Es muy raro dar con una discusión
racional en torno a la vivisección. Quienes la condenan suelen
ser acusados de sentimentalistas, y muy a menudo sus argumentos
hacen honor a tal acusación, pintando imágenes de lindos perritos
amarrados a horribles mesas de laboratorio. Pero el otro bando se
expone a la misma denuncia: también ellos suelen defender la
práctica dibujando imágenes de mujeres y niños sufrientes cuyo
dolor sólo puede aliviarse (se nos asegura) con los frutos de la
vivisección. Ambas apelaciones apuntan por igual al sentimiento, a ese sentimiento particular que llamamos compasión. Y ninguna de las
apelaciones prueba nada. Si la cosa es correcta —y si es correcta,
es un deber—, entonces la compasión por el animal es una impulso
que ha de resistirse en pos de cumplir con el deber. Si la cosa es
incorrecta, entonces la compasión por el sufrimiento humano es sólo
una incitación a cometer la cosa incorrecta. Entretanto, la
pregunta capital —si es correcta o incorrecta— permanece
inmutable.
miércoles, 11 de marzo de 2026
lunes, 16 de febrero de 2026
¿Por qué escuchamos a los animales?
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Quizá algunos lectores hayan
reconocido en mi pregunta «¿Por qué escuchamos a los animales?»
una referencia al ensayo de John Berger «¿Por qué miramos a los
animales?», publicado originalmente en 1980 como primer capítulo de
su libro Mirar. Berger argumentó que, en
los últimos dos siglos, los animales que una vez nos miraban han
sido reemplazados por animales a los que hoy miramos nosotros: en
el zoológico, el circo y la tienda de juguetes. Igual que Berger no
habla tanto de mirar como de observar nuestras propias miradas, este
ensayo desea apuntar no sólo a lo necesario de que escuchemos a los
animales, sino a que escuchemos la forma en que los escuchamos.
Escuchar es una práctica que se ha construido con, contra y a través
de creencias culturales sobre interioridades e identidades humanas
dependientes del animal —no de cualquier animal, sino de «el»
animal, del animal como categoría— para su persistencia. Al
escucharnos a nosotros mismos escuchando a los animales, podemos
empezar a comprender nociones diferenciales fundamentales sobre cómo
oímos y cómo vemos a los animales y a los demás en general.
viernes, 23 de enero de 2026
Cartas a mis ovejas (Teya Brooks Pribac)
Cartas a mis ovejas es un viaje
ágil e íntimo, narrado en forma epistolar, a través de la vida de
una mujer que vive en las Montañas Azules, en Australia, con sus
cuatro ovejas rescatadas. La autora combina su experiencia directa
con las ovejas con su erudición para guiarnos, a través de la
lectura de este libro, en el descubrimiento de la subjetividad de las
ovejas y de la vida social de los animales en general. Con un
lenguaje sencillo y cercano, estas cartas son un diálogo abierto y
sincero con sus ovejas, donde les habla de una amplia variedad de
temas —como las emociones, la cognición, la espiritualidad, la
cultura o los prejuicios especistas—, que ayudan a comprender las
similitudes y diferencias entre humanos y otros animales.
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