miércoles, 2 de noviembre de 2016

CINE Y ESPECISMO


El cine y la televisión son una ventana abierta al especismo. Es difícil encontrar alguna película o teleserie que no emane tintes especistas y muestre diferentes formas de explotación animal. Me preguntan a menudo cuál debería ser nuestra actitud al respecto. ¿Deberíamos rechazarlo? ¿Deberíamos simplemente asumirlo? Creo que es una cuestión llena de matices, pero quisiera compartir un par de reflexiones que permitan al menos establecer una base sobre la que desarrollar debates y análisis más profundos.

En primer lugar, quisiera empezar con una breve puntualización: nuestra obligación primordial es la no-demanda de explotación animal. Sería preferible poder rechazar toda forma de especismo, pero en el escenario actual se antoja una empresa imposible. Estamos rodeados de especismo, desbordados, y no vamos a poder escapar de él por mucho que lo intentemos. La única solución posible sería trasladarnos a un entorno de completo aislamiento social. Pero entiendo que nuestro objetivo debe ser cambiar la sociedad, no ignorarla.

Dicho esto, y entrando ya en el tema que nos ocupa, considero que el especismo del cine y la televisión podría ser clasificado en dos categorías diferentes, si bien es cierto que la línea que divide esas dos categorías a menudo puede llegar a ser terriblemente difusa.

Por un lado, tenemos ese especismo que es el simple reflejo del especismo de la sociedad. Las películas se ruedan en un mundo sumamente especista, y sería ingenuo pretender que ese hecho no quedara reflejado en ellas. Los actores van a vestir prendas de origen animal, van a consumir alimentos de origen animal, van a tener "mascotas", van a visitar zoológicos, etc. Son actividades normalizadas en nuestra sociedad, y no es posible pretender que las películas reflejen un escenario diferente.

No es lógico atribuir la responsabilidad de esta clase de especismo a los veganos que pudieran acudir a ver esas películas. Ni siquiera se trata de una explotación animal destinada a satisfacer a la industria cinematográfica. La industria cinematográfica simplemente hace uso de una oferta especista ya anteriormente demandada por la sociedad. Si una película muestra a los protagonistas comiéndose una langosta, por ejemplo, esa langosta será una víctima de la industria alimenticia, no de la industria cinematográfica. Es presumible que en un hipotético mundo vegano esas películas seguirían filmándose sin alteraciones sustanciales.

Existe, no obstante, otro tipo de especismo en el cine. Es aquel representado por películas como Babe, el cerdido valiente, El oso, Rintintín o Liberad a Willy. En este caso hay toda una industria específica de explotación animal dedicada a satisfacer la demanda especista de este tipo de filmaciones. No son películas que se limiten a reflejar la explotación animal cotidiana de la sociedad, sino que son la causa única y directa de ese tipo concreto de explotación animal. Representan explotación animal en ellas mismas. En un mundo vegano, estas películas no podrían ver la luz; o no al menos en la forma actual. No es que pudieran ser filmadas cambiado algunos detalles; es que directamente tendrían que cambiar la totalidad de la trama o la técnica de producción. Tal y como yo lo veo, fomentar estas películas sería fomentar explotación animal directamente.

Conviene apuntar que por "fomento" me estoy refiriendo tanto a una financiación directa como a alguna clase de promoción. No sirve de mucho que boicoteemos económica una película si al mismo tiempo nos dedicamos a publicitarla a los cuatro vientos. En este sentido, dejo al margen el visionado gratuito y privado de películas o series. Se trata de un dilema que encuentro mucho menos trascendente, ya que en este caso lo único que estamos haciendo es contemplando especismo, sin mayores alicientes, y condenar a alguien por eso sería como condenarlo por ver pasar un camión lleno de vacas.

En el mundo del arte también podemos encontrar estas dos expresiones del especismo, y quizá su ejemplo pueda servir para hacer hincapié en la radical diferencia que estoy tratando de señalar. De tal manera, tenemos por un lado cuadros o esculturas que simplemente reflejan una escena especista cotidiana, mientras que por otro lado podríamos mencionar esa clase de expresión artística emergente que está haciendo uso directo de animales nohumanos. Aunque esta analogía presenta alguna complicaciones, creo que puede resultar útil a nivel ilustrativo.

Entre estas dos formas de especismo surgirán sin lugar a dudas una amplia gama de variantes mucho más dudosas. Puede ocurrir, por ejemplo, que una película muestre sólo puntualmente el segundo tipo de especismo mencionado, sin que la escena en cuestión tenga especial peso en el argumento, y sin que los espectadores hayan podido sospechar previamente su existencia. O quedan también pendientes de mencionar aquellas películas que sin llegar a reflejar excesivo material especista, tengan no obstante una trama que lo sea en su integridad, como lo sería, por ejemplo, aquella que reflejara las vicisitudes diarias de una familia de ganaderos o hiciese una apología implícita o explícita de prejuicios antropocéntricos.

Como he dicho al principio, es un tema repleto de pequeños matices, pero he querido al menos mencionar estas dos formas bien diferencias de especismo cinematográfico para dejar patente que el segundo caso, la explotación destinada a la industria del cine, debería ser rechazada. Quisiera advertir, no obstante, que este tema no me parece en absoluto fundamental. No creo que la sociedad vaya a cambiar por poner excesivo cuidado en estas cosas, y sí en cambio que estas cosas cambiarán a medida que lo haga la sociedad. No obstante, eso no significa que sea un tema que deba ser ignorado, y atenderlo al menos en una forma sucinta nos puede permitir adoptar una actitud que sea mínimamente coherente con los principios que defendemos.

Para acabar, y aún a riesgo de soltar una obviedad monumental, conviene aclarar que las clásicas advertencias del tipo "Ningún animal fue dañado durante el rodaje de esta película" tienen tanto significado como los etiquetados de "bienestar" o "feliz" en las bandejas de carne de los supermercados. Se trata de un juicio irreal apoyado en unas normas de mínimos aplicadas sólo sobre algunas pocas especies animales y tan protectoras de los intereses de los nohumanos como las normas que rigen las prácticas de los laboratorios. Cualquier animal nohumano forzado a participar en una película habrá sido dañado cuando menos en su libertad y su dignidad

3 comentarios:

  1. Gracias por aclarar ambas categorías de especismo. Ha sido de gran ayuda.Un saludo

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  2. Hola, resulta un punto especialmente peliagudo el primer caso, el del especismo reflejo de la sociedad. Como bien has indicado, la línea a veces es difusa y yo últimamente me debato sobre el empleo de caballos como transporte/ocio en todo tipo de "performances", desde westerns a fantasías medievales, es un uso recurrente en la industria cinematográfica y aquí viene la cuestión clave, ¿tratan los directores/productores a estos caballos como objetos directamente? ¿o realmente los caballos son víctimas del especismo en otros ámbitos (hípica, paseos privados, tiro, exhibición, ...) y temporalmente son requeridos para los rodajes? ¿va implícito en ciertas películas/series la explotación animal o es una decisión del director/productor de turno? y más inquietante, ¿qué diferencia hay entre montar a caballo en una película y el uso de pieles que visten los actores? La ropa es perfectamente sustituible sin afectar al objetivo de la película pero los caballos... empleando caballos simulados hechos a ordenador sí... pero no siempre los usan, no termino de encontrar la claridad en este asunto y en julio se estrena la nueva temporada de Juego de Tronos... No es que tenga ningún apego especial a esa serie pero intento mantener la coherencia de no-explotación en todos los ámbitos y aquí me asaltan las preguntas sin resolver que tan fácil se resuelven con el uso de animales como comida, prendas de vestir, etc...
    Un saludo

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    Respuestas
    1. Hola, Leo.

      Uno de los temas complejos el de los caballos, sí. Ignoro como funciona el asunto, aunque yo imagino que no se tratará de caballos específicamente “preparados” para el cine, ya que no observo que, por lo general, se exija de ellos nada particular.

      De lo que no hay duda ninguna es de que los tratan como ha objetos. La consificación y explotación de los caballos es un hecho independiente de que haya o no cámaras de cine filmando. Son esclavos forzados a trabajar a las órdenes de los humanos.

      Por cierto, me parece que habrá que tener mucha paciencia esperando el fin del especismo en el cine si tenemos en cuenta que incluso la explotación infantil es algo de lo más común y normalizado. La presencia de un bebé en una película es un flagrante acto de explotación. Es curioso que nunca nadie diga nada a este respecto, y demuestra quizá lo fácil que le resulta a la gente aceptarla cuando no le resulta especialmente hiriente.

      Un saludo.

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