miércoles, 20 de noviembre de 2019

Hablemos de langostas



Antes de que vayamos más allá, reconozcamos que las cuestiones de si las diferentes especies de animales sienten dolor y cómo lo sienten, y de si puede ser justificable infligirles dolor para comérselos y por qué, resultan ser extremadamente complejas y difíciles. Y la neuroanatomía comparativa solo es una parte del problema. Como el dolor es una experiencia mental totalmente subjetiva, no tenemos acceso directo al dolor de nadie ni de nada más que al nuestro. Y los meros principios por los cuales podemos inferir que otros seres humanos experimentan dolor y tienen un legítimo interés en no sentir dolor ya requieren filosofía avanzada: metafísica, epistemología, teoría de los valores y ética. El hecho de que ni siquiera los mamíferos no humanos más evolucionados pueden usar el lenguaje para comunicarse con nosotros sobre su experiencia mental subjetiva es únicamente la primera capa de complicación adicional a la hora de intentar extender nuestros razonamientos sobre el dolor y la moralidad a los animales. Y todo se vuelve progresivamente más abstracto y retorcido a medida que nos alejamos más y más de los mamíferos superiores y nos acercamos al ganado y los cerdos y los perros y los gatos y los roedores, y luego a los pájaros y los peces, y por último a los invertebrados como las langostas.