sábado, 19 de septiembre de 2015

VEGANISMO ≠ DERECHOS ANIMALES


A las muchas distorsiones y manipulaciones a las que se ve sometido el término veganismo se suma aquella en la que es descrito como una actitud de respeto hacia todos los seres sintientes que poblamos el planeta. Si se quiere difundir una cosa informar y concienciar en cuanto a ella, lo primero que debería hacerse, por pura lógica, es describirla correctamente, cosa que no se cumple en este caso.

El veganismo es, y ha sido siempre, un principio moral de rechazo a la explotación de los animales nohumanos. Punto. El veganismo, por descontando, no es una "dieta", no es un "estilo de vida", no es una "práctica", no es una "moda", y ni tan siquiera estoy de acuerdo con describirlo como una "actitud", puesto que entiendo que es un término altamente subjetivo. Una actitud puede venir motivada por muchos cauces, y el veganismo es una obligación regida por principios éticos, principios éticos de respeto e igualdad. 

El veganismo tampoco significa amor o protección, sino respeto. Respeto al valor intrínseco que poseen el resto de animales, más exactamente. De la misma manera que no significa dejar de perjudicar, ni tan siquiera con el matiz de consciente o intencionadamente. La palabra perjudicar conlleva un alto grado de ambigüedad, y existen muchas formas de perjudicar a otros de manera intencionada o consciente que no son contrarias al veganismo. Somos conscientes de que perjudicamos a otros animales cuando cogemos un coche, por ejemplo, de igual forma que perjudicamos a otros, indudablemente, en acciones de autodefensa, en los que no puede negarse la intencionalidad.

Finalmente, debemos entender que al veganismo no le competen las relaciones entre humanos o los problemas que nosotros podamos padecer. El veganismo es una respuesta concreta a un problema concreto: la dominación y opresión que se ejerce sobre unos individuos por no ser de la especie humana. Los seres humanos podemos sufrir una incontable cantidad de problemas, prejuicios y discriminaciones, pero ninguno de ellos está motivado por el hecho de no ser humanos. Si en el mundo no hubiera más animales que los humanos, la doctrina vegana jamás habría visto la luz, de igual forma que si todos los seres humanos fuéramos hermafroditas el feminismo no tendría razón de ser. Quien diga que alguien que no respeta a los humanos no puede ser vegano está mintiendo y tergiversando su significado, siendo igual de inaceptable que cualquier otra alteración que se haga del que es sin duda el concepto de mayor importancia en la defensa de los nohumanos.  

Si queremos reivindicar respeto para todos los seres sintientes, contamos con otro cauce: la ética de Derechos Animales. La expresión
«Derechos Animales» podría perfectamente sustituirse por «Derechos de las Personas», y, de hecho, estaríamos sin duda siendo más precisos de esta manera, ya que no todos los animales somos personas (un cadáver humano, sin ir más lejos, sigue siendo un animal, pero no una persona). No creo sin embargo conveniente abusar del término personas, ya que dicha palabra no sólo es empleada en ámbitos morales, sino también legales y lingüísticos. Por más que los animales nohumanos sean personas hablando en términos biológicos o éticos, no les está reconocida dicha condición ni ante la ley, ni ante el diccionario, ni ante la sociedad. Hablar por tanto de «Derechos de las Personas» implicaría sin duda una peligrosa confusión. 


Así pues, ser vegano y ser defensor de los Derechos Animales no son la misma cosa. Los Derechos Animales, si se quiere, son una extensión del veganismo, o una unión entre el veganismo, los Derechos Humanos y otras doctrinas similares. Aquel que sea vegano debe ser por coherencia defensor de los Derechos Animales y viceversa, puesto que ambas cosas están basadas en los mismos principios fundamentales; pero que sea lo coherente no significa que sea una condición inherente. 

A partir de aquí, otro debate sería cuál es la prioridad de nuestro activismo o sobre qué debemos centrarlo: el veganismo o los Derechos Animales. Particularmente, considero conveniente centrarlo en lo primero, puesto que entiendo que la situación que padecen el resto de animales no es equiparable en modo alguno a los problemas sufridos por la humanidad. En términos generales, a los humanos nos son respetados nuestros derechos fundamentales, y en los casos en los que eso no se cumple existe un rechazo mayoritario de la sociedad, sin olvidar la firme Declaración Internacional de los Derechos Humanos, encargada, con fuerza legal, institucional y gubernamental, de hacer frente a esas situaciones.

Entiendo que es completamente infructuoso meter todo en el mismo saco cuando se sabe que cada problema deriva de una circunstancia concreta. En general, la situación de las mujeres no es igual a la de los hombres, ni la de los homosexuales frente a los heterosexuales, por ejemplo. Si la comparación se hace entre los humanos y los nohumanos, advertiremos que la diferencia es aún más notable. Se antoja razonable ante esto que surjan grupos y personas que centren y concreten sus esfuerzos en la defensa de cada uno de los colectivos discriminados, sin necesidad de verse influenciados por aquellos ataques gratuitos que les acusen de ignorar o despreocuparse de otras realidades. No veo, por tanto, inconveniente en centrarse en los nohumanos. Bien al contrario, considero que es lo más acertado y conveniente en la situación que se vive en la actualidad. 


Sea como fuere, es imprescindible empezar por definir correctamente aquello que da directa respuesta a la situación que padecen las víctimas. Si no se respeta el significado de los conceptos, el diálogo y el entendimiento se vuelven imposibles; y distorsionando el veganismo, se distorsiona la respuesta que hace frente a la explotación especista.

Cualquiera que sea capaz de reconocer al resto de animales, a los nohumanos, su condición de personas, y respete dicho principio o condición, es vegano. El veganismo no exige más, de la misma manera que no exige menos.

2 comentarios:

  1. Hola, Igor.

    Sin tener ahora tiempo para entrar a comentar otras cosas que dices con las que no estoy de acuerdo, dices: "Se antoja razonable ante esto que surjan grupos y personas que centren y concreten sus esfuerzos en la defensa de cada uno de los colectivos discriminados, sin necesidad de verse influenciados por aquellos ataques gratuitos que les acusen de ignorar o despreocuparse de otras realidades."

    Según el rechazo de algunos a las campañas monotemáticas, ¿esto que dices no sería el mal llamado "neobienestarismo" que algunos estáis denunciando?

    Saludos.
    David.

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    Respuestas
    1. Hola, David.

      No veo la relación por ninguna parte. Las campañas monotemáticas discriminan injustificadamente entre dos manifestaciones de una misma realidad, mientras que las diferentes causas sociales hacen frente a realidades distintas (distintas socialmente, moralmente, políticamente, legalmente, históricamente, etc.).

      Un saludo.

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