viernes, 29 de abril de 2016

¿COMPARACIONES ODIOSAS?



Es posible que la imagen de cabecera moleste a algunas personas. Así ocurre siempre con buena parte de las analogías que los veganos acostumbramos a exponer de forma ilustrativa. Son comparaciones odiosas, se dice, que faltan al respeto a las víctimas humanas referidas. Aunque comprensible, es una reacción injustificada, y quisiera apuntar a continuación algunos motivos del porqué.

En primer lugar, conviene dejar claro que en ningún caso puede tratarse de una falta de respeto. En ningún caso estamos vulnerando la dignidad de nadie, ni degradando su identidad, ni socavando su valor moral. No tiene nada de malo ser una gallina, una vaca o un atún. No es ningún insulto. Puede que algunos lo interpreten como tal, pero no es el caso de quienes formulamos las comparaciones, así que atribuirles connotaciones despreciativas está totalmente fuera de lugar. Además, si no se partiera desde una perspectiva respetuosa con los seres humanos, su comparación con los nohumanos en pos de una mayor consideración moral hacia estos últimos carecería de sentido. La igualdad no implica rebajar a nadie. La ética no es una balanza en la que unos deban perder para que otros ganen.

Es racionalmente imposible atribuir falta de respeto a este tipo de comparaciones. En todo caso, lo único que podrían representar es una ofensa. No obstante, la ofensa pertenece a una categoría diferente y su carácter es siempre netamente subjetivo. No hay nada que sea propiamente ofensivo. Basta con que haya un ofendido para que algo cobre la categoría de ofensa. Se trata de algo enteramente dependiente de la susceptibilidad y sensibilidad de la parte ofendida. Tal y como apunta el filósofo Lou Marinoff, la verdadera parte activa de una ofensa es el ofendido: «Las personas que buscan motivos para ofenderse siempre los hallarán, pero son ellas quienes tienen un problema. Y su problema es que necesitan ofenderse.»

¿Qué es lo que estaría siendo ofendido en este caso? Lo que se ofende es el prejuicio especista de la gente. La comparación entre humanos y nohumanos resulta ofensiva sólo para quienes no conciben colocar a unos y otros en el mismo estrato moral. Pero no es lógico culpar a los veganos por ello, en tanto que a través de estas analogías lo que buscamos precisamente es desafiar ese precepto antropocéntrico. No se puede pretender que los activistas dedicados a luchar en contra del especismo se ajusten a los parámetros del especismo. Si no consiguiéramos que los prejuicios especistas se vieran ofendidos, entonces no estaríamos haciendo bien nuestro trabajo. A partir de aquí, rechazar estas analogías aludiendo al hecho de que unos son humanos y los otros no supone incurrir en una ostensible petición de principio.

Otra importante aclaración es que en realidad no se está comparando a nadie. Eso no tendría ningún sentido ni utilidad. Tampoco se trata de una comparación, cabe añadir, sino más concretamente de una equiparación. Comparar se puede comparar cualquier cosa, aunque sea para concluir que no hay nada en común. La equiparación es lo que presenta mayores dificultades. Pero insisto en que la equiparación no afecta a los sujetos, sino a sus circunstancias, a sus realidades. No hace falta comparar al sujeto A con el sujeto B para deducir que A y B merecen el mismo respeto, o para afirmar que tanto A como B están siendo sometidos a injusticias de magnitud similar. Dos situaciones dadas vulneran los intereses básicos de unos individuos sobre la base de una marcada discriminación arbitraria. Las diferencias y semejanzas entre las víctimas no alteran un ápice la verdad de este hecho.

Dicen algunos que las analogías presentan diferencias relevantes más allá de la cuestión de la especie. Se dice que a los demás animales se los explota para comer, mientras que el genocio nazi, por ejemplo, estuvo motivado por un antisemitismo que simplemente pretendía erradicar a una raza que se consideraba indeseable. No creo que sea necesario recordar que a los animales nohumanos se los explota y asesina por muchos motivos, y que uno de los más comunes responde al desprecio sentido hacia especies consideradas también "indeseables" ("plagas"), siendo la analogía en este caso difícilmente superable. Pero, al margen de eso, esta respuesta implicaría que si los nazis se hubiesen comido a los judíos la comparación entonces sí sería aceptable. Tal cosa, sin embargo, lo único que podría conseguir es agravar el espanto con que se recuerda aquel episodio histórico tan lamentable, y no creo que me equivoque si digo que quienes hoy tienden a ofenderse seguirían ofendiéndose de igual forma. No parece, en definitiva, que el fin último para el que se explota o asesina a alguien cobre excesiva relevancia.

Algo llamativo en todo esto es que, por el contrario, se acepta y se recurre muy habitualmente a analogías con la explotación animal para denunciar situaciones o actitudes que desprecian la dignidad humana. "Los explotan como a animales"; "los tratan como a ganado". Estas y otras expresiones afloran regularmente frente circunstancias de vulneración de los Derechos Humanos. Pero una analogía no puede ser unidireccional, por definición. Si vamos a asegurar que a ciertos seres humanos se los trata como a los nohumanos, entonces debemos aceptar la afirmación de que a los nohumanos se los trata como a ciertos seres humanos. Si A es como B, entonces B tiene que ser forzosamente como A.

Hay quienes responden que esos casos representan "metáforas", y no analogías, pero cuesta creerlo. Cuesta creerlo porque siempre se recurre a los factores de mayor similitud. Cuesta creerlo porque las metáforas actúan como exageraciones deliberadas, y clasificarlas de tal forma supondría reducir la gravedad de los hechos acaecidos sobre los humanos, algo que sí resultaría verdaderamente desconsiderado para con las víctimas. Y cuesta creerlo porque las supuestas metáforas en muchos casos estarían cobran un sentido estrictamente literal. Buena parte de los utensilios y métodos empleados en la explotación de nohumanos fueron reciclados para la práctica de la esclavitud humana, desde las cadenas, los grilletes y los látigos, hasta las establos, los mercados y las marcas cutáneas con hierros candentes. Y en el caso del holocausto judío, es de sobra conocido que el diseño de los campos de concentración estuvo inspirado en los novedosos mataderos de Chicago, así como que el traslado de los prisioneros se hacia por medio de vagones ferroviarios dedicados al transporte de "ganado", o que los planes eugenésicos tomaron por modelo la histórica selección genética sistemáticamente ejercida sobre los animales "domésticos".

Podría ocupar decenas de entradas del blog relatando hechos semejantes. El lector interesado puede consultar el extenso y detallado trabajo que Charles Patterson dedica a esta cuestión particular. Será suficiente aquí con decir que los más espeluznantes casos de explotación humana han solido tener como patrón común la reducción ex profeso de los humanos a la condición de los nohumanos. No se pueden construir "metáforas" a partir de semejanzas tan sumamente homólogas. En casos así, la figura metafórica pierde toda su naturaleza característica.

Otro tipo de ofensa diferente suele provenir no de la comparación entre las víctimas, sino entre los victimarios. Pero buena parte de lo dicho hasta ahora es pertinente aquí también. Una vez más, la equiparación no se lleva a cabo sobre personas, sino sobre determinados hechos. Cuando se compara la explotación animal con el holocausto judío, la violencia doméstica o la esclavitud humana, no se está diciendo que quienes participan en la explotación animal sean "nazis" o "malas personas". Si los veganos creyésemos que los especistas son malas personas ni siquiera nos molestaríamos en tratar de convencerlos de nada. Al contrario, confiamos plenamente en su bondad, y recurrimos a estas analogías con el propósito de apelar a unas conciencias que creemos distorsionadas por el lastre del especismo. A las malas personas lo mismo les da que otros sean discriminados por su raza, su sexo o su especie. Pero existe un gran número de buenas personas que simplemente no ha conseguido aún sobrepasar la última frontera de la moral. Estas comparaciones están formuladas con el único fin de ayudarlas a conseguirlo.  

Para acabar, sería un grave descuido por mi parte pasar por alto a todas a aquellas víctimas de los sucesos análogos habitualmente empleados que han sido perfectamente capaces de reconocer las indudables semejanzas y superar los prejuicios especistas que impiden su contemplación. Si personas que han sufrido la injusticia en sus propias carnes admiten el parentesco existente, los demás no deberíamos mostrar una mayor dificultad para hacerlo:

El movimiento feminista siempre ha mantenido un estrecho vínculo con los Derechos Animales, y quizá una de las personas que mejor encarna la consonancia entre ambas luchas sea Angela Davis, quien observa una clara «conexión» entre la forma en que se trata a los nohumanos y la forma en que se trata a aquellos humanos a quienes se sitúa «debajo del todo en la escala jerárquica». Dexter Scott King, hijo del asesinado líder del movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos, Martin Luther King Jr., ejerce actualmente como activistas vegano (junto con su madre y viuda del anterior, Coretta) y afirma contemplar el veganismo como «la extensión lógica de la filosofía de la no-violencia». Por último, Israel, que acoge a cerca de 200 mil judíos supervivientes, es uno de los países dónde mayor auge y aceptación a experimentado el veganismo, y la analogía más gráfica y contundente lanzada jamás en relación al holocausto probablemente sea la proferida por una de sus víctimas directas, el escritor y premio Nobel, Isaac Bashevis Singer, quien afirmase sin tapujos que, para el resto de animales, «todos los humanos somos nazis». La emotiva carta que escribiera el prisionero Edgar Kupfer-Koberwitz entre los muros de Dachau merece un capítulo aparte.

Estas analogías buscan denunciar el especismo. No siempre es fácil llegar a ver una injusticia cuando se contempla desde la perspectiva del prejuicio que la ampara, de manera que trasladamos al público a un contexto que presuponemos libre de prejuicios para intentar revelar los errores de su enfoque. Si aquellos que se ofenden frente a este escenario sólo son capaces de explicar su ofensa por motivo de las diferencias específicas de los protagonistas, entonces lo que estarán haciendo sencillamente es reconocer que se encuentran fuertemente imbuidos por aquello mismo que se denuncia. La propia comparativa les ofrece una inmejorable oportunidad para intentar defender su actitud, pero el especismo no puede justificar el especismo.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Toda participación será bienvenida siempre que cumpla con las normas del blog. No obstante, con efecto de conseguir una comunicación civilizada y evitar de entrada situaciones indeseables, todos los comentarios deberán pasar por un filtro de moderación previo a su publicación. Gracias por su paciencia y comprensión.