miércoles, 2 de septiembre de 2015

ROMPESUELAS NO ES EL RESTO DE ANIMALES


Como cada año, se acerca el torneo del Toro de la Vega, y como cada año, todos los focos animalistas se centran durante días, semanas, en pedir su prohibición. Creo que pocos ejemplos puede haber más claros de lo extraordinariamente confundido que se encuentra el movimiento animalista y de cómo está movido por los sentimientos personales más que por la razón.

Dedicar tanto tiempo y esfuerzo en defender a una única víctima de la explotación especista no es sólo irracional, sino también injusto en grado sumo. ¿Qué tiene Rompesuelas de especial? ¿Por qué merece mayor atención que el resto de víctimas del gran holocausto que se sucede cada día? Esa es la idea que están transmitiendo quienes se suman a los actos en su defensa. Están creando una jerarquía sin ningún fundamento tanto entre las víctimas de la explotación animal, como entre los explotadores y sus prácticas.

Y digo "en su defensa" por llamarlo de alguna manera, porque en todo esto ni siquiera se están defendiendo realmente los intereses de Rompesuelas. "¡Salvemos a Rompesuelas!" se lee y escucha hasta la saciedad. ¿Salvarle? ¿De qué? ¿Acaso se creen algunos que si los tordesillanos se lo piensan dos veces y deciden no celebrar el espectáculo este año Rompesuelas va a acabar en alguna especie de paraíso de nohumanos donde vivirá feliz, libre y tranquilo el resto de su vida? Ese lugar no existe. Los humanos hemos convertido el planeta entero en un infierno para los nohumanos, y si Rompesuelas no es finalmente lanceado, seguirá igualmente siendo un esclavo que acabará asesinado en el frío suelo de algún matadero.

Las campañas como esta sólo sirven para una cosa: para confundir y distorsionar la situación. Se habla de "salvarlo" cuando no se lo va a salvar de nada; se presta una mayor atención a una práctica que no difiere radicalmente en nada de las miles y miles que se suceden cada segundo y en todas las partes del mundo; se hace creer a la gente que el trato que los nohumanos reciben en Tordesillas es peor que el que reciben en otros lugares; se fomenta el especismo; se fomenta el bienestarismo; y se aleja irremisiblemente la atención del problema real y de su solución.

Incluso los taurinos y otros acérrimos especistas están sumados a la campaña en contra del Toro de la Vega. Animalistas y especistas unidos por una misma causa, ¿y a pesar de eso no se aprecia la incoherencia del asunto?

La campaña en contra del Toro de la Vega, igual que todas las campañas monotemáticas, no son ningún acto "por los derechos de los animales" tal y como se pretende vender. Es una campaña en contra de una tradición determinada movida por las propias inclinaciones y preferencias de cada uno. Nada más. Mientras se rompen lanzas y mientras la gente se desgañita pidiendo su prohibición, millones y millones de otras víctimas son asesinadas en mataderos, barcos pesqueros, laboratorios y demás lugares de exterminio en un total anonimato y bajo el más frío de los olvidos.

Si dejamos que sean nuestros propios sentimientos (nuestras emociones, nuestra sensibilidad, nuestras frustraciones, nuestro mayor o menor desagrado) quienes muevan nuestro activismo, entonces no estaremos actuando por los nohumanos, sino por nosotros mismos.


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NOTA: Este artículo fue escrito hace un año. Tan sólo ha sido modificado el nombre de la víctima. Desgraciadamente, el movimiento animalista es tan irreflexivo y acrítico que este tipo de texto resultan completamente atemporales.

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7 comentarios:

  1. ¡Magnífico artículo, Igor! Una crítica directa y concisa. Jamás podré entender la hipocresía de darle tanta importancia a este acto frente a muchos otros. Considero que se combinan dos fenómenos: incapacidad de autocrítica ante las acciones de uno mismo y argumentos subjetivos de índole estética. Vamos, que algunos protestan principalmente porque resulta poco decoroso una fiesta tan sanguinaria, ¿es que nadie piensa en los niños...?

    Un saludo.

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    1. Hola, Adrián. Un gusto verte por aquí.

      Creo que has conseguido condensar la cuestión estupendamente.

      A mí me parece que la pregunta que la gente debería plantearse de forma imperiosa es la siguiente: ¿Qué ocurriría si, por ejemplo, desapareciera el Toro de la Vega? O para ser más precisos: ¿Qué ocurriría en cuanto a los nohumanos? Al 99,99999…% de los animales del mundo (a quienes no sean toros) no les afectaría de ninguna manera; y a los restantes, tampoco. En vez de ser explotados de esta manera lo serán de otra igual o muy semejante. Salvo que esta sea una interpretación equivocada (y dudo mucho que pueda interpretarse de otra manera), la respuesta exige una reorientación profunda del rumbo que sigue el común animalista.

      Lo dije en otra parte y vuelvo a decirlo aquí: eliminar de la vista la explotación animal no es lo mismo que eliminar la explotación animal. Urge aclarar cuál es el fin que se persigue.

      Un saludo, Adrián.

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  2. Hola.

    Muchas veces para entender las cosas es necesario llevarlas al extremo. Imagina que en un pueblo existiera una fiesta en la que se cogen 100 gatos, se les sacan los ojos, se les cortan las extremidades y aún vivos se les quema. Evidentemente todas las muertes son importantes, pero ante un caso así no hay argumento vegano que valga, no les vas a convencer de que dejen esa tradición aunque sea totalmente sádica. Esa fiesta sería una amenaza latente contra todo tipo de razonamiento. Imagina que no acabas con esa "fiesta de los gatos" y la sociedad en su conjunto comienza a imitar esa "fiesta"; en ese supuesto llegarías a una sociedad sádica 100% a la que no ibas a convencer de nada excepto por la fuerza de la espada. El Torneo del Toro de la Vega es un símbolo de la máxima expresión del sadismo legalizado, y por lo tanto debe ser derrumbado lo antes posible. Ello no quita tiempo de hacer activismo por otras causas durante todo el año.

    Saludos.
    David.

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    1. Hola, David.

      No creo que ese caso que expones sea en realidad tanto más extremo como sí más hiriente para la sensibilidad y la percepción general, y lo que digo en este texto es precisamente que la atención no debería fijarse en aquello que nos resulte hiriente (o especialmente hiriente), sino en lo que resulte injusto.

      No veo por qué no se les podría convencer igual que muchos otros nos hemos convencido de lo injusto del especismo y hemos renunciado a un buen número de costumbres profundamente arraigadas. Hablas de esta gente como si hubiera sido víctima de alguna especie de trastorno de naturaleza epidémica. ¿No sería mucha casualidad que algo así sucediera de forma tan geográficamente localizada, es decir, que una concreta y delimitada localidad diese muestras de inclinaciones sádicas notablemente superiores a la media?

      Ni el torneo del Toro de la Vega ni ningún otro espectáculo semejante es llevado a cabo por personas aquejadas por algún tipo de desorden psicopático. Son personas normales y corrientes a quienes les ha sido inculcada una costumbre que en realidad no difiere en nada sustancial de cualesquiera otras prácticas especistas. El problema real es que nos creemos con derecho a hacer con el resto de animales lo que nos plazca. Ese es el problema que subyace en todas las manifestaciones del especismo, y tan sólo son observadas de diferente manera en razón de los diferentes sesgos culturales.

      Pero, aunque aceptase que esta u otra práctica excede la norma común, seguiríamos hablando de una estrategia inapropiada. Porque la “norma común” es la norma de los mataderos, las granjas, las piscifactorías, los circos, los laboratorios…; la “norma común” está constituida de sufrimiento, esclavitud, sangre, asesinato, explotación… ¿Vamos a llamar la atención de alguien por haber sobrepasado de alguna forma esa norma común? Esto sería lo mismo que prestar una mayor atención a un pequeño número de violadores por el hecho de no usar preservativo.

      Es por este motivo por el que siempre he defendido que las campañas monotemáticas (las campañas dirigidas a una forma concreta de explotación especista) son intrínsecamente bienestarista. El bienestarismo se dedica a denunciar aquellas prácticas que son abusivas dentro de la explotación animal, y lo que se hace en las campañas monotemáticas es denunciar una forma concreta de explotación animal en su totalidad por considerarla abusiva en sí misma respecto de las formas comunes de explotación.

      El activismo vegano sigue siendo igualmente la herramienta necesaria para que estás prácticas no se expandan. La manera de evitar una “sociedad sádica 100%” con los nohumanos es trabajando en favor de una sociedad sensibilizada y respetuosa con los intereses de los nohumanos. Una sociedad que no respete a los demás animales manifestará su desprecio de una u otra manera. Si no es mutilando y quemando gatos, será comiéndoselos.

      Por otro lado, no estamos hablando de acciones puntuales. Si yo observo que mi vecino de enfrente trata cruelmente al perro con el que convive, lo denunciaré con toda probabilidad. Pero en este caso estamos hablando de fuertes campañas globales orquestadas por los diferentes partidos “animalistas” que absorben mucho tiempo, recursos y energía. El tiempo que podemos dedicar al activismo es siempre limitado, y aquel que no lo dedicamos a educar en el veganismo es un tiempo malgastado. E insisto en que este tipo de acciones no sólo restan posibilidades al activismo vegano, sino que son incompatibles con él. No se puede enfatizar el cómo debemos usar a los nohumanos al mismo tiempo que pedimos que dejen de ser usados en cualquier forma.

      Un saludo.

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    2. Hola.

      Respuesta breve con eo móvil:

      Tienes razón en muchas cosas, pero debes tener en cuenta que lamentablemente la sociedad en su mayoría no se guía por criterios lógicos, sino emocionalrs. Un claro ejemplo es la ejecución del supuesto Jesús de Nazateth, sólo era un hombre, pero representaba algo. Las historias llegan más al ser emocional que las estadísticas. Es lamentable, pero si nuestro objetivo es acabar con el sufrimiento y matanza innecesarias entonces no debemos cortar posibles vías para lograrlo y ésta es una de ellas.

      Saludos.
      David.

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  3. No puedes tener más razón. Yo estoy en contra del Toro de la Vega, pero no gasto energía en protestar contra ello. Para lo único que me sirve es para recordarles a tod@s es@s amantes de los toros, que las vacas con las que hacen el queso -por ejemplo- sufren toda su vida y no sólo el día de su muerte. Etcétera, etcétera. Como los que se horrorizan con la matanza de delfines de Taji y al rato se zampan un tataki de atún. La desconexión asusta, pero asusta más aún que cuando les intentas ayudar a hacerla se enfaden de la manera que se enfadan y digan las chorradas que dicen. El ser humano repite y repite. Para ser racional -mínimamente- hay que esforzrse mucho. Pero mucho.

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    1. Buenas, Fermín.

      Gracias por tu participación.

      En pocos lugares he observado yo tanto odio y tanta violencia como se vierte diariamente en el ámbito del “animalismo”. Es un problema muy grave que un movimiento que pretende abogar en contra de la violencia tenga a la violencia por un instrumento tan común.

      Un saludo.

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