El espíritu de Goebbels está de
enhorabuena: entrados en el tercer milenio, ¡aún los hay que
emplean su propaganda y hasta la difunden! Sirviéndose del vacío
dejado por los historiadores del nazismo en torno a la protección
legislativa de los animales, en Francia, pero también en Suiza,
Italia, Estados Unidos o Alemania, se pueden escribir y proclamar a
viva voz falsedades tan evidentes como: «Hitler abolió la
vivisección», una afirmación extraída de la propaganda nazi y que
debe ser desmentida de una vez y para siempre.
El nuevo orden ecológico, de
Luc Ferry, se publicó en 19921, el mismo año de la
Cumbre para la Tierra de Río de Janeiro que impulsó los debates en
torno al medio ambiente. En Suiza, las observaciones de Ferry sobre
los animales coincidieron con el debate en torno a la abolición de
la vivisección, sometida a referéndum el 7 de marzo de 1993. El
Corriere della Sera del 19 de octubre de 1992, de amplia
difusión en el cantón italoparlante del Tesino, presentó las
conclusiones del libro de Ferry sobre los supuestos vínculos entre
la protección animal y el nazismo, un argumento ampliamente
utilizado en la campaña de prensa previa a las votaciones.
Fue la promulgación de un conjunto
integral de leyes de protección animal por parte del gobierno de
Hitler, muy en particular la ley del 24 de noviembre de 1933
(Tierschutzgesetz, Ley de Protección Animal), lo que llevó a
Ferry a vincular la compasión por los animales con el nazismo. La
breve Sección I de esta ley (9 líneas divididas en 2 párrafos),
titulada «Tierquälerei» (tortura o sufrimiento infligido a los
animales), introdujo un nuevo criterio para la evaluación del
sufrimiento animal: «Está prohibido atormentar inútilmente
a un animal o maltratarlo brutalmente»2 (énfasis
añadido). El segundo párrafo define lo que vendría a ser un
maltrato «útil». La Sección II (Prescripciones para la Protección
de los Animales) es un catálogo de 14 formas de maltrato infligidas
a los animales, como la amputación de las ranas vivas, por ejemplo
(párrafo 12). La sección más extensa (III, Experimentación con
Animales Vivos) aborda una de las controversias más importantes del
siglo XIX: la «vivisección». Las secciones IV y V, de carácter
puramente jurídico, especifican los procedimientos de aplicación de
la ley, a la que en adelante denominaremos «Ley del 24 de noviembre
de 1933».
Es fácil demostrar de qué modo el
gobierno de Hitler, ya en 1933, se aprovechó de la protección
legislativa de los animales, en sintonía con la totalidad de las
instituciones civiles, intelectuales y culturales alemanas, para
disfrazarse de humanista (véase más adelante «Nuestro Führer ama
a los animales»). Se trataría simplemente de una de sus muchas
estratagemas propagandísticas si no fuera por su inesperada
resonancia contemporánea. Muchos autores franceses, basándose en
especial en Des Animaux et des Hommes, publicado por Luc Ferry
en 1994 en colaboración con Claudine Germé, toman al pie de la
letra el mito de la supuesta zoofilia nazi, amplificándolo y
extrayendo conclusiones precipitadas. A ello dedicaremos el segundo
capítulo: «El nacimiento y la propagación de un mito».
I- «NUESTRO FÜHRER AMA A LOS
ANIMALES»
1- DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA
La prioridad de los nazis cuando
tomaron el poder fue infundir su valor. Ya el 2 de febrero de 1933
Hitler proclamó: «Que Dios Todopoderoso nos conceda su gracia, guíe
nuestra voluntad, bendiga nuestra inteligencia y nos conceda la
confianza del pueblo para luchar, no por nosotros mismos, sino por
Alemania»3. Joseph Goebbels, ministro de Propaganda,
relata en su diario cómo, a partir de marzo de 1933, se propuso
presentar una imagen positiva de Adolf Hitler, el hombre reservado,
antes conocido sólo como político. Hitler fue retratado como un
hombre «tan sencillo como bueno», «que sólo piensa en su trabajo
y sus deberes» y es «amable y cariñoso con los niños». El amor
por la naturaleza, muy extendido en Alemania, sobre todo entre los
antiguos miembros de los Wandervögel («Aves Migratorias», un
movimiento juvenil muy popular), y por los animales era, por otro
lado, el distintivo característico de cualquier hombre bueno. En
Las conversaciones privadas de Hitler, éste se proclama un
«Tierliebhaber» (traducido comúnmente como «amante de los
animales»)4, aunque en realidad sólo era amante de los
pastores alemanes. El Führer
creía indigno dejarse fotografiar, así fuera por Hofmann
(convertido en su fotógrafo oficial), en compañía de los bichones
de Eva Braun, a los que consideraba sólo aptos para las mujeres. En
una serie de postales muy populares, el fotógrafo «captura» a
Hitler saliendo furtivamente de una iglesia, con una cruz recortada
sobre su cabeza descubierta, acariciando niños o meditando en la
naturaleza en compañía de su perro Blondie.
Los escritos de Hitler sobre animales
son muy escasos. En Mi lucha se leen algunas referencias a la
naturaleza como modelo y justificación de su tesis racista, la
selección natural y la violencia. También hay algunas historias
sobre perros, por ejemplo, en el frente, a veces narradas por Baldur
von Schirach, cuyo perro, regalo de Hitler, ¡se lanzaba sobre
cualquiera que hiciera el saludo nazi! También sabemos, en
particular por Albert Speer, que el Führer aburría a menudo a sus
invitados de su chalet de Obersalzberg con sus interminables
diatribas sobre los perros lobo. En Las conversaciones privadas de
Hitler, meticulosamente registradas entre 1941 y 1942 en cerca de
500 páginas, la palabra «animal» aparece 18 veces; además de
justificaciones rudimentarias del neodarwinismo («los gatos no
tienen piedad de los ratones»), hay dos pasajes más largos (págs.
241-242, 431-432) donde habla del vegetarianismo como estilo de vida,
seguido del inevitable elogio de Blondie.
«En el nuevo Reich no debe haber
cabida para la crueldad con los animales»5. Esa es la
teoría, pero la realidad es muy diferente: «¡Dicha para Blondie
Hitler, desdicha para Minet Klemperer, cuyo amo es judío!». Victor
Klemperer, primo del famoso director de orquesta, y que sobrevivió
en Alemania gracias a estar casado con una mujer aria, da testimonio
de este hecho poco conocido: «Ya no tenía derecho a pagar una cuota
a la SPA (Sociedad Protectora de Animales) para los gatos, pues en la "Institución Alemana de Gatos" (así era llamado entonces el
boletín de la sociedad, convertido en órgano del Partido) ya no
había lugar para las criaturas "perdidas para la especie"
(Artvergessen) que convivían con judíos. Más tarde nos
quitaron y luego mataron a nuestros animales domésticos, gatos,
perros e incluso canarios: lejos de ser casos aislados, atrocidades
esporádicas, se trataba de una intervención oficial y sistemática,
y es una de las crueldades de las que ningún juicio de Nuremberg ha
dado cuenta alguna...»6.
2- LA LEY DE
PROTECCIÓN ANIMAL
Las sucesivas leyes y decretos de
protección animal formaron parte de la subyugación del régimen
nazi, la «Indoktrinierung»7, de todas las
estructuras de la sociedad civil, cuyo episodio más famoso fue la
quema de libros prohibidos, conocida como «auto de fe». Resulta
sorprendente que la Ley de Protección Animal del 24 de noviembre de
1933 nunca haya sido citada por los historiadores como el ejemplo
perfecto de adoctrinamiento mediante persuasión relativa, al menos
inicialmente, antes de que, el 11 de agosto de 1938, las asociaciones
de protección animal se unificaran en una estructura nazi, cuya rama
felina menciona Klemperer más arriba.
La ley del 24 de noviembre de 1933
formó parte de un torrente legislativo que abarcó todos los ámbitos
y que surgió de las administraciones nazis a partir de 1933. Sólo
durante los once meses de actividad del gabinete de Hitler se
registraron cinco volúmenes que abarcaban 2.839 páginas. En abril
de 1933, el Boletín Oficial del Reich publicó casi treinta
leyes sobre todos los temas imaginables. El jurista alemán Hubert
Schorn8 demuestra que el frenesí legislativo nazi fue
simplemente un pretexto para tomar el poder político: estos textos,
a menudo inocuos, a veces incluso válidos (aulas abarrotadas,
protección materna), ocuparon un lugar central en un escenario donde
estaba sucediendo algo completamente diferente. Ya en 1934, Schorn
identificó una arraigada ilegalidad que guardaba las apariencias
gracias a un legalismo exacerbado: Ulrich Linse evoca este fenómeno
en relación con las leyes que protegían una naturaleza cuya
destrucción estaba en curso9. En el terreno de los
animales, los textos sobre el sacrificio del 21 de abril de 1933 (4
párrafos) y la modificación del antiguo código penal (16 de mayo
de 1933) preceden (entre otros textos) a la ley del 24 de noviembre
de 1933, que Luc Ferry insiste en describir como una creación
personal de Hitler.
No hay duda de que cualquier
declaración de Hitler sobre la protección de los animales habría
sido citada hasta el hartazgo por su corte de aduladores y
obligatoriamente tomada como referencia por los juristas, empezando
por los de su propio gabinete. No hay nada de eso. El primer
comentarista de la primera edición de la ley del 24 de noviembre de
1933, en las Legislaciones del Gabinete de Hitler10,
ofrece como única «justificación» («Begründung») la
voluntad del pueblo de proteger a los animales. Del igual modo, las
tesis jurídicas sobre la legislación animal escritas bajo el
nazismo se limitan a mencionar, y sólo en muy raras ocasiones,
algunos pasajes de Mi lucha para justificar su concepción del
mundo. No aparece ningún texto de Hitler sobre la protección de los
animales, a pesar de la obligatoria y obsequiosa reverencia debida al
Führer, ni tampoco en el larguísimo Kommentar de Giese y
Kahler sobre la ley del 24 de noviembre de 1933, concebido en la
tradición del derecho alemán y tan amante de las justificaciones.
Los discursos de Hitler, publicados íntegramente, no parecen
contener una sola mención a la palabra «animal»11. El
tema de los animales tampoco aparece en las recopilaciones más
importantes de las sentencias y los pensamientos del Führer,
publicadas por la propaganda nazi, que abarcan todos los ámbitos,
éticos, religiosos y culturales. Por lo tanto, permítasenos imitar
a Santo Tomás y creer sólo en los documentos visibles, a la espera
de la revelación de los invisibles.
No es imposible que Hitler aprobara con
unas pocas palabras la ley que firmó el 24 de noviembre de 1933,
pero nuestra investigación no puede dar crédito a las repetidas
afirmaciones de Luc Ferry, siempre desprovistas de cualquier
referencia, sobre el papel personal desempeñado por Hitler en la
protección de los animales, tales como:
«Hitler […] hacía de ello un asunto personal»;
«...para evitar la crueldad con los animales. Es en nombre de esta voluntad, abrazada por el propio Hitler, [que se promulgaron las leyes de protección]»;
«...no es casualidad, en este sentido, que sea al régimen nazi y a la voluntad personal de Hitler a quienes debamos aún hoy las dos leyes más elaboradas que haya conocido la humanidad en materia de protección de la naturaleza y de los animales»;
«Hitler insistió en supervisar personalmente la redacción de esta ley gigantesca (¡más de 180 páginas!)»12
Además, sabemos, por numerosos
relatos, de la aversión que el Führer le tenía a la administración
y al trabajo legislativo, perfectamente documentada por Ian Kershaw:
«En un proceso tan engorroso como ineficiente, [Hitler] forzó el
envío de borradores entre ministerios hasta llegar a un acuerdo.
Sólo en esta etapa, e incluso entonces, requerida su aprobación
frente a un contenido que le había sido resumido brevemente, Hitler
firmaba el texto generalmente sin siquiera molestarse en leerlo,
convirtiéndolo en ley»13.
La ley del 24 de noviembre de 1933 fue,
en realidad, el resultado de largas consultas entre defensores del
bienestar animal, que culminaron en un texto conjunto redactado
alrededor de 1927 bajo la dirección del jurista Fritz Korn14.
A partir de entonces, esta propuesta fue objeto de reiteradas
discusiones entre las asambleas regionales y el Parlamento del Reich,
cada una de las cuales se declaró incompetente. En 1933, una vez
más, y aparentemente desde el principio, el borrador fue enviado al
nuevo gobierno. Aterrizó en el gabinete de Hitler. Los comités
jurídicos, ya sobrecargados de trabajo, encontraron el documento «ya
elaborado», según el testimonio recabado en 1970 por el profesor A.
Ketz, quien había participado en el proceso de elaboración previo a
193315. Los juristas nazis hicieron un uso evidente de
este trabajo legislativo, considerable a pesar de su brevedad, e
imposible de haber sido preparado en tan poco tiempo. La Sección II
(el catálogo de prohibiciones) incorpora las demandas de numerosos
autores anteriores. Los nazis aprovecharon claramente esta
oportunidad para centralizar las organizaciones de bienestar animal y
ponerlas bajo su control. Sin embargo, la ley del 24 de noviembre de
1933 logró finalmente la unificación legal nacional y la
consolidación de la información en un único texto de referencia,
algo que los jueces habían anhelado durante mucho tiempo. Su
redacción fue juiciosa, y las penas se incrementaron. La lista de
prohibiciones de la Sección II, ahora sujeta a sanciones penales, se
percibió como una victoria sin precedentes. De hecho, la
jurisprudencia de los años nazis parece mostrar pocos cambios reales
en el trato a los animales. Sin embargo, la ley del 24 de noviembre
de 1933, ampliamente difundida, recibió una acogida favorable en
Francia. El Ministerio de Propaganda nazi capitalizó este éxito
internacional. Algunos funcionarios de alto rango, como Heinrich
Himmler, proclamaban que esta legislación era una prueba del elevado
nivel cívico de la Alemania nazi. Joseph Goebbels no parece haber
intervenido personalmente en la ley del 24 de noviembre de 1933. Sin
embargo, la supo explotar bien para su objetivo propagandístico,
expuesto de forma explícita en 1933: dotar al Führer de un rostro
humano. Más de medio siglo después, ese «rostro humano» de Hitler
se vio enriqueció aún más gracias a Luc Ferry, que le atribuye «el
deseo de evitar la crueldad para con los animales, un propósito tan
valioso para el propio Hitler»16. Hermann Göring fue aún
más lejos. Su exclusiva: «los nazis abolieron la vivisección»,
reaparece en Francia en 1999, en los escritos de Paul Ariès: «Los
nazis, por su parte, eran antiviviseccionistas»17.
II- EL NACIMIENTO Y LA
PROPAGACIÓN DE UN MITO
1- LAS SORPRENDENTES TRAMPAS DE LUC
FERRY
En su libro de 1994, Des Animaux et
des Hommes, Luc Ferry publica (pág. 513) un fragmento de la
edición de 1939 del Kommentar (escrito, cabe destacar, por
Giese y Kahler) en forma de traducción de las primeras nueve líneas
y media de la página 19. Ferry titula este extracto: «Artículo 1
de la Ley del 24 de noviembre de 1933 sobre la protección de los
animales: Crueldad hacia los animales, Berlín, 24 de noviembre de
1933». Bajo este fragmento, Luc Ferry añade las firmas de Hitler,
«el ministro de Justicia, el Dr. Gürtner, el ministro del Interior
y el ministro Hermann Göring». Por supuesto, estas firmas no
aparecen bajo el fragmento del Kommentar escrito por Giese y
Kahler. Además, Göring no firmó la ley del 24 de noviembre de
1933, como demuestra el Boletín Oficial Alemán del 25 de
noviembre de 1933. Mediante el título y las firmas, Luc Ferry
demuestra con claridad confundir el Kommentar con la ley. Un
pasaje de su libro de 199218 refleja la misma imprecisión,
la misma confusión o el mismo artificio. Ferry no aporta a ese
respecto ninguna cita ni analiza ningún extracto. Si bien es cierto
que el Kommentar explica la ley con mayor detalle que una
circular, de ninguna manera puede sustituir a la ley del 24 de
noviembre de 1933, publicada íntegramente en el mismo Kommentar
(págs. 262-268). Además, en la página 19, citada por Luc Ferry, se
encuentra la referencia a la ley en el Boletín Oficial Alemán
(RGBI. S. 987), que Ferry no consultó. Sorprende por ello que se
extraigan tantas referencias al Boletín Oficial Alemán del
texto del Kommentar,
incluidas por Ferry en notas a pie de página19. A
primera vista, esta pseudoerudición impresiona a los lectores. Yo
misma me vi tan intrigada que no pude resistirme a consultar el
Reichsgesetzblatt (Boletín Oficial Alemán) original,
¡perfectamente disponible en París!
Hemos
visto que ya en 1992 Ferry atribuía a la ley de 1933, con la que no
estaba familiarizado, «un alcance sin igual»20. En 1998,
en una publicación de la UNESCO, lo especifica: «Hitler insistió
en supervisar personalmente la redacción de esta ley gigantesca
(¡más de 180 páginas!)»21. La flagrante
inverosimilitud de la información no desanimó a sus seguidores22.
Jean-Pierre Digard23, entre otros, aconsejó a sus
lectores consultar «los textos legislativos del Tercer Reich
recopilados por Ferry y Germé».
Aún más teatral es la aparición de
la firma de Hitler bajo la (supuesta) ley del 24 de noviembre de 1933
(o, mejor dicho, ¡en lugar de las firmas de los autores del
Kommentar!). La firma de leyes por parte de Hitler es una
coyuntura jurídica derivada de su toma de poder el 30 de enero de
1933, un poder legislativo que se vería incrementado en abril de
1933; es un detalle puramente político, que en modo alguno denota un
interés particular del Führer por los animales. Esta puesta en
escena de una certeza jurídica pretende, obviamente, asociar un
nombre de tan horrible recuerdo a un texto particular. Cuesta creer
que semejante artificio haya podido convencer a nadie, pero ese es
precisamente el caso de Djénane Kareh Tager, quien, en L'Actualité
religieuse (15 de julio de 1996, pág. 24), escribe: «El exergo
de la ley está firmado por Adolf Hitler». El término «exergo»,
ajeno al vocabulario legislativo, delata el paso de la realidad
jurídica al terreno de la fantasía.
La única referencia de Luc Ferry a la
supuesta implicación personal de Hitler en favor de los animales se
encuentra en el texto tardío (1938) que abre la edición de 1939 del
Kommentar. Krebs, director del órgano nazi que agrupaba a
todas las asociaciones de protección animal, lo menciona como una
«instrucción de nuestro Führer», acompañándolo de la frase: «En
el nuevo Reich no debe haber cabida para la crueldad con los
animales». Ferry toma esta única referencia, extraída de la
propaganda nazi en el momento del decomiso de todas las asociaciones
de protección animal, y la transforma en la «fórmula de Hitler
[sic] que inaugura la Tierschutzgesetz»24. Según
Le Point25, la frase está tomada de un «discurso
de Hitler [sic]», expresión citada sin referencia. Según Ferry,
Hitler hizo de esta ley un «asunto personal», o, mejor dicho:
«Hitler insistió en supervisar personalmente la redacción de esta
ley gigantesca (¡más de 180 páginas!)»26. La
imaginación de Luc Ferry no es menos vívida en lo que atañe a la
«vivisección».
2- EL ANIMAL EN EL UNIVERSO NAZI
Ya a finales de agosto de 1933, Hermann
Göring lanzó la sensacional historia de la supuesta abolición de
la vivisección, pronto confirmada por la circular provisional del 13
de septiembre de 1933, vigente durante unas semanas hasta la
promulgación de la ley del 24 de noviembre de 1933, cuyo tercer
artículo prefiguraba. El término «vivisección» fue eliminado de
la circular, pero no la práctica en sí (la experimentación con
animales vivos). La exclusiva, «La vivisección queda abolida en
Alemania», se presentó astutamente como un texto legislativo, o al
menos oficial, acompañado de terribles penas para los infractores,
incluyendo el encarcelamiento en un campo de concentración; una
sanción que sin duda condujo al cierre de algunos laboratorios y a
la supresión de las asociaciones antiviviseccionistas que llevaban
ese nombre. La noticia se extendió inmediatamente por todo el mundo,
retransmitida por la radio alemana, con fuerte presencia en Estados
Unidos, y por los grupos de defensa de los animales. En la práctica,
la ley del 24 de noviembre de 1933 reiteró muchas disposiciones
anteriores: la autorización a los investigadores para supervisar de
cerca la experimentación, la recomendación del uso de anestésicos
siempre que fuera posible, el sacrificio rápido de los animales, la
limitación de los experimentos con fines educativos, la publicación
de resultados restringida exclusivamente a revistas científicas,
etc. Luc Ferry consideró que la preocupación nazi por los animales
de laboratorio se «adelantaba cincuenta años (o incluso más) a su
tiempo». En realidad iba 57 años tarde, ya que las primeras
regulaciones, británicas, datan de 1876, seguidas por dos leyes
prusianas del 22 de febrero de 1885 y el 20 de abril de 1930, y por
la legislación de muchos otros países europeos. Luc Ferry es más
cauteloso respecto a la acusación contra los defensores de los
derechos de los animales que supuestamente abogaban por la
sustitución de los animales por humanos, especialmente en los campos
de concentración. Se limita a escribir: «La alianza de la zoofilia
más extrema no se quedó sólo en palabras, sino que se plasmó en
hechos»27, y reserva para sus numerosas entrevistas la
clave de esta última y aterradora consecuencia de la protección
animal. La lectura de los Juicios de Núremberg, en particular los de
los médicos, tal como los relata F. Bayle, desmiente esta abominable
alusión: había al menos tres laboratorios de animales establecidos
en campos de concentración, y unos cincuenta testimonios demuestran
que los experimentos con animales, a menudo publicados, precedían a
los horrorosos experimentos con «sujetos humanos»28.
Ferry creía ver en la ley de 1933 el
fin del antropocentrismo: «No es el interés del hombre el motivo
subyacente: se reconoce que el animal debe ser protegido como tal
(wegen seiner selbst)». Esta última formulación es, de
hecho, utilizada por el Kommentar. Es cierto que la ley de
1933 nació de activistas por los derechos de los animales
interesados en romper con la antigua concepción, la única
aceptable y aceptada a principios del siglo XIX, que limitaba las
repercusiones del maltrato animal a lo que afectaba a la moralidad
humana. Sin embargo, contradictoriamente, el Kommentar
advierte de inmediato al lector (pág. 15): la ley nacionalsocialista,
que garantiza una protección más eficaz de los animales, «plantea
la cuestión de si un animal podría considerarse capaz de poseer
personalidad jurídica que lo dotara del derecho a una reclamación
subjetiva de protección... La respuesta a esta pregunta debe ser
negativa; el titular de derechos sólo puede ser un individuo humano o la
comunidad humana, y no un animal (énfasis añadido)...
Legalmente hablando, un animal será considerado una cosa (als
Sache gewertet)». El daño a un animal perteneciente a un
tercero sólo puede tenerse en cuenta en virtud del artículo 303 del
Código Penal, siempre que el acto no constituya tortura. Esto
significa que el animal sigue siendo considerado como cualquier otra
propiedad. Esta idea fue desarrollada o expresada posteriormente por
juristas nazis, demostrando la subyugación legal de los animales a
los humanos (¡arios, por supuesto!). Baste citar aquí la tesis de
Albert Lorz29, convertido en el mayor experto en
legislación animal alemana hasta la fecha. Lorz escribe que es un
principio moral completamente elemental que los humanos puedan usar y
abusar de los animales para sus propios fines. Para una traducción
más precisa, se debería usar la expresión consagrada por el
derecho de propiedad: uso y abuso, expresada por dos pares de verbos
alemanes: benutzen y abnutzen, brauchen y
verbrauchen. El segundo término indica una mayor degradación,
incluso hasta el punto de la aniquilación del «objeto», es decir,
la muerte del animal, pero excluye paradójicamente el «missbrauchen»
(el maltrato). Esta concepción del animal como mero objeto de
propiedad se mantiene próxima al derecho romano; en una discusión
más extensa, nos invitaría a matizar una oposición demasiado
simplista entre una tradición nórdica supuestamente favorable a los
animales y la exaltación del hombre en una tierra tan soleada como
supuestamente cartesiana.
En cuanto a la pretensión nazi de
proteger a todos los animales, incluidos los salvajes, que Luc Ferry
considera un peligro para el humanismo y la humanidad, se trata de
una pretensión jactanciosa basada en la ley del 24 de noviembre de
1933, que, en la práctica e incluso en su redacción, se refiere
únicamente a los animales domésticos, con la excepción, no
obstante, de los peces y las ranas. Un simple vistazo a la lista de
«plagas» que pueden cazarse en cualquier circunstancia, o a la
lista de «especies inferiores» que deben favorecerse en la
experimentación animal, basta para refutar la supuesta igualdad nazi
de todos los animales.
Desde el inicio del texto de 1933,
quedó claro que el criterio para el sufrimiento aceptable ante la
ley era la utilidad. Este elemento subjetivo, es decir, el interés
humano, autoriza de facto la experimentación con animales, la cual,
sin esta cláusula, no habría podido ser abordada en la Sección III
de la ley del 24 de noviembre de 1933. Este criterio de utilidad deja
obsoleto y reemplaza el concepto de «exhibición» del antiguo
código penal: la crueldad infligida a un animal sólo era
reprensible si se llevaba a cabo en público, pues se consideraba que
ofendía la sensibilidad de los testigos. Para atormentar a un animal
de forma impune, bastaba con ocultar el acto.
La eliminación de dicho criterio sigue
siendo una victoria práctica para la protección animal, pero no
teórica. De hecho, el criterio de la utilidad se establece en
relación con los humanos y muy raramente con los animales (por
ejemplo, en veterinaria), y la ley del 24 de noviembre de 1933 es, en
realidad, sólo una nueva faceta del antropocentrismo. El criterio de
la exhibición, que al menos reflejaba una cierta sensibilidad y
concedía un cierto peso a la opinión pública, es reemplazado por
una evaluación no menos arbitraria: ¿quién juzgará si el arrastre
de piedras impuesto a los caballos es excesivo o si las corridas de
toros son esenciales para la salud mental de sus espectadores?
¿Cuáles son los criterios de la utilidad? Lejos de ser asesinado
por los nazis, como proclamó Ferry, el antropocentrismo obtiene un
reconocimiento oficial en la legislación del 24 de noviembre de
1933; a partir de entonces, lo que es útil para los humanos
prevalece sobre todo lo demás. Es también a esta faceta de la ley a
la que se adhiere el propio Luc Ferry sin saberlo, ya que en 1998
reivindicó evitarles «sufrimientos innecesarios»30 a
los animales.
3. LOS SEGUIDORES DE LUC FERRY
Desde la publicación de El nuevo
orden ecológico, muchos autores se hicieron eco de las
afirmaciones de Ferry, casi siempre sin citar la fuente. François
Reynaert endureció el vocabulario de Ferry al escribir en Le
Nouvel Observateur que el Führer había «exigido» la ley de
protección animal31. En su tesis jurídica, defendida en
la Universidad de Nantes, Martine Leguille-Balloy llegó a escribir:
«¿No deberíamos recordar que Hitler fue el mayor defensor de los
animales de nuestro siglo?»32. En 1993, Janine Chanteur
retomó el argumento de Ferry para reforzar su defensa del
antropocentrismo: «La inclinación [del nacionalsocialismo] a
reconocerles derechos a los animales antes que a los humanos»
(énfasis añadido) expresa un amenazante cambio de fortuna. La
autora ni siquiera cuestiona la plausibilidad de lo que afirma; lo
acepta como evidente, algo que Jean-Pierre Digard deja aún más en
claro: «Con Hitler, a menudo fotografiado con sus queridos pastores
alemanes, y la legislación del Tercer Reich, que era la más
favorable a los animales, pasamos de la ficción a la historia»
(énfasis añadido). Otros autores, particularmente católicos33,
advierten contra la legislación que protege a los animales apelando a la misma falsedad; como Luc Ferry, ignoran que el Catecismo de la
Iglesia Católica (§ 2418) abraza el criterio de la ley del 24
de noviembre de 1933 respecto a la «utilidad» del sufrimiento
infligido a los animales, otorgándole un alcance amplio.
La típica grandilocuencia del mito,
presente en la obra de Ferry (una ley de 180 páginas, una
bibliografía de 600 páginas sobre animales)34, es
amplificada de diversas maneras por sus imitadores. Janine Chanteur35
la extiende a la memoria colectiva con la frase: «recordemos», lo
que significa que el hecho citado («la inclinación... del
nacionalsocialismo a reconocerles derechos a los animales antes que a
los humanos») está inscrito en la memoria colectiva, formando parte integral de un cuerpo de conocimiento reconocido por todos,
aceptado como evidencia sin demostración, y convertido así en axioma.
La amplificación de los argumentos esgrimidos puede llegar al
absurdo. Leemos, por ejemplo: «La legislación de 1933 y 1934 en la
Alemania nazi fue la primera disposición legal para la
defensa de los derechos de los animales y la protección de la
naturaleza» (énfasis añadido); o aun más: «El
nacionalsocialismo, el primer régimen del mundo que codificó
la protección de los animales y la naturaleza» (énfasis añadido).
Se podría pensar que estas declaraciones están sacadas del
ministerio de Goebbels, pero, en realidad, las líneas provienen de
artículos de 1999 presentados como informativos en medios de
comunicación franceses de difusión masiva, por un periodista y un
genetista tenido por una autoridad en materia ética36.
En este breve ensayo hemos rastreado
las etapas de un tortuoso camino hacia la desinformación. Partiendo
de una premisa inventada —por la propaganda nazi—, y al amparo de
confusiones y afirmaciones infundadas, el argumento, mediante la
repetición, abraza con entusiasmo exageraciones míticas y
afirmaciones hiperbolizadas. El discurso se estereotipa, desterrado
del ámbito de la razón para convertirse en axioma, cuya
verificación es, por definición, innecesaria. Quedaría por saber
qué es lo que motiva la demonización de los esfuerzos de protección
animal mediante su asociación con una figura horrible: Hitler. Nos
basta hoy con observar que la mayoría de estos autores —académicos de
alto rango, juristas, filósofos, figuras religiosas, científicos,
periodistas de resonancia y profesionales del discurso intelectual e
informativo— siguen, sin la menor vacilación, los pasos mesurados
de una campaña de desinformación que bien podría alcanzar la
categoría de clásico.
Elisabeth Hardouin-Fugier, 2002.
NOTAS:
1 – Luc Ferry, Le Nouvel Ordre
écologique, l’arbre, l’animal et l’homme, París, Bernard
Grasset, 1992 (en adelante abreviado como: Ferry
1992) [trad. cast.: El nuevo orden
ecológico, Tusquets, 1994].
2 – Texto oficial del
Reichsgesetzblatt, Boletín Oficial del Reich, nº 132, del 25
de noviembre de 1933, págs. 987-988, una columna pág. 989.
Traducción del Boletín Jurídico del Comité Internacional, BJCI,
1933, págs. 33-37. La traducción de Tierquälerei puede
parecer deficiente, dado el uso más extendido, incluso en
diccionarios de prestigio, de la traducción de «Quälerei»
como tortura.
3 – Discours radiodiffusé de Hitler,
1/2/1933, citado por Alfred Grosser, Hitler, la presse et la
naissance d’une dictature, París, Armand Colin, 1959, pág.
134.
4 – Henry Picker, Hitlers Tischgespräche in
Führerhauptquartier, 1941-1942 (Charla en el cuartel general
del Führer, 1941-1942), Stuttgart, Seewald Verlag, 1976, 3.ª
edición, comentada, pág. 92 [trad. cast.: Anatomía de un
dictador, Grijalbo, 1965]. También sugiere la traducción
«amante de los animales».
5 – «Prólogo» en Cl. Giese y W.
Kahler, Das deutsche Tierschutzrecht, Berlín, Friburgo, Otto
Walter, 1939 (en adelante abreviado como: Kommentar), citado
por Luc Ferry y Claudine Germé, Des Animaux et des Hommes,
París, Librairie Générale française, 1994, en particular págs.
506, 507, 513, 514 (en adelante abreviado como: Ferry 1994). Otra
obra de Luc Ferry que en adelante será citada de forma abreviada:
«L’Europe des nations face aux droits des animaux», en L’Éthique
du vivant, Denis Noble y Jean-Didier Vincent (eds.), UNESCO,
1998, abreviado: Ferry 1998.
6 – Victor Klemperer, La Langue
du IIIe Reich, París, Albin Michel, 1996, Leipzig, 1975, pág.
140 [trad. cast.: LTI. La lengua del Tercer Reich, Minúscula,
2001].
7 – Más a menudo encontramos:
«Gleichschaltung».
8 – Hubert Schorn, Die Gesetzgebung des National Sozialismus als Mittel des Machtpolitik, Frankfurt, Vittorio Klostermann, 1963, pág. 19.
8 – Hubert Schorn, Die Gesetzgebung des National Sozialismus als Mittel des Machtpolitik, Frankfurt, Vittorio Klostermann, 1963, pág. 19.
9 – Ulrich Linse, Ökopax und
Anarchie, Deutsche Taschenbuch Verlag, 1986, pág. 50.
10 – Werner Hoche, Die Gesetzgebung..., op. cit., Heft I, pág. 702, 712 ; comentarios reproducidos en el Deutscher Reichsanzeiger und Preussischer Staatsanzeiger nº 281, 12/1/1933, luego en las sucesivas introducciones de Giese, Reichsgesetzblatt, Teil I, 25/11/1933, nº 132, pág. 989.
11 – Max Domarus, Hitler Reden und Proklamationen, 1932-1945, Neustadt Schmid, 1962.
10 – Werner Hoche, Die Gesetzgebung..., op. cit., Heft I, pág. 702, 712 ; comentarios reproducidos en el Deutscher Reichsanzeiger und Preussischer Staatsanzeiger nº 281, 12/1/1933, luego en las sucesivas introducciones de Giese, Reichsgesetzblatt, Teil I, 25/11/1933, nº 132, pág. 989.
11 – Max Domarus, Hitler Reden und Proklamationen, 1932-1945, Neustadt Schmid, 1962.
12 – Ferry 1992, pág. 182 ; 1992,
pág. 206 et 1994, pág. 514 ; 1992, pág. 29 ; 1998, pág. 73, en el
orden de las citas. Este tipo de afirmación se repite con
frecuencia, con variaciones, por ejemplo, en Le Point, «Les
animaux ont-ils des droits», 1/4/1995, págs. 85-90.
13 – Ian Kershaw, Hitler, essai
sur le charisme en politique, París, Gallimard essais, 1995,
pág. 753 [trad. cast.: El
mito de Hitler,
Crítica, 2019].
14 – Fritz Korn. Die
strafrechtliche Behandlung der Tierquälerei, Meissen, Bohlmann,
1928, y «Die Tierquälerei in der Rechtsprechung», en Archiv
für Rechtspflege in Sachsen, VI, 1929, págs. 331-340; también
F. Korn, Kommentar zum Reichs-Tierschutzgesetz vom 24 de noviembre
de 1933, Meissen, Matthaüs Hohlmann, sin fecha (parece datar de
los primeros meses de 1934).
15 – Barbara Schröder, Das
Tierschutzgesetz vom 24.11.1933 zur Dokumentation der Vorgeschichte
und der Änderungsvorschläge, Inaugural Dissertation
zur Erlangung des Grades eines Doktors der Veterinärmedizin an der
Freien Universität Berlin, 1970. págs. 9 a 11.
16 – 1992, pág. 206.
17
– Golias, nov.-dic. 1996, «Les amis des bêtes», pág.
36.
18 – Ferry, 1992: «Contiene, en unas trescientas páginas densas, todas las disposiciones legales relativas a la nueva legislación, así como una introducción que expone los motivos filosóficos y políticos de un proyecto cuyo alcance, de hecho, no tenía precedentes en aquel momento» (pág. 181). «[Las tres leyes] llevan, además de la del Canciller, las firmas de los principales ministros implicados: Goring, Gürtner, Darré, Frick y Rust» (pág. 182).
18 – Ferry, 1992: «Contiene, en unas trescientas páginas densas, todas las disposiciones legales relativas a la nueva legislación, así como una introducción que expone los motivos filosóficos y políticos de un proyecto cuyo alcance, de hecho, no tenía precedentes en aquel momento» (pág. 181). «[Las tres leyes] llevan, además de la del Canciller, las firmas de los principales ministros implicados: Goring, Gürtner, Darré, Frick y Rust» (pág. 182).
19 – Ferry 1994, 6 referencias en la 512.
20 – 1992, págs. 181-182.
21 – 1998, pág. 73. Recordemos que
cabe en dos páginas y un tercio del Boletín Oficial Alemán.
22 – Jean-François Six, «Existe-t-il
un droit de l’animal?», en Pour une éthique du transport et
de l’abattage des animaux de boucherie, 24/10/1995, París,
INRA, Interbev, págs. 3-44; «L'animal est-il un sujet de droit?»,
en L’Homme et l’animal, un débat de société, París,
INRA éditions, 1999, págs. 41-59.
23 – Jean-Pierre Digard, Les
Français et leurs animaux, París, Fayard, nota 73, pág. 247.
«El nacionalsocialismo alemán, que tenía la legislación más
favorable para los animales», afirma también en «La compagnie de
l'animal», en Boris Cyrulnik (ed.), Si les lions pouvaient
parler, París, Gallimard Folio, pág. 1054.
24 – 1992, pág. 183.
25 – Le Point, 1/4/1995, pág.
89.
26 – Respectivamente: 1992, pág. 182
y 1998, pág. 73.
27 – 1992, pág. 184.
28 – Élisabeth Hardouin-Fugier, «L'Animal de laboratoire sous le nazisme», CD-ROM, Colección Dalloz 19/2002 y sitio web de Dalloz; François Bayle, Croix gammée contre caducée, les expériences humaines en Allemagne pendant la Deuxième guerre mondiale, la autora, 1950.
28 – Élisabeth Hardouin-Fugier, «L'Animal de laboratoire sous le nazisme», CD-ROM, Colección Dalloz 19/2002 y sitio web de Dalloz; François Bayle, Croix gammée contre caducée, les expériences humaines en Allemagne pendant la Deuxième guerre mondiale, la autora, 1950.
29 – Albert Lorz, Die
Tiermisshandlung in Reichstierschutzgesetz, Gunzburgi, Karl
Mayer 1936, pág. 39.
30 – 1998, pág. 75.
31
– Le Nouvel Observateur, n° 1460, 1992, pág.
18.
32 – Évolution de la
réglementation de protection des animaux dans les élevages en
Europe, 2 de abril de 1999.
33 – Entre los autores que destacan
el supuesto vínculo entre el nazismo y la protección de los
animales: Jean-François Six, op. cit., 1995, págs. 3-44; L’homme
et l’animal, un débat de société, 1999, págs. 41-59;
Jean-Pierre Digard, op. cit., 1999, pág. 215; René Coste, Dieu
et l’écologie, éditions ouvrières, París, 1994, pág. 33.
34 – 1992, pág. 80, nota 9.
35 – Janine Chanteur. Du Droit
des bêtes à disposer d’elles-mêmes, París, le Seuil, 1993,
pág. 11.
36 – Sophie Gherardi, «La Deep
Ecology comme anti-humanisme», Le Monde des Débats, mayo
de 1999, pág. 15; Axel Kahn, «Haro sur l’humanisme», L’Humanité,
jueves 30 de diciembre de 1999, págs. 12-13.
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Traducción: Paulette Gaillard & Igor Sanz
Texto original: La protection législative de l’animalsous le nazisme
Traducción: Paulette Gaillard & Igor Sanz
Texto original: La protection législative de l’animalsous le nazisme
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