jueves, 13 de noviembre de 2014

SENTIR NO ES SENTIR DOLOR


No es nada extraño que la sintiencia se malinterprete y describa no como la capacidad de sentir, sino como la capacidad concreta de sentir dolor. Esta mala concepción acarrea consigo profundas consecuencias dentro del movimiento en favor del resto de animales, por lo que su aclaración me parece tan urgente como necesaria.

Antes de nada, debo empezar diciendo que entiendo sin dificultad el motivo de esta confusión en la que muchos habremos podido incurrir en uno u otro momento. Por un lado, porque el dolor es quizá la experiencia más sencilla de identificar y empatizar, sobre todo en relación con individuos de mayor proximidad genética; y por otro, porque existe la cotidiana costumbre de asociar la palabra sentir con estados vinculados al dolor, expresando así que nos "sentimos bien" o nos "sentimos mal" en función de la presencia o no de padecimientos físicos (dolor de cabeza, de estómago, de cuello, de espalda…).

Sin embargo, el dolor es una de tantas otras categorías sensitivas. Todas y cada una de las percepciones sensoriales que experimentamos a través de la vista, el oído, el gusto, el olfato o el tacto
así como el hambre, la sed, la alegría, el miedo o cualesquiera otras emociones, deseos o intereses conforman lo que se da en llamar sintiencia.

¿Y por qué es tan importante la sintiencia? ¿Por qué es éste el factor relevante en la cosideración moral? En rigor, lo relevante no sería la sintiencia, sino la conciencia. Lo que ocurre es que lo uno no puede estar disociado de lo otro, y aunque ambas facultades son de naturaleza singular y subjetiva
indemostrables en última instancia
, conocemos aunque sea a grandes rasgos cuales son los mecanismos que operan en las experiencias subjetivas, siendo además los signos de la sensibilidad mucho más ostensibles que los de la conciencia. Una vez reconocido al animal que siente, podemos inferior su condición consciente.

El concepto de conciencia se aviene además a mayores confusiones. El motivo es que existen diferentes tipos de conciencias, desde la conciencia sensitiva (la que aquí se está tratando) hasta la conciencia cognitiva, la conciencia abstracta o incluso la conciencia moral (la virtud de interpretar los principios de la ética). El biólogo Gerald Edelman, por ejemplo, describía dos clases fundamentales de conciencia: una conciencia primaria, calificada para discernir nuestra propia existencia en el presente más inmediato; y una conciencia secundaria o "superior", capaz de situarnos de manera abstracta tanto en el pasado como en el futuro. Dos conversaciones sobre la conciencia pueden en realidad estar tratando sobre cuestiones muy distintas.

Pero en términos generales, y para lo que ocupa a los Derechos Animales, la conciencia debería ser entendida como la noción de la existencia propia, la advertencia del ser, con independencia de su forma o medida. Tal y como describe el neurofisiólogo Rodolfo Llinás, todo organismo con capacidad motriz sería incapaz de sobrevivir si no contara con la habilidad de anticiparse, de predecir, y para ello, el sistema nervioso lo que hace es inventar el yo subjetivo, el sí mismo (self), la conciencia, un estado mental que nace de la propia subjetividad que otorga la sintiencia.


«Aún en los niveles más primitivos de la evolución, la subjetividad
es la esencia constitutiva del sistema nervioso.»
~ Rodolfo Llinás ~ 

Cuando sentimos (en toda la amplitud de la palabra, insisto), es a nosotros mismos a quien estamos sintiendo. Sentimos nuestro frío, nuestro calor, nuestro dolor... Sentimos la reacción de nuestro propio cuerpo frente a un determinado estímulo. Todo sentir es un auto-sentir, una auto-percepción. Es entonces cuando surge el sujeto, que se diferencia del objeto en cuanto a que no sólo existe, sino que es consciente de su propia existencia, facultado así para la búsqueda de su perpetuación. Nace el individuo, la persona, que cobra valor sin necesidad de juicio ajeno. Se revela el valor intrínseco, ineludible ya frente a valores de tipo instrumental.

Por supuesto, evitar aquello que nos dañe o provoque sufrimiento es un deseo inherente a quienes podemos padecerlo, pero ninguno aceptaríamos que ese fuera el único interés que se nos tuviera en consideración. Limitar la relevancia a la capacidad de sentir dolor es reducir la cuestión a una grave simplicidad, fuente de las corrientes hedonistas/utilitaristas precursoras de aquellos enfoques que pretenden la regulación o "humanización" de la injusticia y que ignoran la premisa de que tanto el dolor, como su antagonista, el placer, no son fines, sino medios al servicio de ese verdadero fin que es el sujeto. El problema real, el de base, es que alguien sea convertido en algo, sea en la forma que sea.

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3 comentarios:

  1. Hola, Igor. Me gustaría hacer algunas preguntas sobre temas de los que tengo un conocimiento muy básico, me gustaría profundizar más. Así que siéntete libre de extenderte lo que desees:
    -¿Qué es sentir? ¿Qué significa ser seres sintientes o sensibles? ¿Significa ser capaces de tener experiencias subjetivas? ¿Qué son estas?
    -¿Cómo se puede saber que seres son o no sintientes? ¿Qué criterios son usados?
    He leído por ahí que lo que se busca para declarar eso es sí pueden sentir dolor o no.
    -¿Existe alguna diferencia entre emoción y sentimiento? ¿Podrías definir qué es cada cuál?
    -¿Qué es la voluntad? ¿Qué es un deseo? ¿Qué son los llamados "intereses"? ¿Qué es la conciencia? ¿Qué es la autoconciencia?
    -He visto por ahí que hablan de experiencias subjetivas negativas( todo lo relativo al dolor: hambre, frío, sed, etc) y experiencias subjetivas positivas( todo lo relativo al placer). Bueno, también hay experiencias neutras, por ejemplo: miro una pared, no siento nada. Por eso, he visto que si bien aceptan que pueden haber otras experiencias aparte de las negativas( o dolor), solo eso lo consideran lo relevante. ¿Qué opinas?
    -¿Qué es pensar? ¿Qué es razonar?
    -No entendí muy bien las diferencias entre conciencia sensitiva y sintiencia. ¿Podrías extenderte?
    -Actualmente, ¿qué animales son considerados sintientes, cuáles están "en duda" y cuáles definitivamente no son capaces de sentir? Aunque por ahí he visto que solo consideran a los demás animales capaces de sentir dolor, más no de tener interes por vivir, tener conciencia o auntoconciencia. ¿Qué podría responder a ello? ¿Qué pruebas existen de lo contrario?
    -¿Cuál es la situación de una persona en estado vegetativo, en coma o con muerte cerebral? ¿Cuál es la consideración moral en estos estados? ¿Se puede inducir esos estados? ¿Eso sería inmoral?
    Aunque tengo más preguntas, paro ahí por ahora que ya me siento abusiva. Espero puedas ayudarme, gracias de antemano.
    Un abrazo.

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    1. Hola, Karla.

      Bueno, son muchas y complejas tus preguntas, y tendría que escribir todo un ensayo para responder adecuadamente a todas ellas. De hecho, ya se han escrito infinidad de ellos, y es que muchas de las preguntas que planteas vienen generando auténticos quebraderos de cabeza a los filósofos desde hace siglos.

      Por ello, creo que lo mejor que puedo hacer para no extenderme innecesariamente respecto a las cuestiones dedicadas a fenómenos tales como la sintiencia, la conciencia, la subjetividad, etc., es recomendarte el siguiente trabajo donde se ofrecen precisamente algunas breves respuestas a muchas de las preguntas que has formulado. Puedo no estar del todo de acuerdo con todo lo que se dice en él, pero en general me parece bastante acertado e ilustrativo. Te pasó dos enlaces porque no tengo constancia de que haya ninguno donde no aparezca fragmentado:

      https://books.google.es/books?id=HQPHBAAAQBAJ&printsec=frontcover&hl=es#v=onepage&q&f=false

      http://www.monografias.com/trabajos70/que-es-conciencia/que-es-conciencia2.shtml

      Las emociones y los sentimientos no son exactamente lo mismo. Los sentimientos son el fruto de las emociones. Por ejemplo, el amor es un sentimiento, pero si nos surge ese sentimiento hacia alguien, si nos enamorarnos de alguien, es porque ese alguien previamente ha despertado en nosotros ciertas emociones. No obstante, yo diría que ambos términos se emplean hoy en día de forma bastante indistinta, no viendo yo problema en ello.

      La diferencia entre deseos e intereses también me parece sutil. Yo quizá diría que al deseo generalmente se le atribuyen procesos más intelectuales y conscientes que al interés. Bajo esta interpretación, es factible que a menudo veamos nuestros intereses enfrentados a nuestros deseos. Por ejemplo, si llevamos mucho tiempo sin dormir y nos caemos de sueño, sin duda tenemos interés en dormir, pero puede haber algún motivo por el que, por el contrario, nuestro deseo intencional sea el de mantenernos despiertos. A través del análisis de ese motivo o circunstancia concreto, surge en nosotros el deseo de no dormir, mientras que el interés es más maquinal o espontáneo. Por otro lado, coloquialmente los deseos también suelen relacionarse más con intereses complacientes, mientras que podemos tener intereses cuya realización no nos entusiasme especialmente. Son las pocas diferencias que se me ocurren, aunque como digo en realidad la diferencia, de haberla, me parece muy sutil.

      La única manera de saber qué seres son sintientes y cuáles no lo son es a través de las evidencias empíricas. La única sintiencia a la que tenemos acceso es la nuestra propia, pero no sólo sabemos que sentimos, sino también por qué sentimos. Si otros animales presentan los mismos mecanismos que hacen en nosotros posible la sintiencia y sus respuestas conductuales son coherentes con ésta, entonces la única conclusión lógica es la suposición de su existencia. Esto es aplicable tanto al dolor como a cualquier otro fenómeno propio de la sintiencia.

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    2. Yo definiría la voluntad como la capacidad de actuar intencionalmente a partir de nuestros propios intereses. La voluntad la relaciono muy estrechamente con el concepto de libertad. A menudo se asocia la libertad con la movilidad, pero no es correcto. Cuando se atenta contra la libertad de alguien es su voluntad la que se está violando. Esto viene muy a colación con muchas campañas bienestaristas, que en cuento a la esclavitud de los nohumanos, fijan sus miradas en el mayor o menor espacio que se les proporciona a las víctimas. Pero la mayor o menor movilidad que se otorgue a un esclavo no altera en absoluto el hecho mismo de la esclavitud.

      Pensar y razonar tampoco son lo mismo. El razonamiento sería una categoría dentro del pensamiento. Razonar sería deducir, discurrir, analizar los hechos hasta alcanzar una conclusión lógica, mientras que pensar representa cualquier ejercicio de las facultades intelectuales. Al tratar de recordar algo pensamos, pero no necesitamos razonar.

      La conciencia sensitiva es el resultado directo de la sintiencia. Cuando sentimos somos nosotros quienes sentimos, de manera que la sintiencia se traduce en la conciencia de nuestra existencia. En realidad, la función biológica de la sintiencia es esa. Te recomiendo leer este artículo:

      http://lluvia-con-truenos.blogspot.com.es/2015/07/filosofia-de-la-mente-sensitiva.html

      Es difícil saber hasta dónde se extiende la sintiencia dentro del reino animal. No disponemos de suficiente conocimiento como para determinar límites precisos. Ocurre exactamente lo mismo dentro de un mismo individuos. ¿En qué momento del desarrollo de un individuo surge la sintiencia? No lo sabemos. Lo más que podemos hacer es especular lo más razonablemente posible dentro de la información de la que disponemos.

      Yo particularmente me inclino por conceder facultades sintientes a todos los animales con un sistema nervioso activo. Básicamente porque la esencia constitutiva del sistema nervioso siempre ha demostrado ser la de otorgar algún grado de conciencia. Dentro de la escala filogenética el sistema nervioso aparece dentro de aquellos organismos con capacidad motriz que requieren reconocer a sí mismos y a su entorno. Es muy significativo a este respecto el caso de los tunicados y sus “semillas inteligentes”:

      http://aitri.blogspot.com.es/2006/04/el-cerebro-de-los-tunicados.html

      Las personas en coma y en estado vegetativo mantienen sus facultades sensitivas y conscientes. De hecho, son estados reversibles. No ocurre lo mismo con la muerte cerebral. En una muerte cerebral desaparece toda actividad mental.

      Un saludo, Karla.

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