En lo que sigue sostendré que gran
parte de la confusión en torno a los «estudios animales» proviene
de nuestra incapacidad para definir correctamente la
cuestión1. Más concretamente, si bien el trabajo filosófico que
toma en serio el estatus moral de los animales no humanos es, en
cierto sentido obvio, posthumanista (es decir, que desafía la
división ontológica y ética entre humanos y no humanos, pilar del
humanismo filosófico), su teoría y metodología internas siguen
siendo bastante humanista, lo que obstruye e incluso socava un
proyecto filosófico por demás admirable. Mi objetivo aquí es
trazar una especie de espectro filosófico o teórico que irá desde
los enfoques humanistas del posthumanismo (o antiantropocentrismo)
hasta los enfoques posthumanistas del posthumanismo, pasando
por un grupo que incluye el «enfoque de las capacidades»
aristotélicas de Martha Nussbaum, el utilitarismo de Peter Singer y
la filosofía postkantiana de los derechos de los animales de Tom
Regan, pasando por la obra postwittgensteiniana de la filósofa Cora
Diamond (influenciada a su vez por los escritos de Stanley Cavell
sobre el escepticismo filosófico), hasta llegar, por fin, a la obra
postrera de Jacques Derrida sobre «la cuestión del animal». Mi
intención no es competir por ver quién es más poshumanista, sino
intentar poner de manifiesto cómo los admirables impulsos que
subyacen a cualquier corriente filosófica que desafíe el
antropocentrismo y el especismo (impulsos que respeto dondequiera que
se den) exigen una cierta reconfiguración de lo que es la filosofía
(o la «teoría») y cómo puede (y no puede) responder al reto que
todas estas figuras pretenden abordar: compartir el planeta con los
seres no humanos.
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