lunes, 7 de septiembre de 2020

RESPUESTA A UN ESPECISTA AUTO-PROCLAMADO


«Me declaro a mí mismo un especista y no tengo por qué pedir disculpas por ello», escribe Peter Milne en «En desacuerdo con la teoría del especismo» (Vegan Voice, junio-agosto de 2005). Sin duda, nunca proclamaría con igual orgullo «soy un racista». Los feministas y los defensores de los derechos de los homosexuales no se declaran a sí mismos sexistas y homófobos. En triste contraste, las personas que se consideran defensoras de los animales nohumanos toleran, e incluso defienden, la misma discriminación contra la que deberían luchar: el especismo. ¿Qué es el especismo? La incapacidad de otorgar la misma consideración a alguien por motivo de su especie. Es especista negarle a alguien la misma consideración por el hecho de que no sea humano o no sea igual que los humanos. Los no-especistas defienden los mismos derechos básicos fuertes por ejemplo, a la vida y a la libertad para todos los seres sintientes.

Según Milne, los veganos son especistas porque «discriminan» entre las plantas y los animales. Por definición, discriminar a los miembros de algún grupo significa desmerecer sus intereses. Al no ser sintientes, las plantas no tienen intereses; por lo tanto, no podemos hacer una discriminación en su contra. «Juzgamos que las vidas de las plantas son menos importantes que las vidas de los animales en el terreno de los sentimientos y las emociones», afirma Milne. Los sentimientos y las emociones de las plantas no son «menos importante»; son inexistentes. «Algunas pruebas indican que las plantas tienen una conciencia básica», dice Milne. No existen pruebas que los científicos consideren válidas. La afirmación de Milne de que es especista comer plantas pero no animales es un disparate. 

Bajo el punto de vista de Milne, yo excluyo a las plantas (y a otros organismos sin sistema nervioso) de la misma consideración porque no reconozco «las diferentes conciencias de las diferentes especies». Como alguien graduada en la investigación psicológica enfocada en la cognición de los nohumanos, soy muy consciente de que la conciencia de cada ser sintiente difiere de la de todos los demás. Junto con su creencia de que las plantas son conscientes, la absurda afirmación de Milne de que los insectos viven «con el temor permanente de ser devorados o muertos de alguna otra manera» muestra su falta de conocimientos científicos. La visión del mundo de Milne es una visión religiosa y no una basada en la evidencia y la lógica. Cree en una jerárquica del «Reino de Dios». (Esa frase evoca a una deidad masculina, antropomórfica.) Milne pone a los seres humanos por encima del resto de animales, a los mamíferos nohumanos por encima de las aves, a las aves por encima de los reptiles, y a los reptiles por encima de los insectos y los arácnidos. (Incluso su uso de los nombres propios asigna estatus de diferente categoría: excepto cuando da nombres completos, se refiere a Peter Singer como «Singer», de acuerdo con la cortesía profesional, mientras que a mí me refiere como «Joan».)

Milne se basa en esta falsa analogía: las plantas difieren de los animales de igual forma que los insectos difieren de los mamíferos. Las plantas y los animales difieren de manera crucial en cuanto a la cuestión de los derechos básicos: los animales son sintientes; las plantas no lo son. Los insectos y los mamíferos difieren en aspectos irrelevantes para los derechos básicos: ambos son sintientes. Al igual que los mamíferios y a diferencia de las plantas, los insectos deben tener derecho a la vida y a la libertad porque pueden experimentar la vida y la libertad. 

Los insectos «no son tan importantes» como los seres humanos y el resto de los mamíferos, sostiene Milne. Los insectos de numerosas especies polinizan una gran variedad de plantas que sirven de alimento a una infinidad de animales, incluidos los humanos. En general, los seres humanos tienen un valor pequeño o negativo para la mayoría de los otros seres humanos (especialmente aquellos con los que compiten directamente) y un valor muy negativo para la mayoría de los nohumanos. Así pues, ¿en qué sentido son menos importantes los insectos? Son menos importante para Milne, quien se está limitando a expresar sus preferencias personales. Está perdiendo de vista una cuestión fundamental: que las preferencias personales no justifican un trato discriminatorio.

La mayoría de los veganos valoran su propia vida, la vida de los miembros de su familia y la vida de los mamíferos nohumanos más que la vida de las garrapatas, las pulgas o las serpientes venenosas, señala Milne. La mayoría de los veganos y otros seres humanos también valoran su propia vida y la vida de los miembros de su familia más que la vida de otros seres humanos. ¿Y qué? Eso no quiere decir que algunos seres humanos deban tener más derechos que otros. Tampoco las preferencias de Milne implican que los mamíferos tengan más derecho a la vida y a la libertad que los insectos y el resto de no-mamíferos. 

«No creo que lleguemos muy lejos defendiendo que la vida de una araña es tan valiosa como la de un ser humano», comenta Milne, falseando mi argumento. Nunca he indicado que estemos obligados a considerar la vida de una araña tan valiosa como la vida de un ser humano, una polilla, una trucha, o cualquier otro. Lo que he declarado es que «una araña tiene tanto derecho a la vida», como cualquier otro ser sintiente. Repito: Milne no ha logrado captar la diferencia crucial entre la valoración personal que él o cualquiera pueda hacer y lo que constituye un criterio justo y válido para una consideración y protección igualitarias. El único criterio tal es la capacidad de sentir.

«Los seres humanos poseen el nivel más alto de conciencia», afirma Milne. En algunos casos las vidas mentales de los demás animales son menos sofisticadas, en algunos otros lo son más. Es presuntuoso a la par que narcisista declarar que la nuestra es la mejor clase de conciencia. La evolución en realidad entra en conflicto con la noción de Milne de una progresión de la conciencia lineal desde las plantas hasta los seres humanos. No hay una correlación entre la inteligencia no humana y el parentesco biológico con los seres humanos, ni siquiera definiendo la inteligencia como una inteligencia similar a la humana. Por ejemplo, los pulpos parecen poseer una inteligencia más similar a la humana que las ranas, pero estamos mucho más estrechamente emparentados con las ranas. Los animales no evolucionan hacia lo humano, sino hacia una mayor capacidad de adaptación a su nicho ecológico. Un ciempiés o un caracol encarnan el mismo periodo de tiempo evolutivo que un ser humano: desde el comienzo mismo de la vida en la Tierra. 

Milne se refiere a los reptiles como inferiores a los mamíferos. Aunque tenemos antepasados reptiles, no descendemos de ninguna de las especies de reptiles actuales. Las primeras tortugas, lagartos, cocodrilos y serpientes aparecieron después de los primeros mamíferos. La noción de seres superiores e inferiores carece de validez científica. En una carta de 1858, Charles Darwin expresó su intención de evitar referirse a algunos animales como «superiores» a otros. Como ha indicado el neurocientífico William Hodos, clasificar las especies en un orden lineal que sugiera un progreso evolutivo «no tiene validez científica». Aún más importante, la supuesta superioridad no es relevante para una consideración igualitaria. Como la igualdad humana, la igualdad animal significa una igual protección de los animales, no iguales habilidades o méritos.

Milne valora en especial a los animales que muestran capacidades para las relaciones sociales, el razonamiento abstracto, y la comunicación compleja. Numerosos animales más allá de los mamíferos y las aves muestran esas capacidades incluyendo invertebrados como las abejas. Una vez más, sin embargo, estas capacidades no deben influir en cuanto a una igual protección. Según la ley, los seres humanos más solitarios y menos queridos tienen los mismos derechos básicos que los más sociales y apreciados; los seres humanos que no pueden razonar de manera abstracta ni utilizar el lenguaje tienen los mismos derechos básicos que aquellos capaces de conceptualizar y articular con brillantez. Los seres sintientes (y sólo los seres sintientes) pueden sufrir. Para los seres sintientes (y sólo para los seres sintientes) la muerte pone fin a toda experiencia. Todos los seres sintientes tienen el mismo derecho a ser protegidos contra el sufrimiento y la muerte innecesarias infligidas por los humanos.

Milne pregunta: «¿Quiere esto decir que si mato a una pulga hallada en mi perro, entonces soy tan censurable como lo sería si matase al perro, o a un ser humano? Este tipo de lógica va a contemplarse ridícula por la persona promedio, incluido yo mismo»1. La «lógica» es de Milne, no mía. Como él mismo reconoce, no me opongo a matar a los parásitos cuando no puedan ser expulsados de forma inocua. Excepto aquello que suponga interferir en las relaciones naturales entre los nohumanos que viven en libertad (por ejemplo, las relaciones depredador-presa), tenemos el derecho moral de matar a un animal que esté invadiendo el cuerpo de alguien. Tenemos justificado matar a los parásitos para defendernos a nosotros mismos o a otro, como un perro. El derecho a la libertad incluye el derecho a la integridad física.

Milne encuentra inconsistente que yo no desapruebe matar por defensa propia o para evitar la inanición. «Suena como si ella valorase la vida de un ser por encima de la de otro», dice. Una vez más, está confundiendo valorar una vida más que otra con el hecho de no otorgar una misma consideración. No es especista valorar a algunos individuos (nohumanos o humanos) más que a otros. Lo que es especista es negarle a algún ser sintiente el mismo derecho a la vida. Si un león salta sobre mi garganta, tengo derecho a matar al león, pero el mismo derecho tendría de hacerlo si quien me atacase fuera un ser humano. Si me muero de hambre en el Ártico, tengo derecho a matar y comerme a un oso polar, pero también estoy moralmente justificada de matar y comerme a un ser humano. En estas raras circunstancias el derecho a la vida de un ser humano compite de forma genuina con el mismo derecho a la vida de otro. Si no dispongo de otra fuente de alimento, debo al igual que un oso polar matar a una presa si deseo sobrevivir. No hay nada de especista en esto.2 

Milne admite estar confundido en cuanto a lo que es especista y lo que no. Está tan confuso que piensa que es especista no permitir que un cocodrilo suba a un vagón de pasajeros humanos. Tal política no les niega a los cocodrilos una igual consideración. Simplemente se tiene en cuenta a todos los pasajeros y se reconoce que un cocodrilo representaría una grave amenaza para los demás. Lo que sí es especista es tener cautivo al cocodrilo en primer lugar.

En parte debido a que Singer y yo definimos el especismo de forma diferente, Milne descarta el concepto por considerarlo demasiado confuso como para ser útil. Si Milne se hubiera molestado en leer Speciesism antes de escribir sobre mis supuestos puntos de vista, estaría menos confundido. Como explico en el libro, Singer define el especismo como el prejuicio dado en contra de todos los seres nohumanos. Según esta definición excesivamente estrecha, un prejuicio basado en la especie que fuera sólo en contra de algunos seres nohumanos —aunque fuesen la mayoría— no sería especismo. En contraste con Singer, defino el especismo como el prejuicio basado en la especie que vaya en contra de cualquier animal nohumano. Mientras que Singer defienden el derecho a la vida y la libertad sólo para los seres humanos, otros grandes simios, y posiblemente otros mamíferos, yo defiendo dichos derechos para todos los seres sintientes. Bajo su propia definición, Singer no es especista. Bajo la mía, sí lo es.

El concepto de especismo es joven y sigue desarrollándose. Nuestra comprensión y sensibilidad hacia el especismo se incrementará, pero lo mismo puede decirse del sexismo, del racismo y de otras formas de prejuicio dirigidas hacia las personas. Del mismo modo que los conceptos de sexismo y racismo han sido de vital importancia para el avance de los Derechos Humanos, el concepto de especismo es de vital importancia para el avance de los Derechos Animales. 

Para Milne, el especismo tiene un «lado oscuro» (¿en oposición a un lado iluminado?), pero no es tan «terrible» o «tan reprobable como el racismo». La gran mayoría de los seres vivos son nohumanos. El especismo genera con diferencia más sufrimiento y muertes innecesarias que cualquier otra forma de prejuicio. La pesca, la cautividad de la industria alimentaria y los mataderos, la caza, la vivisección todos estos abusos contra los nohumanos son especismo en acción. El especismo subyace en toda aquella crueldad e injusticia hacia los nohumanos que deplora Milne. Hasta que no haya muchas más personas reconociendo y rechazando el especismo, la crueldad y la injusticia continuarán a escala masiva. 

Joan Dunayer, septiembre de 2005.

NOTAS (DEL TRADUCTOR)
1En esta cita hay un matiz que la autora destaca pero que se pierde con la traducción. En referencia a las pulgas, Milne utiliza el pronombre "that" (que) en lugar de "who" (quien), refiriéndose a estos animales, por tanto, como objetos o cosas. 
2No comparto esta opinión de Dunayer, o no al menos en la manera en que la expone aquí. La necesidad no justifica vulnerar los derechos de los demás. Si así fuera, entonces también podría justificarse la experimentación animal con fines médicos que no contara con alternativas o el tráfico ilegal de órganos, que provoca el secuestro y el asesinato de personas inocentes con el fin de obtener de ellos los órganos que otras personas necesitan para sobrevivir. Reconocer que las personas (humanas y nohumanas) no son cosas significa entender que no están para servir a nuestros intereses, tanto si esos intereses responden a una necesidad como si no. Bajo una situación extrema, un acto inmoral puede ser más comprensible, pero no más aceptable. A lo sumo, lo que sí puedo admitir es que determinadas situaciones extremas pueden conducirnos a perder nuestra capacidad de juicio, y con ello, nuestra agencia moral. 
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Traducción: Igor Sanz


3 comentarios:

  1. Muchísimas gracias por tus publicaciones Igor. Hay que seguir difundiendo estás estas ideas, aunque desanime un poco ver que este texto sea de 2005 y las ideas de Singer y compañía sigan siendo las predominantes en el movimiento "animalista"
    Un saludo.

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  2. La verdad es que cada vez estoy más de acuerdo con la postura de Campbell y cía al respecto del veganismo y la razón por la cual ya no se nombran a sí mismo veganos, sino vegetarianos estrictos (la traducción correcta de plant based diet eater). No es un signo de salud mental el maltratar animales, pero las razones éticas no son suficientes para justificar un vegetarianismo estricto.

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    1. Buenas.

      La traducción correcta de “plant based diet eater” es “persona que lleva una alimentación basada en plantas”.

      El vegetarianismo es sólo una dieta que excluye la carne, de modo que un “vegetariano estricto” es simplemente aquel que es estricto en la renuncia de ese elemento. El veganismo por otra parte es un principio moral de oposición al uso de los animales nohumanos, así que estamos hablando de cosas distintas y no de conceptos alegremente intercambiables. Si uno no come carne, pues es vegetariano; si se opone a la explotación animal, entonces el adjetivo que le corresponde es el de vegano, tanto si le apetece como si no.

      Las razones éticas justifican el abandono de la explotación de animales con el mismo exacto grado de rotundidad con que justifican el abandono de la explotación de animales humanos.

      Y dicho esto, creo que este mismo comentario ya se lo respondí en otra entrada del blog. No seamos repetitivos, por favor.

      Un saludo.

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