jueves, 29 de septiembre de 2016

KANT, LOS VEGANOS Y LOS "VEGANOS CIRCUNSTANCIALES"


Leer a Inmanuel Kant con detenimiento debería ser una tarea indispensable, especialmente para aquellos que deseen introducirse en materia de filosofía moral. Tratar de entender la ética sin Kant es como tratar de entender la física sin Newton. Revisar sus trabajos sigue representando una buena inversión de tiempo, y no es en absoluto complicado extrapolar sus aportaciones sobre cualquier cuestión de corte ético, incluyendo la cuestión de los animales nohumanos.

Un buen ejemplo de ello lo hayamos en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres, donde Kant nos señala entre otras muchas cosas una sucinta y clara distinción entre dos tipos de imperativos diferentes. Por un lado, encuentra lo que él denomina imperativos asertóricos, que describe como aquellas normas que se establecen por ser «buenas para algún propósito». Por otro lado, destaca los imperativos apodícticos, todo aquel imperativo categórico que, «sin referencia a propósito alguno, es decir, sin ningún otro fin, declara la acción objetivamente como necesaria en sí».

Es fácil advertir que los imperativos asertóricos se refieren a imperativos de tipo consecuencualista, asumidos como un medio imprescindible para el éxito de una consecuencia deseada; mientras que los imperativos apodícticos reflejan normas de orden deontológico que deben ser cumplidas por su propia naturaleza y sin excepción. Para Kant, los primeros apenas superan la figura de consejos («consilia»), al tiempo que los segundos se muestran como «mandatos de la razón (praecepta)».

Bajo el foco de Kant, no puede haber duda alguna respecto a la categoría apodíctica que corresponde al imperativo del veganismo. En su definición original, el veganismo fue dibujado como un «principio ético» que recogía el deber objetivo de no explotar al resto de animales, de no usarlos como recursos o "cosas". No es un deber condicionado. Es un deber directo, categórico.

La insistencia con que los fundadores de la Vegan Society equipararon constamente la causa vegana con el movimiento abolicionista de la esclavitud humana debería consolidar este hecho. Hoy en día no se contempla que la esclavitud humana sea incorrecta de acuerdo a las consecuencias que derivan de su práctica, sino que es un mal en sí, y lo mismo debe ser necesariamente cierto si superamos la barrera de la especie.

Me parece sumamente claro que la naturaleza apodictica del veganismo debería de resultar impepinable para cualquiera que lo haya estudiado con detenimiento, pero mucho me temo que no son pocos quienes, consciente o inconscientemente, insisten una y otra vez en transformarlo en una clase de imperativo de carácter asertórico.

Se trata de aquellas personas que se dicen "veganas" —y que rechazan efectivamente de forma más o menos constante la explotación especista—, pero que en todo momento dejan patente que su visión del veganismo parte de una perspectiva puramente consecuencialista. En esta clasificación se encuentran, por ejemplo, aquellos que rechazan la explotación animal por considerarla mala para la salud o la economía; o quienes la rechazan por ser lo mejor para el medio ambiente; o, por supuesto, todo ese abanico de neobienestarista que contempla el veganismo como una "buena solución" para sus propios objetivos particulares.

Son lo que yo he dado en llamar "veganos circustanciales". Su rechazo de la explotación animal está condicionado por las circunstancias. No contemplan ningún problema moral en la explotación misma; sólo en las consecuencias que derivan o pueden derivar de ella. Si las circunstancias fuesen otras, entonces no tendrían inconveniente en aceptar el uso de nohumanos. Si consideraran que la explotación especista proporciona más consecuencias positivas que negativas, entonces contaría con su aprobación.

De hecho, ocurre asiduamente con determinados casos concretos. Ocurre con las campañas de castración; ocurre con la defensa del "intervencionismo"; ocurre con la aprobación de nuevos métodos para explotar y dar muerte a los animales; ocurre con las carnes in-vitro; ocurre con los piensos no-veganos; y ocurre con quienes cantan "¡victoria!" sobre cualquier medida reguladora que prometa mejorar en algo las condiciones de los esclavos. Todos estos casos aceptan de una u otra manera la explotación animal, y todos ellos suelen estar apoyados por un buen número de "veganos" que siempre encuentran motivos para su particular excepción.

Entre las muchas distorsiones a las que se ve sometido el veganismo, ésta sin duda figura entre las más sutiles de todas. Existe en este caso un verdadero rechazo general de la explotación animal, pero la motivación está lejos de ser la propuesta desde el veganismo. Bien mirado, podría decirse que el enfoque de estos "veganos circunstanciales" se mueve bajo una corriente que no difiere sustancialmente del enfoque común de los especistas tradicionales. La única diferencia radica tan sólo en que, para los últimos, prácticamente cualquier cosa justifica la explotación de los nohumanos. La diferencia manifiesta una distinción de grado, no de clase.

Mas nada de esto es un reflejo del veganismo. El veganismo sí plantea una diferencia de clase, una diferencia categorial, la misma que existe entre la violencia y el respeto. Para el veganismo, la explotación especista es un mal en sí misma. Si admitimos que los animales no son simples "cosas", entonces no es correcto actuar como si lo fueran. Los animales son sujetos con voluntad, autonomía e intereses, y tratarlos como meros útiles, como meras herramientas o instrumentos, supone una violación flagrante de su valor inherente, sea cual sea el modo y sean cuales sean las circunstancias.

4 comentarios:

  1. No entiendo bien el párrafo donde comentas casos concretos. ¿Los "veganos circunstanciales" son los que están en contra de todas estas cosas? Podrías aclarar esa parte. Muchas gracies

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    1. Buenas.

      No, los “veganos circunstanciales” serían quienes están a favor. No obstante, debo puntualizar que el simple hecho de estar de acuerdo con alguna de estas cuestiones no convierte a alguien automáticamente en un “vegano circunstancial”, ya que ese acuerdo también puede estar motivado por el desconocimiento o la falta de análisis crítico. Un “vegano circunstancial” sería aquel que apoya una acción siendo plenamente consciente de que supone una forma de explotación.

      Un saludo.

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  2. Me puede aclarar o explicar su postura en cuanto a las campañas de castracion? gracias

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    1. Buenas, Raquel.

      Mi postura en cuanto a ese tema la deje plasmada en esta otra entrada:

      http://lluvia-con-truenos.blogspot.com.es/2015/01/castraciones.html

      Un saludo.

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