RESUMEN
Este artículo explora los vínculos
entre la muerte animal y el cine, especialmente en relación a sus
normas y procedimientos que exponen una ética de representación muy
concreta, contraria a la que cabe pensar en relación a la muerte
humana. En este sentido, el artículo analiza el rol del aviso que
aparece al final de tantas películas, "Ningún animal ha sido
dañado", para precisar de qué manera este parergon se
determina a partir de un doble movimiento: si en el adentro, en el
tejido diegético, se representan diversas violencias y muertes
animales, en el afuera se busca proteger la integridad de los mismos,
ubicándose en el umbral, distinguiendo claramente ficción del
hecho, y funcionando como lo que Derrida ha llamado animot.
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