sábado, 2 de mayo de 2015

¡LOS HUMANOS PRIMERO!


Desde el "animalismo", a menudo intenta concienciarse en torno a la explotación de nohumanos apelando a una serie de mensajes habituales en los que puede apreciarse un mismo factor común. Pondré algunos ejemplos antes de entrar en materia:


«Los alimentos de origen animal son malos para la salud. La carne, los huevos o la leche provocan cáncer, colesterol, obesidad... Son un veneno que debemos rechazar.»

«La industria ganadera es la mayor causante del hambre en el mundo. Por cada kilo de proteína animal hacen falta más de 10 kilos de cereales. Quien consume productos animales es culpable del hambre en el mundo.»

«Por el mismo motivo, la ganadería requiere enormes cantidades de agua. El 70% del agua dulce del planeta es empleada en esta industria, lo que representa un derroche obsceno habida cuenta de que millones de personas en el mundo no tienen acceso a agua potable.»

«La explotación ganadera es una de las mayores responsables de la contaminación y el calentamiento global.»

«La indiscriminada pesca industrial está destruyendo y agotando los recursos marítimos.»

«La experimentación en animales nohumanos es inútil y los experimentadores ponen en peligro la salud de los humanos al sacar al mercado medicamentos cuya fiabilidad no puede garantizarse.»

«Espectáculos públicos como las corridas de toros y similares son una mala influencia para los niños e incitan a la violencia.»

«Las condiciones en que viven los nohumanos en los zoológicos son tan antinaturales que no sirven como herramientas de enseñanza.»


¿Ha conseguido el lector percibir el punto común del que hablo? Seguro que sí. Todos estos mensajes coinciden en el hecho de cuestionar ciertas prácticas y servicios especistas analizando los efectos que provocan en los humanos, no en sus víctimas directas.  

El gran problema de ello es que la sociedad ya se guía bajo esa preponderancia. De hecho, es más que probable que este tipo de enfoques empezaran a surgir a raíz de la clásica consigna especista que reza: «¡Los humanos primero!». Pero lo que los activistas por los nohumanos tendríamos que hacer es enfrentarnos a ese dogma, no ajustarnos a él. Con este tipo de mensajes lo que se está haciendo (entre otras cosas) es fomentar aquello mismo que precisamente deberíamos esforzarnos por cambiar.

Aclaro que no estoy aquí juzgando la veracidad o no de las afirmaciones que se lanzan en esas frases, ni tampoco estoy sugiriendo bajo ningún concepto que los problemas que se mencionan no tengan relevancia. Al contrario, el hambre en el mundo, la ecología, la salud, la sostenibilidad y la educación son temas de suma importancia, obvia decirlo. Lo que estoy diciendo es que no es de recibo cuestionar una práctica injusta a partir de las consecuencias que pueda tener sobre terceros afectados, ni tiene lógica ninguna que los defensores de las víctimas del antropocentrismo difundan y fomenten ideas tan sumamente antropocéntricas.

(Aclaro igualmente que, sea como fuere, en ningún caso estaríamos hablando de veganismo. Veganismo significa rechazar la explotación de nohumanos por una consideración moral de sus intereses. El veganismo por salud o medio ambiente no existe.)

Es lógico y deseable que los problemas nutricionales, humanitarios, ecológicos, educativos o médicos sean encarados por los especialistas en nutrición, humanidades, ecología, educación o medicina, desde luego, pero no por los defensores de los nohumanos en su condición de tales. Quienes se proclamen defensores del resto de animales deberían centrarse en los derechos e intereses del resto de animales sin restarles un ápice de la importancia que poseen. 

Ese tipo de mensajes relegan a los nohumanos o incluso los ignoran completamente. No cuestionan la idea de superioridad de los humanos, sino que la fortalecen. Puede que haya personas que se replanteen y cambien algunos de sus hábitos mediante ese tipo de mensajes. Tal vez. Pero sus prejuicios especistas no habrán sufrido la más mínima alteración, y sería poco sorprendente que los cambios prácticos estuvieran en consonancia con esa mentalidad.

No deberíamos fomentar iniciativas que a todas luces afianzan la idea de los humanos somos lo primero, sino cambiarla por aquella que priorice a los individuos al margen de parámetros especistas, racistas o sexistas.

Los prejuicios necesitan excusas, la justicia no. 
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