Durante los últimos 200 años, la
explotación animal —desde los criaderos de corral hasta las
"granjas industriales" y los circos— ha estado inmersa en
el paradigma del bienestar animal. Es muy difícil, si no imposible,
encontrar una gran empresa que use animales o venda productos
animales y no se jacte de sus altos estándares de bienestar animal y
de las altas expectativas que tiene de sus proveedores. En resumen,
la industria animal en realidad promueve el bienestar animal, y eso
se debe en gran parte a que el modelo de bienestar animal beneficia
a la industria, no sólo al proporcionar pautas que
ayudan a los productores a adoptar un modelo comercial más efectivo,
sino también al asegurar a los consumidores que es posible criar,
mantener, explotar y sacrificar animales de una manera ética.
