendo que «no es apropiado decir que la caza de delfines es inhumana cuando vivimos de vacas y cerdos». Nisaka no sólo manifestó la incoherencia de estas iniciativas, sino que las respuestas que se sucedieron después desde sectores ecologistas y animalistas dejaron en evidencia las injustas razones bajo las que se sustentan, apelando todas ellas a cuestiones ambientalistas o al fin para el que son explotadas las víctimas. 

En lugar de empezar a despotricar airadamente sobre la figura de Toni Cantó y otros que muestran argumentos similares, muchas personas y grupos animalistas deberían reflexionar sobre el hecho de que gente que defiende prácticas especistas pueda servirse para ello de la incoherencia de sus políticas e iniciativas.

Cuando Cantó tiene razón… es que algo falla.
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