viernes, 24 de octubre de 2014

SIRVIENDO AL ABUSO: PROMOCIONANDO ALIMENTOS DE ORIGEN ANIMAL


En febrero de 2006, la Sociedad Protectora de Animales de los EE.UU. pidió públicamente a la Casa Blanca «utilizar huevos provenientes de gallinas no enjauladas en lugar de utilizar huevos provenientes de gallinas explotadas en las abusivas jaulas en batería» para su anual Carrera del Huevo (Easter Egg Roll). Espero que la mayoría de los lectores encuentren esta petición tan insensata como moralmente equivocada. Los huevos provenientes de gallinas no enjauladas son también producto del abuso. Podrían utilizarse fácilmente huevos artificiales. Quizá sea menos obvio, pero pedir a los consumidores que compren huevos de gallinas camperas en vez de huevos de gallinas explotadas en batería es igual de equivocado. Usar huevos para la comida es tan innecesario como utilizarlos para un juego, estando fácilmente disponibles alternativas no-animales. Los activistas que promueven los huevos camperos buscan mitigar el intenso sufrimiento de las gallinas de los huevos industriales, tratando de provocar un cambio entre el número de las unas y de las otras. Sin embargo, cualquier forma de explotación que sea promovida es contraproducente y moralmente incorrecta.

La promoción de campañas como las de los huevos camperos, la carne "humanitaria", o cualquier otro alimento de origen animal, requiere un tiempo, una energía y unos recursos que estarían mejor empleados en la difusión del veganismo. Aumentar el número de veganos no sólo reduce el número de gallinas que sufren en la industria del huevo, sino que también debilita todas las industrias basadas en la explotación especista. Pedir a la gente que cambie unos huevos por otros no consigue nada de eso. En lugar de ello, lo que implica es una marginación del veganismo al transmitir la idea de que evitar los huevos es difícil o imposible, algo que no se puede pretender. Hay activistas que promueven el veganismo al mismo tiempo que alimentos de origen animal. Con una mano dan y con la otra quitan. Lo único que debe promoverse es el veganismo, siempre.

Además de estar fuera de lugar, enfocar el asunto hacia los métodos de confinamiento es quedarse muy corto. Se induce al público a creer que el problema está en las jaulas, en el encajonamiento o en alguna determinada práctica de la "ganadería". No se cuestiona la explotación en sí misma. Los bienestaristas argumentan que una gallina preferiría estar fuera que dentro de una jaula. Por supuesto. Pero la gallina no puede ver el cuadro completo. Nosotros sí. Una gallina quiere lo mejor para ella. Nosotros queremos lo mejor para todos los animales cuanto antes. Si nos centramos en los abusos especialmente graves uno detrás de otro, estaremos moviéndonos sobre una cinta andadora. No estaremos avanzando nada hacia la emancipación de los nohumanos. Para conseguir un progreso real, lo que debemos hacer es abordar la causa de todos los abusos: el especismo. La promoción de huevos camperos, o cualquier otro alimento no-vegano, perpetúa el especismo en vez de combatirlo, porque se legitima con ello la explotación especista. Toda la explotación es abusiva.

Apoyar productos tales como los huevos camperos, el "pavo de corral" y la carne de vacuno ecológica sugiere erróneamente que estos productos no son crueles. La mayoría de la producción de huevos sin jaulas implica el asesinato masivo de pollos macho. A las gallinas no enjauladas se les corta habitualmente el pico, viven intensamente apiñadas, rodeadas de suciedad, negádoseles toda atención veterinaria, ofreciéndoseles poco o ningún acceso al aire libre (entendiéndose a menudo por "aire libre" nada más que un pequeño patio de barro), y asesinándolas cuando su puesta de huevos entra en declive. Incluso en sus formas menos crueles, la esclavitud y masacre de la industria alimenticia implica sufrimiento a manos humanas. La despiadada manipulación genética ha afligido a pollos, pavos, cerdos y otros animales criados para la alimentación creándoles deformaciones y otras discapacidades. En uno u otro grado, todas las víctimas de la industria alimenticia experimentan privaciones, denegándoseles el acceso a los alrededores naturales, actividades y relaciones. La cría y explotación de animales para comida es inherentemente cruel.

Muchos no-veganos están dispuestos a creer que los alimentos derivados de animales pueden ser humanitarios. En una encuesta realizada por Zogby America en el año 2.000 sobre 1.204 adultos estadounidenses, el 81% de los encuestados indicaba que estaría dispuesto de buen grado a pagar más por huevos de gallinas criadas en mejores condiciones. Cuando las personas que se dicen defensores de los animales promueven algún producto —o lo etiquetan de "compasivo" o "humanitario"—, gran parte del público llega a la conclusión de que tal producto está prácticamente libre de crueldad. La gente, razonablemente (aunque de manera errónea) asume que "los defensores de los animales no podrían tolerar algo cruel". En un artículo de julio de 2006 sobre la elección de alimentos, la periodista Candy Sagon, del Washington Post, escribió: «Nota para PETA: No os preocupéis. No podía vivir con la culpa. Al final he comprado los huevos marrones de las gallinas felices que vagan libremente». ¿Qué ha ocurrido para que se asocie a PETA con las "felices" gallinas explotadas? En agosto de 2006 apareció en el Washington Post un artículo del crítico gastronómico Tamar Haspel que llevaba por título Consumidores de carne sin culpa. El «ganado» no tiene por qué sufrir, comenta Haspel. La gente «preocupada por los animales» puede, con la conciencia tranquila, comer los restos de animales que fueron «bien tratados». Gracias a los «cerdos que vagan libremente», la gente puede «disfrutar de una alta integridad moral y de una costilla de cerdo». En realidad, sólo el veganismo es humanitario. Ese es el mensaje que debemos transmitir.

Cualquier alimento no-vegano niega el principio básico de los Derechos Animales: que el resto de animales no son recursos nuestros a explotar. La "ganadería" viola los derechos más básicos de los nohumanos, su derecho a la vida y a la libertad. «Por supuesto, todavía tienes que matarlos», dice Haspel de los cerdos criados para la matanza. No hay por qué preocuparse. «Ni siquiera un ferviente defensor de los derechos animales como Peter Singer» lo desaprueba. Como señala Haspel, Singer aprueba la reproducción, cría y matanza de animales nohumanos para alimentación con tal de que lleven una vida placentera y mueran de manera rápida e indolora. En otras palabras: dar al esclavo una vida feliz, y cuando lo desees, poner fin a esa feliz vida. Singer cree que la esclavitud y el asesinato pueden ser apropiados para los animales nohumanos. ¡Cuán poco respeto indica eso! Para Singer, la mayoría de animales —muchos mamíferos y todos los no-mamíferos— son, tal y como indica en su libro Ética Práctica, «reemplazables». «No reúnen los requisitos para tener derecho a la vida». Este punto de vista no es ciertamente acorde a los Derechos Animales. Pero no es de extrañar que Haspel y muchas otras personas confundan el bienestarismo de Singer con los Derechos Animales. Muchos grupos y personas se llaman a sí mismos "defensores de los Derechos Animales" aun cuando se dedican a reclamar diferentes métodos de "ganadería" y muerte. La "ganadería" es la antítesis de los Derechos Animales, siendo profundamente especista y totalmente injusta. Aceptar (explícita o implícitamente) cualquier explotación especista impide el progreso hacia la emancipación de los nohumanos, socavando los esfuerzos de quienes tratan de hacer ver a la gente la inmoralidad de la esclavitud de los nohumanos.

Los bienestaristas a menudo acusan a los defensores de los Derechos Animales de ser insensibles al sufrimiento de los nohumanos. Nada podría estar más lejos de la realidad. Los defensores de los Derechos Animales entienden que ninguna víctima de la industria alimenticia cuenta con verdadero bienestar. Los animales considerados dispensadores de huevos, leche o carne son acordemente tratados como cosas, no como personas. Con el bienestarismo el sufrimiento sigue y sigue y sigue aumentando. Debemos hablar y actuar demostrando y demandando pleno respeto para los animales nohumanos. Sólo ese respeto máximo puede reducir, y finalmente acabar, con el sufrimiento masivo.  


Joan Dunayer, octubre de 2006.
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Traducido por Igor Sanz.


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