domingo, 25 de marzo de 2018

5 FOCOS PRIORITARIOS PARA EL ACTIVISMO (V): GENERAR EL CONTEXTO ADECUADO


El último de los focos pendientes de analizar ha sido sin duda el mejor atendido a lo largo de los últimos años. La forma en que ha aumentado en apenas un par de décadas el número de páginas de recetas, restaurantes, tiendas y alternativas a los productos especistas ha sido espectacular. Poco queda por decir por tanto en referencia a esto más allá de animar a los activistas veganos a seguir con esta voluntariosa y solidaria predisposición. No obstante, aprovecharé la coyuntura que ofrece este tema para tratar un asunto estrechamente relacionado.

A lo largo de estos años, he percibido de forma reiterada cómo desde la opinión de algunos activistas por los Derechos Animales se minusvalora e inclusión desprecia la labor de aquellos veganos que han decidido centrar su activismo en actividades tales como elaborar recetas 100% vegetales, presentar talleres de cocina sin ingredientes de origen animal, buscar alternativas a los productos especistas, etc. Alegan que la causa vegana es una cuestión de justicia y que la justicia no debería requerir facilidades de esta clase. De hecho, algunos incluso llegan a sostener que si las personas se adhieren a determinados principios morales sólo en circunstancias de total comodidad, entonces su actitud o motivación quizá no esté siendo del todo honesta. Muchos destacan, además, que ellos dieron el paso al veganismo bajo una coyuntura mucho menos propicia, y que si ellos pudieron, entonces cualquiera debería poder.

Aunque puedo entender esta perspectiva hasta cierto punto, opino no sólo que no hay nada de malo en que los activistas veganos tratemos de hacer que la práctica del principio vegano sea lo más accesible y cómoda posible, sino que creo, como lo he destacado ya, que es uno de los frentes de abordaje prioritarios. Ahora bien, el argumento para ello no respondería tanto a una cuestión de comodidad como de receptividad.

Todo tema ético importante requiere un profundo ejercicio de asimilación, y cualquier situación o circunstancia no es igualmente propicia para que eso tenga lugar. No es lo mismo plantear el veganismo en una reunión distendida de amigos, que hacerlo en un hospital entre personas que estén a punto de someterse a una complicada operación quirúrgica. Es absurdo pretender que cualquier contexto sea igual de válido. La cuestión del veganismo necesita atención y receptividad, y no sólo es conveniente esperar la situación apropiada, sino también tratar de generarla.

Todo esto concierne especialmente al ámbito alimenticio, que no es desde luego el único en que se produce explotación especista, pero sí el mayor de todos y el que presenta mayores obstáculos de habituación. En 2010, un grupo internacional de científicos descubrió un yacimiento arqueológico que ponía en evidencia cómo el acto de comer estaba ya ritualizado hace al menos 12 mil años. Lo que esto viene a demostrar es que hace mucho tiempo que comer dejó de ser para la especie humana un mero acto fisiológico. Es en torno a una mesa donde se llevan a cabo reuniones de trabajo, donde se firman contratos, donde se piden y celebran matrimonios, donde se afianzan amistades, donde se festejan actos conmemorativos... Somos un animal altamente social, y es indiscutible que el acto de comer ha terminado cobrando un peso sumamente importante en ello.

Las comidas tienen hoy un carácter integrador, y son la imagen icónica de las comunidades sociales. Este hecho suele ejercer una enorme presión sobre la gente. Cuando pedimos a alguien que cambie sus hábitos alimenticios, no nos estamos limitando a pedirle que cambie los objetos que pasan por su boca. Sabemos que al plantearnos estos cambios en la alimentación estamos arriesgándonos a padece otros efectos colaterales, especialmente cierto grado de exclusión. No queremos renunciar a nuestras interacciones sociales, como tampoco queremos vernos convertidos en centro de atención o debate.

Luego, por supuesto, está el tema del gusto y la costumbre, un asunto mucho menos trivial de lo que pudiera parecer. Hoy se sabe que la adicción a la comida es una realidad. Una realidad que, además, padecemos todos en mayor o menor medida. Ciertos sabores consiguen calar en nuestra psique de tal manera que imaginarnos una vida sin ellos puede resultarnos hasta doloroso. Si tenemos en cuenta que este hecho está vinculado especialmente con los alimentos salados, dulces y procesados, entonces no es de extrañar la gran dificultad que algunas personas suelen encontrar en la renuncia de un buen número de alimentos especistas.

Los activistas veganos no podemos ignorar estos hechos tan influyentes. Todas estas cuestiones embargan a la gente cuando reflexiona en torno al veganismo, y no es tan fácil asumir determinados problemas morales bajo este estado de presión.

Buena parte del mérito en el auge que ha experimentado el veganismo se debe a la labor de aquellos activistas que han tratado de facilitar su manifestación práctica. Este mayor grado de accesibilidad y normalización quizá haya favorecido también actitudes o posturas más superficiales, pero incluso en estos casos se habrá generado una facilitación mayor para una real asimilación futura del principio vegano.

Hacerse vegano implica una parte teórica y una parte práctica, a cual más compleja para una sociedad tan profundamente adoctrinada en las tradiciones del especismo. Ninguno de los dos aspectos puede ser desatendido, y cualquier esfuerzo útil por allanar el camino en cualquiera de ambos terrenos debería ser bienvenido.

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