miércoles, 15 de abril de 2015

LAS PLANTAS TAMBIÉN SIENTEN… ¡DERECHOS PARA NADIE!


Si cayera una moneda por cada vez que un vegano ha escuchado lo de que "las plantas también sienten", probablemente se reuniría suficiente dinero como para acabar con el hambre en el mundo y todavía sobraría lo bastante como para satisfacer algún que otro capricho superficial. Naturalmente, la principal respuesta ante una idea semejante es advertir de su falsedad. La sintiencia parte del sistema nervioso, y las plantas no tienen ni sistema nervioso ni nada que pueda realizar las funciones de éste. Las plantas (los vegetales) son algo vivo, no alguien; son cosas, no personas (individuos, sujetos).

Pero este clásico argumento especista ya ha sido refutado de forma empírica en innumerables ocasiones. Quisiera en esta ocasión realizar un análisis meramente teórico para demostrar que ni siquiera desde este ángulo resulta válida tal objeción. Este análisis parte de una pregunta: ¿por qué el argumento de las plantas es lanzado siempre para cuestionar el veganismo y no así el feminismo o los Derechos Humanos, por ejemplo?

Tanto el veganismo como el feminismo, el humanismo u otras doctrinas semejantes, parten fundamentalmente de los mismos principios éticos: la igualdad y el respeto a la dignidad del individuo. Y, de igual manera —y aunque sea una obviedad de común omisión los humanos (hombres, mujeres, blancos, negros…) no merecemos respeto y consideración por el hecho de ser humanos (o por el hecho de ser hombres, o mujeres, o blancos, o negros…), sino por el hecho de ser sintientes.

La sintiencia es la que otorga la conciencia y los intereses, y es este, por tanto, el fenómeno que marca la diferencia cualitativa entre el objeto y el sujeto. Es el factor relevante respecto a la consideración moral, el que hace que todos los humanos merezcamos respeto, y el que obliga, de igual forma, a que ese respeto se haga extensible hacia el resto de animales. Si la capacidad de sentir ha cobrado protagonismo con el veganismo se debe a que su causa está precisamente inspirada en la necesidad de ampliar nuestra atención sobre los seres sintientes que aún restan por considerar. Pero el veganismo no es el único basado en la aplicación de los principios de igualdad y respeto a partir del reconocimiento de la sintiencia como el principal rasgo de relevancia moral, sino que también lo están el feminismo o los Derechos Humanos.

Esto ha sido más extensamente explicado en éste y otros blogs sobre veganismo, además de ser algo reconocido previamente por las propias personas que formulan el argumento de las plantas, puesto que es en ello en lo que basan su alegato. 

Una vez recordada esta premisa básica, vuelvo a formular la pregunta de inicio: ¿por qué entonces la supuesta sintiencia de las plantas no se emplea para cuestionar los derechos con que contamos los humanos actualmente? Es más, si una imaginaria sintiencia en las plantas sirviera para justificar el consumo de carne u otros derivados animales, entonces también serviría para justificar el consumo y explotación de humanos, que también somos animales y también estamos hechos de carne.

Es aquí donde más palpable se hace la absoluta falta de honestidad en el tema de las plantas. Si alguien cree firmemente en la sintiencia de éstas, entonces sólo se abre ante él una alternativa: hacer extensible la consideración moral de los animales también a los vegetales. Cuando alguien reivindica seriamente el respeto hacia algún colectivo discriminado, lo hace con el fin de incluir a ese colectivo en la comunidad moral, no para excluir a quienes ya se encuentran dentro de ella. Los veganos, por ejemplo, no mencionamos la sintiencia de los nohumanos como parte de un argumento en contra de respetar a los humanos, sino para hacer extensible ese respeto hacia el resto de animales; de igual modo que el feminismo no es una objeción a los derechos de los varones, sino una reivindicación de los derechos de las mujeres en igualdad a los primeros.

Así que el debate en torno a la sintiencia de las plantas no sólo me resulta un completo despropósito carente de fundamento, sino que tampoco alcanzo a entender (en realidad sí, no soy tan ingenuo) por qué es a los veganos concretamente a quienes se nos introduce en él, en vez de ser expuesto como una cuestión moral que debería inmiscuir a todo el conjunto de la humanidad (de los agentes morales, más concretamente). Quienes crean en esa cruzada, que lo hagan, en todo caso, no como una idea que diera invalidez a otras, sino como una más a tener en consideración.


Esta cuestión recuerda inevitablemente el caso del Thomas Taylor, quien a finales del siglo XVIII escribiría, en respuesta a las incipientes proclamas en favor de los derechos de las mujeres, un ensayo titulado Vindicación de los derechos de las bestias. Si las mujeres habían de contar con derechos, ¿por qué no también los demás animales?, planteaba este autor. Como los especistas "vegetalistas", Taylor no supo entender que la consideración hacia unos no anula en ningún caso la necesaria consideración hacia otros (y aún menos de algunos pocos). 

La supuesta sintiencia de las plantas, aun aceptándola momentáneamente como un hecho y no como la fantasía que es, seguiría sin representar en modo alguno un factor en contra del veganismo o cualquier otra doctrina semejante. Aquellos que vayan a "informarnos" a los veganos de que las plantas también sienten, deberían antes de nada ser coherentes con lo que dicen y adoptar una postura respetuosa tanto con los animales (humanos y nohumanos) como con los vegetales. De esta forma, su planteamiento seguiría careciendo de lógica y fundamento, pero al menos adquiriría la honestidad de la que tanto adolece.

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