lunes, 2 de marzo de 2015

ÉTICA AL GUSTO DEL CONSUMIDOR


No sé qué es lo que muchos entienden por ética. Visto lo visto, parece ser que para algunos ética es aquello que debe hacerse, sí, pero sólo cuando nos viene bien. No entiendo, de lo contrario, muchas de las actitudes que se perciben cuando a alguien se le hace notar que algo de lo que hace es injusto o incorrecto.

Se trata de algo que se advierte fácilmente, por ejemplo, en muchos vegetarianos. Cuando a un vegetariano se le hace notar (o sencillamente se le recuerda, en las más de las veces) que por más que adopte una dieta que excluya el consumo de cadáveres, sigue contribuyendo a la explotación de seres inocentes, su actitud se vuelve extremadamente defensiva. "Yo estoy en transición al veganismo" es, dentro de las respuestas habituales, la más mínimamente sensata que puede escucharse, aunque cabe mencionar que no hace falta realmente ninguna "transición" hacia el veganismo (una transición, dicho sea de paso, en la que algunos llevan metidos décadas).

Otras respuestas más descabelladas, pero igualmente habituales, suelen ser: "Así no vas a conseguir que me haga vegano", o "si para ser vegano tengo que hacer esto o lo otro, entonces prefiero no ser vegano"; e incluso existe una versión para quienes ya se dicen veganos: "Me dan ganas de dejar de ser vegano". Deben pensar que los veganos ganamos alguna especie de bonificación por cada nuevo vegano que sale en el mundo. El veganismo, en resumidas cuentas, significa respeto, y si sustituimos un término por el otro en esas frases es fácil percatarse de la barbaridad que esconden, porque lo que vendrían a decir es: "así no vas a conseguir que respete a los demás", "si para respetar tengo que hacer esto o lo otro, prefiero no respetar" y "me dan ganas de dejar de respetar a los demás". Escalofriante…

Respuestas como esas ya denotan la pretensión que tienen algunos de ser veganos sólo cuando se den las condiciones más cómodas para ellos. Quieren entrar en el veganismo al más puro estilo faraónico, subidos en un palanquín llevado por cuatro hombres fornidos al ritmo de tambores y trompetas, mientras degustan, recostados sobre las más suaves telas del lejano oriente, un suculento racimo de uvas y una copa de buen vino.

"Ser vegetariano ya es algo", se excusan muchos. Sí, claro, y acariciar al ternero antes de cortarle el pescuezo también. Olvidan, por lo visto, que no se trata de hacer algo, sino de hacer lo que es justo, hacer lo que se debe hacer. Y, a propósito, ¿por qué esa obsesión concreta por la muerte? ¿Por qué es tan relativamente fácil percibir el horror del asesinato, pero no sentir lo mismo por la idea de una vida entera sometidos a la dominación de otros? Aún a riesgo de sonar freudiano, diré que intuyo en ello cierta proyección de nuestros propios temores. Al fin y cabo, todos seremos víctimas de la muerte algún día, pero no así de la esclavitud ni otras formas de explotación. ¿Será por eso que las contemplamos como más aceptables? ¿Se está reflexionando sobre todo esto de la manera que corresponde?

Pero aunque esté tomando al vegetarianismo como modelo (espero que los vegetarianos me perdonen por ello), lo cierto es que este tipo de actitudes y respuestas son propias de todo aquel a quien se le habla del veganismo. Sólo un vegano que haya pasado todo su tiempo como tal bajo tierra podrá haberse librado del clásico "yo respeto a los veganos, pero que los veganos me respeten a mí", que no es otra cosa que la versión diplomática del "¡déjame en paz!".

Un mundo donde los veganos nos quedemos con nuestras verduritas y ellos con sus carnes asadas y sus huevos fritos, todos tranquilos, cada uno disfrutando de lo suyo, sin mirar al de al lado, es un mundo idílico para ellos. Dicen respetar a los veganos olvidando intencionadamente que no estamos pidiendo respeto para nosotros, sino para los demás. Lo que ocurre es que para ellos sencillamente no existen los demás. Lo del plato es pescado, no un pez, no alguien.

Existe, además, la eterna confusión de creer que el respeto a las personas es extensible al respeto por sus actos o ideas. Todas las personas merecemos respeto incondicional (de eso trata el veganismo, sin ir más lejos), pero no así lo que hacen o dicen. Me adelanto, de hecho, a las posibles reacciones que pueda despertar este escrito para recordar que lo que he hecho aquí es precisamente eso, criticar y condenar ciertas ideas, respuestas y actos de algunas personas, no a ellas.

Los especistas merecen todo el respeto del mundo, pero el especismo no merece respeto ninguno.
________________________________________

Artículos relacionados:
- Veganismo es voluntad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Toda participación será bienvenida siempre que cumpla con las normas del blog. No obstante, con efecto de conseguir una comunicación civilizada y evitar de entrada situaciones indeseables, todos los comentarios deberán pasar por un filtro de moderación previo a su publicación. Gracias por su paciencia y comprensión.