miércoles, 20 de enero de 2016

CENSURA Y ADOCTRINAMIENTO


Deseo mostrar desde aquí todo mi apoyo y solidaridad con los compañeros de Tenerife Vegano, quienes han visto cómo su labor divulgativa era recientemente censurada por parte de determinados centros educativos. Me parece oportuno matizar que la censura en sí no tiene nada de malo. Todos censuramos un amplio número de cosas al cabo del día, y no podría ser de otra manera. Este mismo blog está configurado para censurar el especismo y la explotación animal. Pero si la censura se da de forma arbitraria e injustificada, entonces se vuelve completamente inaceptable.

Lo único que hacen los compañeros de Tenerife Vegano es divulgar la verdad, y conocer la verdad no le ha hecho mal a nadie nunca. La verdad nos puede afectar, pero esa afección tampoco es negativa. A todos nos afecta conocer lo que hicieron los colonos españoles, lo que ocurrió durante el holocausto nazi, o las terribles desigualdades económicas que se dan en el mundo actual, pero nadie pone en duda que conocer estas realidades sea un ejercicio positivo e incluso necesario. Además, los activistas somos perfectamente conscientes de cuáles son las particularidades de una mente juvenil, y siempre hemos sabido adaptar nuestro discurso a ellas. Se puede contar la verdad con tacto y sin necesidad de narraciones excesivamente explícitas. Tenerife Vegano lleva años hablando con niños y jóvenes en torno al veganismo y el especismo, y jamás ha habido constancia alguna de que su labor haya repercutido negativamente sobre ninguno de ellos.

Mentir a los niños sí que es algo censurable, como también los es anular su capacidad de juicio ocultándoles la verdad. El veto a Tenerife Vegano se debe única y exclusivamente a que su mensaje dificulta el adoctrinamiento del especismo. Si les contamos la verdad a los jóvenes, puede que después no quieran tomarse el tazón de leche, la tortilla o el bocadillo de jamón. O aún peor, puede que empiecen a formular preguntas incómodas. Los padres y educadores especistas quieren niños especistas también, porque los niños acostumbran a ser jueces muy severos, y no estamos por la labor de que nuestros propios hijos se dediquen a poner en evidencia nuestras costumbres y creencias más arraigadas.

De forma sumamente irónica, es a los padres veganos a quienes se acusa a menudo de "imponer" el veganismo a sus hijos. Pero los padres veganos no imponen a sus hijos un plato de guisantes con patatas más de lo que un padre especista les impone a los suyos una pechuga de pavo. Por el contrario, ningún padre vegano se ve en la necesidad de mentirle a su hijo respecto de dónde procede la comida con que lo alimenta o la ropa con que lo viste. Es el especismo el que se sienten en la obligación de disfrazar la verdad hasta hacerla mínimamente digerible. La explotación, la esclavitud y la muerte se acallan con cuentos que narran una realidad inexistente. No hay víctimas en ellos. Lo que hay son alegres súbditos que ofrecen generosamente su trabajo, su libertad y hasta sus vidas para mayor gloria del ser humano. Así es como se va aceptando lo inaceptable y como se terminan fraguando perfectos especistas incapaces después de admitir que la realidad de las granjas, lo mataderos, los laboratorios y los barcos pesqueros es bien distinta.

Los propios manuales de educación infantil instruyen respecto a cómo han de ser mentidos y manipulados los niños en cuanto a la explotación especista y los productos de origen animal. Pero no hace falta ir hasta esos niveles para constatarlo. Los ejemplos cotidianos de la educación que todos hemos recibido en nuestra niñez ofrecen innumerables y palmarios ejemplos de ello. Veamos algunos:

► Ante todo, el ser humano es el amo y señor de la Tierra. Los intereses de los demás animales no cuentan. De esta manera, los cuentos y canciones infantiles muestran al resto de animales como, por ejemplo, simples medios de transporte:


«Con mi caballito, corro por los cerros. Él me lleva arriba, porque yo lo quiero


► O como máquinas expendedoras de huevos:

«Yo conozco una vecina que ha comprado una gallina que parece una sardina enlatada


► O de carne, cuero, miel, lana... Es curioso, por cierto, que en algunos casos se recurra al antropomorfismo. Se los humaniza y después se los reduce a la condición de esclavos:

«Oveja negra, ¿tienes lana hoy?»
«Tres bolsas tengo yo. Una para el amo, otra para la dama y una para el pequeñín en la cama también.»


► Y no sólo son esclavos simples herramientas o útiles humanos—, sino que además parecen estar encantados con serlo. Eso sí, hay que dar las gracias por su infinita amabilidad. Esta es la única educación que entienden algunos. Una educación superficial; una educación en las formas:

«Y nos da leche, el dulce de leche, y la manteca que siempre le pongo al pan. También el queso, que es tan sano, y un yogur para mi hermano. Señora vaca, usted sabe trabajar.»


► No puede faltar Teo, naturalmente: 

«No te preocupes, Pablo, no hay modo de que puedan escaparse.»

  

► ¿Dónde viven algunos animales? Pues en la «granja de Pepito». Ese es su sitio, claro:


► Y cómo dejar fuera a ese granjero que nos cuenta que tiene una vaca lechere que «da leche merengada, le gusta llevar cencerro y mata moscas con el rabo». Dice el granjero que serán «felices» cuando vuelva. ¿A dónde habrá ido? ¿Al matadero? Así suele ser el regreso de las vacas, en forma de carne:


► Finalmente, un ejemplo de la educación clásica que suelen recibir los niños en torno a la explotación animal, una lista que relata los productos que los animales nohumanos «nos brindan» y producen «para nosotros»:


Pero todo esto no es más que un grano de arena en medio de un vasto desierto. Quien desee contemplar una muestra más detallada y extensa del asunto tiene la oportunidad de visionar alguna de las conferencias ofrecidas por Samuel Guerrero, activista vegano y profesor de educación primaria.

El argumento principal que se esgrime habitualmente para negarles a los niños la realidad que esconde esta burda manipulación es que debemos protegerlos de algo que podría llegar a traumatizarlos. Sin embargo, es un argumento que, además de no justificar en absoluto la mentira y la manipulación, encierra una curiosa contradicción. Y es que esa misma gente es la que después asegura no ver nada de malo en cómo tratamos al resto de animales. ¿De qué se está protegiendo a los niños entonces? ¿Se los protege de aquello que está bien, de lo que no tiene nada de malo? Creo que pocas cosas dejan más en evidencia la profunda disociación en la que viven muchas mentes especistas.

También resulta curioso que los psicólogos infantiles acostumbren a reconocer como un síntoma preocupante el hecho de que un niño disfrute torturando y matando animales. El niño se identifica con el nohumano y proyecta en él sus propias frustraciones, se dice. ¿Hacen falta más pruebas de que los animales nohumanos importan moralmente? Nadie se identifica con las mesitas de centro ni se alarma porque su hijo disfrute pegando patadas a las piedras. Les decimos a los niños que no está bien maltratar "animalitos", pero a renglón seguido les servimos el cadáver humeante de uno de ellos para que se lo coman. Más allá de prejuicios y discriminaciones, nuestra relación con el resto de animales se caracteriza por un sinsentido de cotas mayúsculas. Y si alguien toma la decisión de poner algo de cordura en este caos moral, nos apresuramos a silenciarle. Sabemos que va a decir algo que no conviene a nuestros más egocéntricos intereses.

El colmo del absurdo es censurar el discurso de los activistas arguyendo que su mensaje genera culpabilidad. ¿Pero es que acaso los activistas de cualquier movimiento social han tenido algún otro cometido a lo largo de la historia? ¿Cómo van a cambiar las cosas si la sociedad no se siente mal con respecto a ellas, si no alcanza a sentir el grado de culpabilidad que le corresponde? También nos sentimos culpables cuando nos dicen que nuestros hábitos de consumo están degradando el planeta, generando una crisis energética o repercutiendo en la pobreza mundial. ¿Habremos de hacer callar también a los colectivos o personas que lo denuncien? ¿Y qué puede tener de malo sentirse culpable? Sentirse culpable significa estar vivo a nivel empático y moral. Lo preocupante sería quedarse indiferente ante la desigualdad y la injusticia. En cualquier caso, cuesta trabajo imaginar de qué forma pueden ser culpados por los sentimientos que genera una injusticia los activistas que tratan de detener esa misma injusticia.

He dicho antes que la verdad no requiere de narraciones que cuenten detalles demasiado explícitos, y esto es aún más cierto en el caso de los niños. Sus hábitos y creencias no han sido aún fijados, y sus mentes permanecen inquebrantadas, altamente receptivas y ávidas de información. «¿Creéis que los demás animales quieren vivir y ser libres como vosotros?», «¡Sí!», responden al unísono. «¿Creéis entonces que está bien quitarles su vida o su libertad por puro capricho?», «¡Nooo!», gritan de forma coral. Es la voz inmaculada de la razón y la conciencia. ¿Dónde está el trauma? ¿Dónde lo censurable?

El especista no nace. El especista se hace. Por eso es importante que los activistas centremos nuestros esfuerzos en la labor educacional, porque los estragos de una mala educación únicamente se corrigen con reeducación. Sólo consiguiendo un cambio radical en la mentalidad de la gente y cuestionando la educación especista en favor de la vegana se conseguirán verdaderos y sustanciales progresos en este terreno. Eso es lo que tanto molesta a algunos, pero también es lo que nos motiva a otros.

Podrán tratar de silenciar a los activistas, pero las víctimas seguirán gritando. Y mientras haya víctimas gritando, habrá una verdad incómoda queriendo hacerse oír.

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Artículos relacionados:

- Niños veganos. 
- Adoctrinar en el especismo.
- ¿Y usted se pregunta por qué sufrimos de esquizofrenia moral?
- Especismo e infancia.
- La denigrada empatía infantil.
 

6 comentarios:

  1. Un muy grande articulo Igor. Muchas gracias por este frases profundamente verdadera. Un abrazo amigo. (jérémie Lopez de FB)

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  2. ¿El antropocentrismo es producto cultural o hay carga natural en ello?

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    1. Muy buenas.

      El antropocentrismo es efectivamente un producto puramente cultural. Lo que sí es cierto es que existe una base biológica que nos predispone en favor de los más semejantes. Esto sin embargo no es algo que favorezca sólo el antropocentrismo, sino cualquier tipo de prejuicio y discriminación, léase racismo, etnocentrismo, xenofobia, intolerancia religiosa, etc.

      Un saludo.

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    2. Tengo algunas dudas sobre esos puntos, me vino a la mente cuando leía las líneas que pones: "El especista no nace. El especista se hace". Aunque sé que no es el tema principal de esta entrada, así que si deseas podemos movernos a otra entrada más realacionada o solo continuamos por acá. No es a modo de debate, quiero saber tu opinión, no sé si despondras del tiempo y conocimiento para ello, agradecería que me ayudaras en lo que puedas.
      -¿Cómo podemos definir qué es lo "natural" y qué es lo "cultural"?
      -Algunos consideran qué el especismo es natural porque somos omnívoros y evolucionamos usando animales, es parte de nuestra evolución. De manera análogo en el sexismo, algunos consideran que los celos son un producto netamente natural y no cultural (como lo manifiestan algunos feminismos):
      "Una predicción del modelo evolutivo sería que los machos sentirán una respuesta celosa más aguda por infidelidades sexuales, mientras que las hembras por infidelidades emocionales. Parece haber amplia confirmación de esta predicción a lo largo de distintas culturas (Francis, 1997; Buunk, Angleitner, Oubaid, & Buss, 1996)".
      En ambos casos se opina que a fenómenos naturales no se les puede dar carga moral, solo a los constructos sociales.
      ¿Qué opinion te merece todo eso? ¿Consideras que esos criterios son correctos para declarar un comportamiento o idea como natural? ¿Considerás que solo a constructos sociales se les puede dar carga moral (no hablo de que que se justifique por ser natural)?
      -¿Crees que las bases biológicas solo muestran tendencias o son definitivas? ¿Al menos cómo es en la mayoría?
      Pienso que incluso cuando existen bases biológicas que incitan a comportarse de cierta forma y estas pueden ser fácilmente evitadas, el no ser evitadas es promovido por factores culturales. No sé si se entiende lo que digo, si lo entendiste ¿qué opinas?
      -Ya había leído previamente lo que mencionas acerca de que tendemos a favorecer a nuestros semejantes. Es un estudio del comportamiento en la especia Macaca Mulata. ¿Los comportamientos en demás animales son extrapolables a nosotros? ¿Es un criterio correcto para decir lo que es natural en nosotros?
      http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21280966

      Eso sería todo. Perdona el desorden.
      Saludos.

      -Karla.

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    3. Hola, Karla.

      Descuida, creo que tus preguntas tienen perfecta cabida en esta entrada.

      Ante todo, debo dejar claro que conceptos como “natural” o “cultural” son terriblemente vagos y ambiguos (sobre todo el primero), y que la falsa dicotomía entre naturaleza y cultura hace tiempo que quedó superada. Por ello, no creo que sea sencillo abordar cuestiones como éstas desde este tipo de perspectivas. Yo creo que a quienes corresponde responder esas preguntas es a aquellos que acostumbren a manejar esa clase de discursos. En cualquier caso, intentaré contestar de la mejor manera que me sea posible.

      El especismo no puede ser algo enteramente biológico porque el propio concepto sobre el que está constituido (la especie) es un constructo cultural. En la naturaleza no existen las especies. Existen organismos con mayor o menor semejanza genética, pero nada más. Somos nosotros quienes hemos decidido —por pura conveniencia— agrupar a organismos con un determinado parentesco genético en una categoría artificial a la que hemos bautizado como “especie”.

      Lo único que puede ser “natural”, como dije, es nuestra predisposición hacia nuestros semejantes. Esto en realidad es algo bastante conocido. De hecho, todos los animales precisan de esa predisposición por pura conveniencia reproductiva. Pero la idea concreta de que algunas especies tienen un mayor valor que otras, que la especie humana está por encima de las demás especies, que se encuentra en un estrato moral diferente, que tiene alguna especie de autoridad para explotar a su antojo al resto de animales, es un prejuicio puramente cultural. Puede que esa predisposición biológica de la que hablamos ayude a afianzar estas ideas o nos incline hacia ellas, y es muy probable que nacieran de ahí, pero eso es todo. No hay ningún gen del especismo, por así decirlo.

      Los celos cuentan con cargas tanto biológicas como culturales, pero los celos y el especismo no pertenecen a la misma categoría. El especismo es un prejuicio, mientras que los celos son un estado emocional. Es algo análogo al odio, el amor, la alegría o la pena, aunque con sus particulares matices, por supuesto. El hombre más celoso del mundo puede ser también el más feminista. No son cosas incompatibles. Otra cosa distinta sería creer que nuestros celos nos autorizan vulnerar los derechos de los demás. Pero el origen de los celos es completamente irrelevante para esa otra cuestión. ¿El gusto por la carne de cerdo es natural o cultural? Nada importa eso en cuanto a creernos con derecho de matar a un cerdo para comérnoslo.

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    4. Evolución en realidad significa cambio, así que date cuenta de lo absurdo que resulta apelar a la evolución como un argumento en contra de los cambios. Sea como fuere, lo que influyera o dejara de influir en la evolución de nuestra estirpe carece completamente de relevancia respecto a lo que debemos hacer hoy en día. Vivir en cuevas probablemente tuviera también un gran impacto sobre nuestra evolución y sin embargo no veo a nadie viviendo en cuevas hoy en día. Esos son debates absurdo y terriblemente anodinos. Te aconsejo no prestar mucha atención a esa clase de retórica barata.

      A los únicos a los que podemos dar una carga moral es a los agentes morales. Sólo quienes tienen capacidad para entender la ética pueden (y deben) responder ante ella. Por eso mismo el especismo no es algo puramente biológico. Aun admitiendo que existe una base biológica que nos predisponga en favor de nuestros semejantes, no existe ninguna razón que justifique actuar favoreciendo esa predisposición. Contamos con esa predisposición, pero también contamos con la capacidad de juzgar si estaríamos actuando correctamente favoreciendo esa predisposición. La carga moral no recae sobre la propia predisposición. Recae sobre nosotros como agentes morales con capacidad de favorecer o no nuestras predisposiciones o preferencias.

      Creo haber entendido lo que dices, y si lo he entendido bien, entonces estoy de acuerdo contigo. Sería mucho más difícil ser especista en un mundo vegano, qué duda cabe. A medida que el veganismo se vaya expandiendo más, rechazar el especismo se volverá cada vez más sencillo. Todos los movimientos sociales de la historia han reflejado esa tendencia. En esta sociedad, el especismo nos mantiene en un estado de confort, y eso es lo que nos empuja a buscar toda clase de sesgos de confirmación. Las circunstancias cambiarían radicalmente en una sociedad diferente, sin duda.

      No hace falta buscar en otros animales lo natural en nosotros, porque todo en nosotros es natural. No existe nada en realidad que no sea natural. Los estudios comparativos ayudan en todo caso a determinar la “edad” de un determinado rasgo comportamental. Pero sea más o menos antiguo, todo en nosotros es perfectamente natural. Por ejemplo, tan natural es en nosotros sentirnos inclinados por nuestros semejantes, como lo es cuestionarnos nuestras ideas y conductas. O dicho de otra manera: tan naturales son las tendencias especistas como el veganismo.

      “Natural” es quizá el concepto más hueco e inútil del mundo. Cuando en un debate, por ejemplo, alguien menciona la palabra “natural”, lo que suele querer decir generalmente es que algo le parece bien por la sencilla razón de que le parece bien. Pero esto último suena muy mal, claro. Suena mucho mejor (más sofisticado) decir que es algo “natural”, aunque el significa en el fondo sea en realidad exactamente el mismo.

      Un saludo.

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