miércoles, 11 de marzo de 2026

Vivisección



Es muy raro dar con una discusión racional en torno a la vivisección. Quienes la condenan suelen ser acusados ​​de sentimentalistas, y muy a menudo sus argumentos hacen honor a tal acusación, pintando imágenes de lindos perritos amarrados a horribles mesas de laboratorio. Pero el otro bando se expone a la misma denuncia: también ellos suelen defender la práctica dibujando imágenes de mujeres y niños sufrientes cuyo dolor sólo puede aliviarse (se nos asegura) con los frutos de la vivisección. Ambas apelaciones apuntan por igual al sentimiento, a ese sentimiento particular que llamamos compasión. Y ninguna de las apelaciones prueba nada. Si la cosa es correcta —y si es correcta, es un deber—, entonces la compasión por el animal es una impulso que ha de resistirse en pos de cumplir con el deber. Si la cosa es incorrecta, entonces la compasión por el sufrimiento humano es sólo una incitación a cometer la cosa incorrecta. Entretanto, la pregunta capital —si es correcta o incorrecta— permanece inmutable.