jueves, 15 de enero de 2015

AL MARGEN DE LA LEY


Muchas veces tiende a confundirse la ley con la ética, pero lo cierto que se trata de conceptos pertenecientes a categorías diferentes. Las leyes no son más que dictados que se establecen en concordancia con los acuerdos de una sociedad. Por decirlo de alguna manera, las leyes son normas establecidas por una sociedad, mientras que la ética responde a las normas establecidas por la lógica. Las leyes pueden cambiar; la ética no. Algo puede ser ilegal hoy y legal mañana; pero lo que es inmoral hoy es inmoral siempre.

Eso no significa que las leyes y la ética no puedan ir de la mano. De hecho, lo hacen a menudo; y es lógico que así sea, puesto que siendo la ética lo que establece las normas lógicas de conducta, es comprensible que se dicten leyes partiendo de la respuesta que ésta nos ofrece. Pero no necesariamente tiene que ser así. Gracias a un análisis de concordancia entre lo uno y lo otro es precisamente por lo que se puede hacer evolucionar a las leyes. Podemos saber qué ley no es justa recurriendo a la ética, algo que no sería posible si ambos conceptos fueran lo mismo.

Esclavizar a seres humanos de algún tipo de condición diferente no es más ético ahora de lo que lo era hace 200 años, pero ahora es ilegal mientras que entonces no lo era. La sociedad de entonces reconocía la esclavitud de ciertos humanos como algo aceptable, deseable y conveniente, y por eso las leyes dictadas en esa misma sociedad permitían esa práctica. Pero la esclavitud humana, en cambio, no respondía a los principios de la ética, y a medida que más componentes de esa sociedad se iban percatando de ello, más fuertes se hacían las reclamaciones de un cambio legal.

Las leyes son por ello un mero reflejo de la sociedad en que son dictadas, y es por eso por lo que las existentes actualmente no pueden hacer realmente nada por el resto de animales, porque en esta sociedad, en la sociedad actual, la consideración hacia ellos es prácticamente nula.

Es por este motivo por el que apelar hoy por hoy a la ley para defender a los nohumanos resulta una completa perdida de tiempo. Incluso aquellas que parecen favorecerles de alguna manera son en realidad leyes que protegen directa o indirectamente a los únicos sujetos sobre los que se tiene consideración: los humanos. Los animales nohumanos no tienen más valor para la ley (y para la sociedad) que el de cualquier otra propiedad, y las penas que condenan ciertos actos con nohumanos lo hacen meramente por ser un atentado contra una propiedad humana. Los "derechos de los animales" son en realidad un dictado sobre los permisos que se nos otorga a los humanos individualmente para hacer y deshacer con los nohumanos.

Si a alguien se le ocurre coger a un perro callejero y torturarlo hasta la muerte, es posible que dicho individuo sea castigado con algún tipo de pena, pero que nadie se engañe, lo será únicamente porque ese perro callejero está considerado como una propiedad de los humanos y porque la mayoría de los humanos no estará de acuerdo con el uso que se le ha dado. No difiere en nada de las condenas que alguien pueda sufrir por maltratar farolas o estatuas. Cuando denunciamos algún maltrato a algún nohumano, lo que la ley hace es fijarse en los intereses de los humanos, no de la víctima (salvo que interprete que hay alguna víctima humana). Sopesa los intereses del maltratador y de los denunciantes, nunca del maltratado. Por eso no veremos a nadie ser condenado por asesinar a una rata o a un escarabajo, por ejemplo, porque unidos al estado de los perros hay intereses de muchos humanos (ya sean materiales o emocionales), pero muy pocos alrededor del roedor o el insecto. Al denunciar legalmente algún acto de explotación animal lo que hacemos en realidad —aunque no nos percatemos de ello— es reclamar nuestros derechos, no los de la víctima, porque si así fuera, entonces la ley ni siquiera nos escucharía. Para la ley la víctima no tiene derecho alguno.

Por este motivo, el camino correcto para actuar en favor de los nohumanos no es la vía jurídica, sino la educativa. Sólo cuando la sociedad cambie su manera de ver al resto de animales serán dictadas leyes que protejan su nuevo estatus. Pretender algún adelanto en favor de los nohumanos a través de la vía legal es comulgar con ruedas de molino, porque la ley, como he dicho, sólo responde a la voz de su amo: la sociedad. No nos confundamos: las leyes no dictan la sociedad; es la sociedad la que dicta las leyes; y mientras la sociedad en su mayoría acepte la explotación de nohumanos, la ley responderá siempre en su favor.

Eso no significa que debamos olvidarnos de la ley. Lo que significa es que podemos olvidarnos de ella por ahora. Debemos educar a la sociedad en el veganismo, y una vez que se produzca un cambio en ella, una vez que se reconozca socialmente a los nohumanos como personas, entonces, y sólo entonces, podrá realmente surgir también una consideración legal.

Existe además otro motivo por el que la educación es el aspecto fundamental. Lo es también porque la ley tiene muchas limitaciones. Nos gusta creer que estamos permanente y enteramente amparados por la ley, pero lo cierto es que si no nos estamos agrediendo y matando los unos a los otros todo el rato es por nuestra educación y conciencia moral, no por la legal. Las condenas legales tienen en realidad una función sugestiva. Tienen la pretensión de persuadir a aquellos que tengan la tentación de salirse de las normas aceptadas de conducta, pero más allá de eso, sus limitaciones son manifiestas.

Aunque surgieran leyes que protegieran realmente los derechos de los nohumanos y condenasen su explotación, difícilmente podrían conseguir que no sucediera en una sociedad que no aceptase dichas leyes. Ninguna persona nohumana va a poder nunca interponer una demanda legal; ninguna va a poder nunca reclamar por sí misma sus propios derechos legales; ningún nohumano va a poder denunciar la desaparición de un familiar, etc. Difícilmente podrá ser descubierto y perseguido alguien que asesine a un nohumano en la intimidad de su propia casa, y menos aún si en torno suyo tiene a toda una sociedad a su favor. ¿Quien hará notar la desaparición de esa víctima? ¿Quien la denunciará? ¿Quién reclamará justicia por ella? Los nohumanos no entienden de leyes y no pueden hacer uso de ellas. Y no hablamos de unos pocos sujetos, sino de una infinidad. Demasiados como para que otros puedan abogar legalmente por ellos continuamente. 

Las leyes pueden convertirse en un buen aliado del respeto a los demás, pero sólo cuando ese respeto exista, cuando la consideración de la sociedad cambie y sea mayoritaria. Lo que se precisa es un mundo donde la explotación de los nohumanos sea rechazada moralmente, no legalmente, y eso sólo puede conseguirlo la educación. Una educación que haga ver al resto de animales como personas, y no como cosas. En eso es en lo que debemos poner todos nuestros esfuerzos, porque sólo eso puede conseguir verdaderamente algo en su favor.


«Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este
guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta
que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más
tarde lo dejarán entrar. “Tal vez”, dice el centinela, “pero ahora no”.»
~ Franz Kafka ~
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2 comentarios:

  1. Se les reconocerá como personas el día en que ellos nos pidan que los reconozcamos como personas.

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    1. Jamás un bebé recién nacido ha pedido que se lo reconozca como persona y sin embargo todos ellos están reconocidos como tales. ¿Y tú? ¿Cuándo pediste ser una persona? Para que alguien sea algo no hace falta que lo reclame. Y como ejemplo de ello basta decir que no tenemos ningún problema en reconocerlos como animales sin que hayan pedido tal cosa tampoco.

      Un saludo.

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