jueves, 11 de febrero de 2016

LAS TRES C'S DEL ANTI-VEGANISMO


Los artículo y noticias que atacan al veganismo —ya sea manifiesta o subrepticiamente— son el pan nuestro de cada día. La periodicidad con que surgen podría ser empleada como un buen indicador de la situación que atraviesa el veganismo, y si así fuera, los veganos bien podríamos sentirnos satisfecho ante la avalancha que viene teniendo lugar de un tiempo a esta parte.

La mayoría de estos ataques acostumbran a ser tan soeces que se refutan a sí mismos, pero, en cualquier caso, siempre suele ser bueno tratar de rebatirlos con el fin de evitar posibles desinformaciones, manipulaciones y confusiones. Desgraciadamente, atender a todos ellos resulta una empresa imposible. No hay activistas suficientes como para prestar la debida atención a cada crítica, y el tiempo de los que estamos se encuentra limitado y comprometido también por otros quehaceres.

No obstante, estos ataques suelen mostrar ciertos patrones muy comunes, y creo que a partir de ellos podría llegar a ser esbozada una suerte de respuesta global que sirva para cualquier crítica que se dirija al veganismo. Después de una minuciosa reflexión, he llegado a la conclusión de que existen, al menos, tres puntos clave.

Los he llamado —empujado por cierto ánimo de efectismo, lo reconozco— las «tres C's del anti-veganismo». Cada uno representa una condición que considero fundamental, imperativa, que toda crítica al veganismo necesita satisfacer para poder ser digna de alguna mínima consideración. Si un intento por desacreditar al veganismo incumple una o varias de estas condiciones, entonces el descredito será enteramente suyo.

La explicación de cada uno de estos imperativos va acompañada de un ejemplo ilustrativo. Podría haber empleado cientos, pero espero que los seleccionados (de forma bastante aleatoria, cabe añadir) sirvan a su cometido. Vamos a ello: 

1. COINCIDENCIA: Toda crítica al veganismo debe estar dirigida al veganismo. 

Parece una obviedad, y lo es, ciertamente. Pero, por increíble que parezca, se trata quizá de la norma menos respetada por parte de quienes pretenden desacreditar al veganismo. La mayoría de las críticas acostumbran a presentar un "veganismo" cuyo significado no coincide con su significado real. En muchos casos, el concepto es directa y alegremente re-definido al gusto del autor de turno, aunque bien puede ocurrir también que la coincidencia falle por no estar el ataque dirigido al veganismo mismo, sino a los veganos como individuos o a una parte concreta de la práctica lógica derivada del principio vegano (como una dieta 100% vegetal, por ejemplo).               

Es en buena medida comprensible que así ocurra, porque una de las mayores fortalezas del veganismo es su sencillez. Sabemos objetivamente que el resto de animales tienen intereses, y si la ética nos exige respetar los intereses de los demás, entonces no existe justificación racional ninguna que permita ignorar este hecho y actuar por encima de él. Eso es, en resumidas cuentas, el veganismo, y difícilmente se puede refutar un razonamiento tan contundente como simple. Es por este motivo por el cual aquellos que intentan asestarle un golpe necesitan manipular su significado hasta conseguir atribuirle algún punto débil (falso) al que poder atacar cómodamente. Es lo que en dialéctica se conoce como falacia del hombre de paja.

Como ejemplo de lo dicho en este punto, me serviré del famoso artículo publicado hace poco tiempo por el señor Claudio Bertonetti. El punto central alrededor del cual hace girar toda su crítica es el siguiente: «Los veganos creen que no matan animales, pero sí lo hacen». Creo que es fácil apreciar cómo se está incumpliendo la condición que estamos tratando hasta en dos ocasiones diferentes.

En primer lugar, el autor se está refiriendo a «los veganos», a lo que ellos creen y dejan de creer. El primer error, por tanto, radica en confundir al veganismo con sus partidarios. Y en segundo lugar, el veganismo no se refiere a la muerte de los nohumanos ni pretende la inmortalidad animal. El veganismo se refiere a la explotación de los demás animales, y todo lo más que los veganos pueden llegar a creer al dejar de explotar a los nohumanos es que dejan de explotarlos.

Bertonetti no cumple con la primera norma imperativa que hemos establecido. No está hablando de veganismo, sino de una idea que él mismo ha diseñado y bautizado como "veganismo". A partir de ese momento, el resto de su discurso —no menos exento de falacias y mentiras varias— se diluye por dar respuesta a cuestiones que nadie más que él ha planteado.

He llamado este imperativo el de la coincidencia, porque la definición del veganismo ofrecida desde la crítica debe coincidir con su definición real. 

2. COHERENCIA: Los argumentos deben estar apoyados en la lógica y los hechos. 

Una nueva obviedad, pero no menos ignorada. Toda crítica al veganismo deberá formularse a través argumentos razonados que estén a su vez amparados por hechos o datos fehacientes; razonamientos y hechos que, al mismo tiempo, sean relevante para la cuestión tratada. Por ejemplo, bajo la descripción que he hecho antes del veganismo, alguien podría rebatirlo negando que los nohumanos tengan intereses. Este sería un razonamiento correcto, claro, pero desarrollado a partir de una premisa que no soporta el peso de nuestro conocimiento empírico.

Otros podrían, por su parte, apelar al hecho pongamos por caso de que hay otras especies que también matan a otros animales para comer (un pretexto muy común, por otro lado). En este caso, la información mencionada es cierta, mas del todo irrelevante. También hay animales que matan a los de su misma especie. La ética no consiste en imitar a los demás, y menos aún cuando esos demás ni tan siquiera son agentes morales.

Vayamos con el ejemplo: en 2011, en Francia, unos padres veganos fueron condenados a cinco años de cárcel por la muerte de su hija pequeña. La noticia despertó y sigue despertando un atractivo irresistible para quienes desean atacar al veganismo, pero pocos acontecimientos podrían guardar una relevancia menor para la cuestión.

Para empezar, se confunde una vez más el veganismo con lo que hacen algunos veganos. Pero, como ya he dicho antes, la primera de las normas se incumple con tanta regularidad que será complicado encontrar alguna critica que esté exenta de tal error. Más allá de eso, los aspectos fundamentales del suceso en sí no guardan relación ninguna con el veganismo. Los padres eran veganos, cierto, pero la niña no murió porque los padres fueran veganos o alimentaran a la niña de forma vegana, sino por negligencia. Hay infinidad de cosas que se pueden hacer mal sin violar el principio del veganismo. Es sumamente curioso que a los veganos se nos acuse tan a menudo (y tan gratuitamente) de "creernos superiores", cuando cualquiera diría que son los demás quienes parecen contemplarnos con cierto aura de superioridad a la vista de que no se concibe la idea de que también nosotros cometamos errores.

La fiscalía que llevó el caso no se apoyó en el tipo de alimentación, sino en el hecho de los que padres hubieran rechazado la medicina tradicional cuando la niña contrajo la neumonía que terminó provocando su muerte, un rechazo que nada tiene que ver con el veganismo. Los propios padres condenados tenían otra hija mayor que también había sido educada en el veganismo y estaba perfectamente sana (al igual que tantos otros miles de niños en el mundo). También se dan diariamente casos de padres especistas que por irresponsabilidad, imprudencia o incluso maldad, provocan la muerte de sus hijos. Si los errores de unos especistas no son un argumento en contra del especismo, tampoco los errores de unos veganos son un argumento en contra del veganismo.

He llamado a este imperativo el de la coherencia, porque los argumentos esgrimidos deben ser coherentes con los hechos y la lógica. 

3. COEXISTENCIA: Todo argumento en favor de la explotación animal debe dejar a salvo a los humanos. 

Muy ocasionalmente, pueden surgir argumentos que consigan respetar las dos primeras condiciones señaladas y dejar con ello en aparente deterioro los cimientos sobre los que se sostiene el veganismo. No obstante, todos estos argumentos, sin excepción, fallan a la hora de quedar delimitados a los animales nohumanos, haciendo que los alegatos empleados en defensa de la explotación animal puedan ser perfectamente reciclados en favor de la explotación de seres humanos.

Se trata de un factor fundamental, porque el veganismo está amparado, sobre todo, en el principio de igualdad, de manera que la crítica que trate de derribarlo no puede apoyarse en argumentos que sencillamente pasen por encima de este imperativo elemental. Si el argumento sólo afecta a los nohumanos, deberá demostrar cuáles son las características que permiten librar de él a los humanos. Y si afecta también a los humanos, entonces la crítica en realidad no estaría siendo dirigida al veganismo, sino a la propia ética tal y como la conocemos, independientemente de su validez.

Pasemos al ejemplo:

El diario británico The Independent (al igual que algunos otros medios de comunicación) se hacia eco en 2014 de un estudio austríaco que revelaba una mayor incidencia de algunas enfermedades en personas que llevaban algún tipo de alimentación vegetariana (se incluía entre ellas la vegana). El estudio (así como el artículo que se sirve de él) tropieza estrepitosamente con la norma número 2, no sólo por establecer una categoría "vegetariana" muy poco cabal o por limitarse a establecer simples asociaciones apresuradas e incapaces de aportar relaciones de causalidad, sino también por el hecho de estar terriblemente sesgado y presentar unos parámetros más que discutibles (cabe señalar que el estudio ya ha sido refutado en otros lugares). Además, también estaría violando la condición número 1, en tanto que, en todo caso, fijaría su atención no en los principios planteados por el veganismo, sino en la mera aplicación práctica del veganismo en el plano alimenticio.

No obstante, hagamos como hemos hecho antes y pasemos por alto estos hechos en favor del análisis que estamos buscando. Supongamos que tanto el estudio como las conclusiones son rigurosamente ciertas. Supongamos, aún más, que infinidad de estudios en todo el mundo terminan por desvelar que no consumir alimentos de origen animal fuese verdaderamente perjudicial para la salud (contrariamente a lo que indican hoy en día, dicho sea de paso). Supongamos todo ello, y supongamos también que algo de todo esto representara efectivamente un argumento certero en favor de la explotación y el consumo de animales. Pues bien, el problema aparece en cuanto recordamos que los seres humanos también somos animales. Si estuviera bien explotar y comer animales porque nos beneficia o es una necesidad, entonces también lo sería explotar y comer animales de la especie humana.

¿Qué motivos habría para no hacer extensible dicho pretexto hasta los humanos? La respuesta común es que, bueno, al fin y al cabo, nosotros somos humanos y los demás animales no. Pero esto es puro y simple especismo, y un argumento especista nos conduce irremisiblemente a la norma número 2. El especismo no es un argumento, el especismo es un prejuicio. El especismo no sirve para justificar el especismo, de igual forma que el racismo no sirve para justificar el racismo. Decir que algo no es extensible a los humanos porque son humanos sería lo mismo que decir que algo no es extensible a los blancos porque son blancos.

He llamado a este imperativo el de la coexistencia, porque es necesario que toda defensa que se haga de la explotación de animales nohumanos pueda coexistir con el rechazo que sí ofrecemos a la explotación de animales humanos (de todos los animales humanos).
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Estos son los 3 puntos que considero fundamentales. Los ataques al veganismo, vuelvo a repetirlo, suelen ser por lo general de una mediocridad supina, pero sean como fueren, si no son capaces de respetar alguna de estas 3 normas fundamentales, entonces no tendrán ningún tipo de validez. Habrán sin duda fracasado estrepitosamente en su intento y tendrán necesariamente que, o bien desarrollar una nueva línea argumental, o bien abandonar tan quimérica aventura y reconocer por fin que el veganismo está en lo cierto (tal y como hemos hecho tantos otros ya, no sin resistencia).

Creo que esta puede ser una manera útil de responder de una sola vez al 99'9% de los ataques a los que se somete al veganismo (el margen es puramente formal). Animo a los posibles lectores de esto —sean o no veganos— a que la próxima vez que encuentren una crítica al veganismo o los Derechos Animales busquen el cumplimiento de estos tres requerimientos. El ejercicio puede no sólo resultar productivo, sino tal vez incluso entretenido. 
 

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