sábado, 18 de agosto de 2018

Exploración del mundo percibido: la animalidad



Cuando se pasa de la ciencia, de la pintura y de la filosofía clásicas a la ciencia, la pintura y la filosofía modernas, se asiste a una suerte de despertar del mundo percibido. Reaprendemos a ver este mundo a nuestro alrededor del que nos habíamos alejado con la convicción de que nuestros sentidos no nos enseñan nada válido y que tan sólo el saber rigurosamente objetivo merece ser considerado. Volvemos a estar atentos al espacio donde nos situamos, y que sólo es visto según una perspectiva limitada, la nuestra, pero que también es nuestra residencia y con el cual mantenemos relaciones carnales —redescubrimos en cada cosa cierto estilo de ser que la convierte en un espejo de las conductas humanas—, o sea, entre nosotros y las cosas se establecen, no ya las puras relaciones de un pensamiento dominador y un objeto o un espacio totalmente extendidos ante él, sino la relación ambigua de un ser encarnado y limitado con un mundo enigmático que vislumbra, que ni siquiera deja de frecuentar, pero siempre a través de las perspectivas que se lo ocultan tanto como se lo revelan, a través del aspecto humano que cada cosa adopta bajo una mirada humana1.