viernes, 12 de abril de 2019

MENTES PROPIAS


En 1977, Irene Pepperberg, recién graduada por la Universidad de Harvard, hizo algo muy audaz. En una época en que los animales aún eran considerados autómatas, se propuso hallar lo que había en la mente de otra criatura hablando directamente con ella. Llevó a su laboratorio un loro gris africano de un año de edad al que llamó Alex para enseñarle a reproducir los sonidos de la lengua inglesa. «Pensé que si aprendía a comunicarse, podría hacerle preguntas sobre cómo ve el mundo».