viernes, 23 de enero de 2026

Cartas a mis ovejas (Teya Brooks Pribac)

 
Cartas a mis ovejas es un viaje ágil e íntimo, narrado en forma epistolar, a través de la vida de una mujer que vive en las Montañas Azules, en Australia, con sus cuatro ovejas rescatadas. La autora combina su experiencia directa con las ovejas con su erudición para guiarnos, a través de la lectura de este libro, en el descubrimiento de la subjetividad de las ovejas y de la vida social de los animales en general. Con un lenguaje sencillo y cercano, estas cartas son un diálogo abierto y sincero con sus ovejas, donde les habla de una amplia variedad de temas —como las emociones, la cognición, la espiritualidad, la cultura o los prejuicios especistas—, que ayudan a comprender las similitudes y diferencias entre humanos y otros animales.
 
Libro disponible en España y toda Hispanoamérica (ArgentinaColombia, EcuadorMéxicoUruguay...).  

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«No tenía intención de quedarme aquí sentado toda la tarde leyendo este libro, pero lo he hecho. Las ovejas son infinitamente más complejas de lo que casi cualquiera hubiese pensado antes de que Teya pusiera su brillante mente (y su corazón) a trabajar. Este libro rebosa de ideas nuevas y genuinas. No he sido capaz de dejarlo.» —Jeffrey M. Masson
 
«"No seas borrego", se dice a menudo, pero siempre se expresa desde la ignorancia de quiénes son en realidad estos animales. Invito a todos a acompañar a Teya en su viaje por Cartas a mis ovejas para descubrirlo.» —Pam Ahern
 
«Cartas a mis ovejas es un libro sin igual. Mediante la palabra y la imagen, nos explica los comportamientos de los humanos y las ovejas de un modo vívidamente detallado. Con honestidad y elegancia, la obra le ofrece al lector un espacio cómodo y seguro desde el que contemplar nuestras relaciones con los otros animales.» —Carol Gigliotti
 
«Lea este libro y ria, llore y suspire con el, y estoy seguro de que saldrá de su lectura con una visión nueva y enriquecida de las personalidades tan diferentes que muestran las ovejas y de lo especiales que son todos y cada uno de los individuos.» —Marc Bekoff
 
«Era un proyecto arriesgado. Bien podría haber resultado cursi, pero no lo ha sido en absoluto. Ha resultado ameno, dialógico, fundamentado y de alcance amplio. Íntimo, con aire epistolar, sus reflexiones más teóricas brotan de forma orgánica a partir del testimonio de ciertos incidentes específicos. Mucho conocimiento transmitido de forma distendida. Ha sido una experiencia muy placentera.» —Brook Emery
 
«Este breve y hermoso libro nos revela lo que sucede cuando tratamos a los animales no humanos con la misma consideración que tratamos a otros seres humanos; es la elegante y compasiva historia de una familia.» —EcoLit Books
 
«Si el asombro es una respuesta común en la vida animal, humana y no humana, Pribac demuestra que también lo es el duelo. Sus ovejas lloran la pérdida de su amigo canino, y el libro cierra con el dolor de Pribac y su esposo por la pérdida de una oveja. […] Es conmovedor, y aun así, Pribac nos recuerda la inevitabilidad de la muerte: "Poco podemos hacer a ese respecto. [Los ciclos de vida] nos roban, pero también nos obsequian con sus regalos". Creo que los lectores encontrarán muchos regalos entre las páginas de este libro.» —Bibliotekos
 
«Cartas a mis ovejas es una obra de arte, una novela, una carta de amor, un poema. Lo tomé una tarde y no pude soltarlo. Lo leí de un tirón. Reí, asentí con complicidad, lloré. Es una preciosidad de libro.» —Allveganbooks

LAS OVEJAS

Líbranos de la fiera tiranía
de los humanos, Jove omnipotente
(una oveja decía,
entregando el vellón a la tijera);
que en nuestra pobre gente
hace el pastor más daño
en la semana, que en el mes o el año
la garra de los tigres nos hiciera.

Vengan, padre común de los vivientes,
los veranos ardientes;
venga el invierno frío,
y danos por albergue el bosque umbrío,
dejándonos vivir independientes,
donde jamás oigamos la zampoña
aborrecida, que nos da la roña,
ni veamos armado
del maldito cayado
al hombre destructor que nos maltrata,
y nos trasquila, y ciento a ciento mata.

Suelta la liebre pace
de lo que gusta, y va donde le place,
sin zagal, sin red y sin cencerro;
y las tristes ovejas (¡duro caso!),
si hemos de dar un paso,
tenemos que pedir licencia al perro.
 
Viste y abriga al hombre nuestra lana;
el carnero es su vianda cotidiana;
y cuando airado envías a la tierra,
por sus delitos, hambre, peste o guerra,
¿quién ha visto que corra sangre humana
en tus altares? No: la oveja sola
para aplacar tu cólera se inmola.

Él lo peca, y nosotras lo pagamos.
¿Y es razón que sujetas al gobierno
de esta malvada raza, Dios eterno,
para siempre vivamos?
¿Qué te costaba darnos, si ordenabas
que fuésemos esclavas,
menos crüeles amos?
que matanza a matanza y robo a robo,
harto más fiera es el pastor que el lobo».

Mientras que así se queja
la sin ventura oveja
la monda piel fregándose en la grama,
y el vulgo de inocentes baladores
¡vivan los lobos! clama
y ¡mueran los pastores!
y en súbito rebato
cunde el pronunciamiento de hato en hato
el senado ovejuno
«¡ah!» dice; «todo es uno».
 
~Andrés Bello~

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