martes, 14 de noviembre de 2017

5 FOCOS PRIORITARIOS PARA EL ACTIVISMO (I): INDIVIDUALIZAR A LA VÍCTIMAS


Todos los activistas aspiramos a encontrar la mejor y más efectiva forma de llevar a cabo nuestra tarea. Estoy lejos de conocer la fórmula mágica, pero los muchos años ya inmerso en el movimiento en favor del resto de animales sí creo que me han permitido identificar algunos focos que, bajo mi punto de vista, requerirían una atención especial y prioritaria por parte de los activistas. Estos focos o tareas son cinco: (1) individualizar a las víctimas, (2) conectar el crimen con sus ganancias, (3) combatir la trivialización, (4) destacar la responsabilidad individual y (5) generar el contexto adecuado. Dedicaré un pequeño espacio a cada uno de estos temas a lo largo de próximas entradas, disponiéndome a iniciar la serie hoy mismo con el primero de los mencionados.

En efecto, el primer gran escollo que yo he venido advirtiendo a lo largo de estos años radica en lo despersonalizadas que se hayan las víctimas. Cuando la gente piensa en los animales en referencia a la explotación especista lo hace de una manera sumamente abstracta. Son visualizados como concepto general, no como individuos particulares. Es más, ya desde pequeños se nos induce a pensar de esta manera. Ocurre cuando se nos pretende instruir desde un lenguaje que nos habla de "el elefante", "el perro", "la ballena", etc., en singular, como si haciendo referencia a alguno de sus representantes ya pudiéramos tener un amplio conocimiento de sujetos tan dispares y complejos.

Este hecho se constata en la cotidianidad. A menudo se denuncia el especismo que sucede cada día incluso entre las propias especies nohumanas, señalando la incoherencia que se patentiza en el diferente trato que se dispensa a perros y gatos, por ejemplo, frente al ofrecido a otros animales como cerdos, vacas o gallinas. Siempre he creído, no en cambio, que esto no se debe tanto a un ejercicio de especismo como sí a una falta de identificación. La relación de la gente con los perros y los gatos es, en mayor o menor medida, cercana, personal y, a menudo, emocional, en tanto que el trato con los animales reservados para el consumo es siempre distante, frío e instrumental. Somos capaces de ver al sujeto que hay detrás de cada perro o cada gato, y esto conduce a que se adopten actitudes muy distintas con respecto a ellos.

La situación es también apreciable cuando alguna de las víctimas de la explotación especista consigue salir del anonimato de una u otra manera. Vacas que se escapan del matadero y se pasean por las calles; cautivos de zoológicos que sufren alguna situación dramática y copan las noticias del día; cerdos que muestran alguna habilidad especial que los eleva a la fama; etc. Es común que estos animales despierten la simpatía de la gente e incluso terminen siendo "indultados" a petición popular. Son especiales, pero no por cómo son o lo que hacen, sino porque se han vuelto alguien a los ojos de ese mismo público que explota y consume a sus semejantes con regularidad.

Si pensamos en el resto de animales como meros clones, como meras réplicas que se suceden indefinidamente cual piezas de una cadena de montaje, entonces estaremos perdiendo de vista aquello que desaparece cada vez que les es arrebatada su libertad en un centro de explotación y su vida en un matadero. La empatía en este caso se vuelve imposible, ya que ésta sólo puede tener lugar en referencia a individuos. Si eliminamos al individuo, entonces eliminamos también toda posibilidad de empatía.

Es por este motivo por el que no es extraño que a menudo los debates en torno a la cuestión de los demás animales se vean desde el "bando" especista como un simple enfrentamiento entre opiniones o tendencias humanas donde se omite al resto de animales y sus intereses, aun siendo como son el centro mismo de la discusión. "Que cada cual haga lo que quiera"; "Hay que respetar las decisiones de los demás". Estas expresiones frecuentes no habrían de caber en un debate de justicia social, pero encajan sin problema para quienes las profieren porque para ellos las víctimas, sencillamente, no existen. Así, el aficionado a la tauromaquia no encuentra incoherencia en afirmar que "a quien no le gusten los toros, que no vaya", aun cuando el evento en sí pasa por negarle esa misma máxima a alguien: al propio toro. 

Encuentro en definitiva fundamental que los activistas por los Derechos Animales tratemos de poner medios para corregir esta situación. Es necesario poner rostro y nombre a las víctimas —por decirlo de una manera simbólica— y que sean visualizadas no sólo como una idea conceptual vaga e impersonal. 

Lamento ignorar cuál puede ser el camino para conseguirlo. Quizá sea necesario descubrir y contar historias particulares, o individualizar el dolor de la explotación especista. Si en las bandejas de carne se pusiera un mensaje del tipo "Está usted a punto de comerse una vaca", no creo que la cosa alterase mucho el ánimo de nadie; si, por el contrario, se leyera un lema como "Está usted a punto de comerse a María", junto con una foto de la susodicha vaca María al lado, creo que muchas personas tenderían al menos a torcer el gesto. Los santuarios podrían proporcionar una gran labor en este sentido.

Por más frívolos que nos mostremos de cara a la galería, en general la gente se siente incómoda sabiendo que sus acciones causan algún daño sobre alguien. Sin embargo, lo primero que nos protege del terrible hecho de la explotación especista es precisamente que no llegamos a ver a ese alguien a quien estamos haciendo daño. Nosotros, los activistas, tenemos la misión de hacerlo visible.

«Lo anónimo no debe ser tomado como inexistente.»
~ Catherine Mackinnon ~

3 comentarios:

grossebourse dijo...

Hola, Igor,

Quiero felicitarte por tu articulo.
Es apasionante.
Intentar de hablar de puntos de fondo preciso para melojar la educación vegana es muy importante como muy fascinante.
Me ha gustado mucho leerte.

Tu texto es lleno de certeza y de pertinencia. Me ha encantado este frase: "Si eliminamos al individuo, entonces eliminamos también toda posibilidad de empatía." Tan cierto. Otras frases son también memorables.

Creo que estas totalmente en lo verdadero en este idea de individualizar a las victimas del especismo. Porque es precisamente cuando los primeros humanos han empezado a explotar a los animales y cambiar su manera de verlos de hermanos de comunidad hacia instrumento a su servicio que el mal ha empezado. Al dejar de verlos como individuo, se ha permitido de someterlos sin problema moral. Y por consecuencia, es precisamente de volver al verlos como individuos que no se permitirá mas de someterlos sin ver un problema moral.

La depreciación de los individuos a instrumentos para los demàs es el arquetipo común de cada forma de discriminación moral. Después de haber explicado en que los negros y las mujeres son individuos, la tarea llega ahora a los animales a través el veganismo. Desmitificando la idea de los animales como instrumentos, se toca precisamente a la base vital del especismo, este base sin la cual el especismo no tendrían mas justificación possible. Y por eso creo que tu punto es fundamental. Pienso que has bien hecho de ponerlo en primero.

En cuanto a como hacer eso, es una otra pregunta. Quizás tu idea de contar historia única esta bien. Quizás mostrar varios ejemplos de animales de diferentes especie podría también ser una tarea indefinido al mirar el numero de especie existente, y podré perder el no vegano. No lo sé. O quizás insistir mas sobre los animales mas explotados como los peces y luego las vacas, cerdos, pollos, etc...

No se si llamar a los animales de nombre humano como "Maria" no seria darse involuntariamente a la critica de antropomorfismo muchas veces oída.

En cualquier caso, el tema es complejo y merece nuestra atención.
Se trata de comunicación y al hablar de comunicación, se trata de psicología humana, cual tema es tan complejo que apasionante.

Un abrazo y gracias otra vez por poner en la mesa este iniciativa necesaria y refrescante,
Jérémie

Igor Sanz dijo...

Buenas, Jérémie.

Me alegra volver a tener noticias tuyas después de bastante tiempo.

Valoro mucho que te haya gustado el artículo y nada tengo que añadir a lo que has comentado. Como mucho, apuntaría que no habría razón para acusar de “antropomorfismo” al hecho de bautizar con determinados nombres propios a individuos de otras especies, ya que ni forman parte de los “atributos humanos”, ni está escrito en ninguna parte que deban reservarse para nuestra especie.

Ciertamente, todas las formas históricas de opresión guardan entre sí muchos rasgos comunes. Eso aporta la ventaja de poder aprender de los errores y aciertos del pasado. Por desgracia, suele haber muy poca voluntad para esa clase de cometidos.

Un saludo.

grossebourse dijo...

Hola, Igor,

Gracias por tu respuesta rápida.
Si, tienes mucha razón en lo que dices que los nombres dado a los humanos no son "atributos humanos" y que por eso, no puede haber critica de antropomorfismo. Nunca lo había pensado. Ahora me da cuanta que justamente, tendemos a dar a los perros y gatos nombres que no damos a los humanos. No sé precisamente si hay una razón racional para eso. Quizás nuestro especismo surge como una barrera que nos impide inconscientemente este cambio de vocabulario.

Tienes también mucha razón en que, por desgracia, suele haber poca voluntad para aprender de las errores de las injusticias del pasado. Es efectivamente una realidad, este poco intensidad a conectar las injusticias que tiene sin embargo la misma faz de la ley del mas fuerte, únicamente porque la cara de las victimas y de los opresor cambian. Pero lo que es bien, es que una vez este conexión echa, facilita muy eficientemente la liberación de uno hacia el especismo.

Un saludo.


Publicar un comentario

Toda opinión será bienvenida con independencia de su línea de pensamiento y siempre que cumpla con las normas básicas establecidas en el blog. No obstante, todos los comentarios serán sometido a un filtro de moderación previo a su publicación con efecto de contener posibles tentaciones incívicas. Gracias por su paciencia y comprensión.