lunes, 15 de octubre de 2018

Los hijos de la serpiente



La evidencia antropológica y arqueológica indica la probabilidad de que los cazadores-recolectores arcaicos fueran animistas: creían que no había una separación esencial entre los humanos y los demás animales. El mundo (es decir,el valle en cuestión y las cordilleras que lo rodeaban) pertenecía a todos sus habitantes, y cada uno de ellos seguía un conjunto de reglas comunes. Dichas reglas implicaban una negociación incesante entre todos los interesados. La gente hablaba con los animales, los árboles y las piedras, así como con hadas, demonios y fantasmas. De esta red de comunicaciones surgían los valores y las normas que obligaban por igual a humanos, elefantes, robles y espectros.1