domingo, 14 de agosto de 2016

ARGUMENTUM AD PHILOSOPHATUM (FALACIAS ANIMALISTAS III)


Prometo ser breve el día de hoy. Una entrada dedicada a aquellos que desprecian a los "teóricos" —a los "activistas de salón", como a ellos les gusta llamarlos en su más dulce alusión peyorativa— no parece merecer demasiada dedicación. Y es que a quienes verdaderamente podría resultar de interés es a quienes no tienen interés ninguno. Además, esta gente me causa una profunda pereza, aunque entiendo que esto último les resultará sumamente satisfactorio; al fin y al cabo, eso es precisamente lo que ellos defienden: la pereza intelectual.

"¡Menos filosofía y más acción!", reclaman estos. Por lo visto han pasado a ser cosas incompatibles. No me he dado cuenta. He debido despistarme entre tanta introspección. O eso, o puede que simplemente estemos ante un ejemplo flagrante de falsa dicotomía. Ni siquiera se han molestado en idear una falacia propia. Es lógico. Su rechazo a todo ejercicio teórico les ha privado de originalidad.

Me pregunto si esta gente aplicara esta misma teoría (¿he dicho "teoría"?) para cualquier ámbito de la vida. ¿Abogarán por educadores si educación? ¿O por médicos y pilotos sin formación, tal vez? Ya me los estoy imaginando apostados frente a las academias de vuelo protestando al grito de "¡Menos teoría y más acción!". ¡Menuda estampa!

Dicen que hay que "hacer cosas", pero parece pertinente preguntarles qué es lo que hay que hacer. El cómo serán capaces de responder a esta pregunta sin "filosofar" es un enigma inaccesible a mí persona.

La teoría sin acción sirve de poco, desde luego, pero la acción sin teoría no le va a la zaga. A lo máximo a lo que puede aspirar un activista sin teoría es a salir a la calle agitando los brazos y soltando gorgoritos incoherentes. Es importante hacer, pero también es sumamente importante saber lo que hay que hacer. Sin un trabajo previo "de salón", los carteles y folletos de los activistas de calle estarían en blanco (en el mejor de los casos).

Quienes critican la teoría frente a la acción lo único que hacen es poner en evidencia su aparente incapacidad para hacer ambas cosas a la vez. No, no creo haberme perdido nada. Son cosas efectivamente compatibles. Aún más, son cosas necesariamente compatibles. La naturaleza no sólo nos ha dotado de brazos y piernas; también nos ha obsequiado con un cerebro capaz de sacar el máximo partido de los brazos y las piernas. Quien no desee ejercitarlo es libre de renuncia, pero los demás no tenemos por qué vernos contagiados por un hábito tan poco recomendable. Hay que actuar, pero hay que actuar con cabeza.

Además, cabría apuntar que la propia idea de "menos filosofía y más acción" también sería una filosofía en realidad. Una filosofía peculiar, sí, muy poco consistente y sumamente contradictoría, cierto, pero una filosofía al fin. De manera que quienes desprecian la filosofía lo que en realidad están despreciando es la filosofía de los demás.

No nos engañemos, como el resto de falacias animalistas analizadas hasta ahora, ésta representa igualmente un mero intento fatuo por eludir las críticas. "¡Hagamos, no analicemos!". Pues no. Hagamos analicemos. Es posible. Es conveniente.
 

Sapere aude!
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