sábado, 15 de agosto de 2026

Carne y finitud: pensando a los animales en la filosofía (post)humanista



En lo que sigue sostendré que gran parte de la confusión en torno a los «estudios animales» proviene de nuestra incapacidad para definir correctamente la cuestión1. Más concretamente, si bien el trabajo filosófico que toma en serio el estatus moral de los animales no humanos es, en cierto sentido obvio, posthumanista (es decir, que desafía la división ontológica y ética entre humanos y no humanos, pilar del humanismo filosófico), su teoría y metodología internas siguen siendo bastante humanista, lo que obstruye e incluso socava un proyecto filosófico por demás admirable. Mi objetivo aquí es trazar una especie de espectro filosófico o teórico que irá desde los enfoques humanistas del posthumanismo (o antiantropocentrismo) hasta los enfoques posthumanistas del posthumanismo, pasando por un grupo que incluye el «enfoque de las capacidades» aristotélicas de Martha Nussbaum, el utilitarismo de Peter Singer y la filosofía postkantiana de los derechos de los animales de Tom Regan, pasando por la obra postwittgensteiniana de la filósofa Cora Diamond (influenciada a su vez por los escritos de Stanley Cavell sobre el escepticismo filosófico), hasta llegar, por fin, a la obra postrera de Jacques Derrida sobre «la cuestión del animal». Mi intención no es competir por ver quién es más poshumanista, sino intentar poner de manifiesto cómo los admirables impulsos que subyacen a cualquier corriente filosófica que desafíe el antropocentrismo y el especismo (impulsos que respeto dondequiera que se den) exigen una cierta reconfiguración de lo que es la filosofía (o la «teoría») y cómo puede (y no puede) responder al reto que todas estas figuras pretenden abordar: compartir el planeta con los seres no humanos.