miércoles, 31 de agosto de 2016

CUIDAR EL LENGUAJE


Qué curioso. Siempre vemos cómo los demás animales "sienten", cómo "piensan", cómo "aman", como se "entristecen", cómo se "alegran", cómo entablan "amistades"; siempre así, entrecomillado, no sea que se despierten ciertas suspicacias y se alce la crítica del "antropomorfismo", aquello de atribuir cualidades humanas al resto de animales.

Un momento... ¿Cualidades humanas? ¿El amor, la tristeza, la alegría? ¡Cuantísima arrogancia! Cualquiera diría que los humanos hicimos acto de presencia de un mundo carente de toda capacidad emocional. ¡Pues menudo salto evolutivo hubiera sido ese! Como dice Frans de Waal, «cuanto más menospreciamos la inteligencia animal, más estamos pidiendo a la ciencia que tenga fe en los milagros al hablar de la mente humana».

Pero retomo la cuestión. Qué curioso, como decía. Qué curioso que siempre nos apresuremos a colocar comillas sobre este tipo de cualidades (cualidades siempre positivas, claro, nadie entrecomilla la agresividad o la violencia de los nohumanos) bajo la excusa de un rigor sumamente artificioso, al mismo tiempo que hablamos alegremente de "animales de granja", "animales de compañía" o "animales de laboratorio".

¿Animales de laboratorio? Pues hombre, como no sea que nos refiramos a los investigadores, mucho me temo que tales animales no existen. Existen animales explotados en los laboratorios, así como animales explotados en las granjas y animales explotados para hacer compañía, pero no otra cosa. ¿Dónde queda el rigor aquí?

Llamar a los investigadores "animales de laboratorio" sería muchísimo más fehaciente, pero no creo que sea fácil encontrar tal cosa fuera de esta entrada. Y, curioso también, en este caso el problema no estaría en decir que ciertos humanos son "de laboratorio"; el problema radicaría en llamar "animales" a los investigadores. Pero, ¿acaso no lo son? ¿Es que los humanos pertenecemos al reino vegetal, o a algún otro reino independiente tal vez? Cualquiera lo diría, en efecto, siendo como es tan habitual que se hable de "humanos y animales" como si unos y otros pertenecieran a categorías diferentes. ¡Ah, cuánto rigor! Sería como hablar de "petunias y flores". Si tal cosa apareciese escrita en algún libro de jardinería, prontamente correría el editor a corregir tan flagrante errata.

No creo que el lenguaje construya prejuicios, pero sí creo que interviene en su mantenimiento. No creo que hablar de "humanos y animales" genere mentalidades antropocéntricas, pero sí creo que las mentalidades antropocéntricas pueden verse alentadas y afianzadas por medio de este tipo de expresiones. Dicho en palabras de Emilio Lledó: «el lenguaje solidifica de cierta manera las experiencias humanas, pero son éstas las que crean, orientan y determinan al lenguaje».

¡Y qué poco generoso es el lenguaje con los animales nohumanos! Cerdo, burro, zorra, besugo, rata, borrego, gusano, foca, perro, víbora, cabrón, babosa... Cuídese de soltar en alto tales términos en medio de la calle, no sea que alguien llegue a sentirse ofendido (incluso "animal", atención a eso). Un loco está "como un cabra"; alguien poco cauto es un "cabeza de chorlito"; uno con pocas luces tiene "cerebro de mosquito"; los olvidadizos tienen "memoria de pez"; y los muy feos son "más feos que un mono".

¿Y qué decir del refranero popular? Se trata de una fuente inagotable de hábitos especistas. "Es la pescadilla que se muerde la cola", "más vale pájaro en mano que ciento volando", "no vendas la piel del oso antes de cazarlo", "a caballo regalado no se le mira el diente", "ave que vuela, a la cazuela"... La cosa da como para escribir una enciclopedia.

Capítulo aparte merecen los términos "bicho" y "plaga". El primero es un calificativo puramente peyorativo. No hay ningún grupo de animales que responda al nombre de "bichos". Se emplea para describir desprecio, dedicado generalmente a insectos y otros invertebrados, aunque no dejando de ser perfectamente extensible sobre cualquier nohumano. Por su parte, el término "plaga" pretende hacer referencia a todo aquel colectivo de animales cuya presencia se considere excesiva o molesta. ¿De acuerdo con qué criterios? De acuerdo con el más subjetivo criterio de los seres humanos. Con base en la acepción primera y más meditada del término («Aparición masiva y repentina de seres vivos de la misma especie que causan graves daños a poblaciones animales o vegetales») no hay duda de que la lista de "plagas" deberíamos encabezarla los seres humanos, mas es del todo inusual que nuestra especie sea alzada hasta dicha categoría salvo en forma puramente metafórica. No, no hay "plagas" tampoco. Lo que hay son animales especialmente despreciados.

Los activistas por los Derechos Animales deberíamos hacer un pequeños esfuerzo por cuidar el lenguaje. No existen los animales "de laboratorio", "de granja" o "de compañía"; no hay nada de malo en ser un cerdo, un besugo o una rata; las cabras no están locas ni los mosquitos son estúpidos; los peces no se muerden la cola; los pájaros no deberían estar en las cazuelas; y los humanos y los animales no pertenecen a categorías diferentes, como tampoco las personas.

Cuidar estos pequeños detalles equivale a romper con los vicios producidos por los estereotipos especistas. Esto por sí sólo no puede acabar con el especismo, pero sí puede ayudar a generar un escenario donde sea más fácil instaurar ideas nuevas, mucho más justas, mucho más respetuosas y, sí, mucho más rigurosas también. Hay una palabra, por cierto, que precisa tener un protagonismo constante en ese escenario: veganismo

4 comentarios:

  1. Hola, Igor.

    Me parece correcto todo lo que señalas en el texto. Como tú bien indicas, el lenguaje no es la parte central del problema en nuestra relación moral con los demás animales, y por esto pienso que no debería obsesionarnos demasiado en cada detalle, sino sólo en lo importante.

    Por ejemplo, decir sistemáticamente "animales humanos" y "animales no humanos" no ayuda especialmente a concienciar sobre el problema del especismo. Cualquier persona versada en ciencia sabe que los humanos somos un tipo de animal, pero eso no te hace rechazar el especismo. En cambio, explicar que lo que habitualmente se denomina "carne" es el trozo arracado del cuerpo de un animal, al que mataron sólo por el capricho de paladear su cadáver, sí que aporta una nueva perspectiva sobre lo que pensamos y hacemos; ya que la mayoría de la gente no suele pararse a pensar en ello.

    Hay una reflexión de Gary Francione sobre esta cuestión, que me parece acertada, sobre el papel del lenguaje. No está enlazada en los artículos relacionados, pero me parece que vale la pena leerla:

    http://enfoqueabolicionista.blogspot.com.es/2012/09/animales-en-granjas-vs-animales-de.html

    La esclavitud humana siempre se denominó esclavitud; pero la percepción moral que se tenía de ella cambió gracias a las ideas y la concienciación; no gracias a que el lenguaje cambiara. El lenguaje es sólo un síntoma de lo que sucede pero no es la causa originaria de los hechos.

    Aunque consiguiéramos que todo el mundo dejara de hablar de forma especista, esto no implicaría que dejaran de actuar de forma especista en el resto de ámbitos de la vida. Asimismo, hay personas que toman conciencia sin cambiar nada en su lenguaje habitual. El cambio de lenguaje siempre viene después.

    El lenguaje es importante pero no sería acertado atribuirle una función que no tiene. En cuanto aparecen nuevos fenómenos o nuevas ideas, se crean nuevas palabras. El lenguaje describe la realidad pero no es en sí mismo el motor que la origina.

    Un saludo.

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    1. Muchas gracias, Luis. Recordaba haber leído algo de Francione a este respecto, pero no conseguí encontrar el artículo en cuestión. Agradezco mucho por tanto que lo hayas mencionado. Lo incluiré ahora mismo en la lista de “artículos relacionados”.

      Me parece que yo otorgo una importancia algo mayor al lenguaje de lo que expresáis tú o Francione, pero estoy de acuerdo en que no se trata de algo fundamental, así como que forma parte de los síntomas y no de las causas. No obstante, como apunto en el propio texto, pienso que ese tipo de matices pueden generar un escenario más accesible para nuevas ideas o perspectivas.

      La gente realmente piensa que los demás animales están para servir a los humanos, y no creo que hablar de “animales de esto y de lo otro” ayude a modificar esa mentalidad. No es un obstáculo definitivo, desde luego, pero, sea cual sea su medida, es un defecto que podemos evitar con facilidad. Y lo mismo ocurre con la artificial separación entre “humanos y animales”.

      Además, esas formas de hablar no sólo son especista, sino también erróneas desde un plano lingüístico y científico. Encuentro por tanto motivos de sobra para cuidar esos detalles.

      Un saludo.

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  2. Buen blog. Cuando llegue a casa te linkearé al mío. Go vegan!

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