lunes, 26 de julio de 2021

Reverencia por la vida

 
Aunque son muchas las personas de occidente que han escuchado la frase "reverencia por la vida", probablemente sean pocas las que comprendan toda la profundidad de su significado e implicaciones, y aún menos sin duda quienes la practiquen. No encierra sin embargo nada de enigmático. Comprender esta idea puede ayudar mucho a simplificar y aclarar el modo y la actitud de vivir, pensar y comportarse.

La frase "reverencia por la vida" fue formulada por el Dr. Albert Schweitzer (teólogo, filósofo, médico y misionero francés, 1875-1965) para describir su fe por el valor de toda vida. La vida resulta una experiencia muy valiosa para todos los que participan en ella; no existe una vida que no tenga valor. Sin embargo, en algunas situaciones, podemos enfrentarnos a la tesitura de elegir y sopesar el valor relativo de dos formas de vida. Schweitzer dijo: "Para el hombre verdaderamente ético, toda vida es sagrada, incluso aquella que desde el punto de vista humano parece de una escala inferior. Sólo hace distinciones bajo la fuerza de la necesidad, es decir, cuando se encuentra en situación de tener que decidir cuál de entre dos vidas debe sacrificar para preservar la otra. Pero a lo largo de esta serie de decisiones... sabe que tiene la responsabilidad de la vida que se sacrifica".

El Dr. Schweitzer nos confirma de este modo que la reverencia por la vida no es una forma fanática de absolutismo, sino una escala altamente ética con la que equilibrar cualquier situación, una vara de medir nuestras actividades cotidianas. Tales medios de medición se han dado de un modo semejante en las principales enseñanzas religiosas y filosóficas de todas las partes del mundo y de todos los tiempos. La más importante y universal de todas ellas probablemente sea la Regla de Oro: debemos actuar con los demás como querríamos que ellos actuasen con nosotros.

Mucha gente —y quien escribe se encuentra definitivamente entre ellos— cree que, por norma general, se planta lo que se acaba cosechando, no cabiendo esperar otra cosa que recoger aquello que se ha sembrado a lo largo de la vida. En la filosofías orientales, a este fenómeno natural se lo conoce como "ley del karma". Karma significa, literalmente, acción, pero aquí su sentido es el de una ley natural de acción y reacción, es decir, una ley según la cual cada acción es seguida de una reacción correspondiente. No hablamos de un sistema de "crimen y castigo" al modo en que la mente humana podría concebir un método de justicia o de venganza. El karma es antes bien un servicio automático del equilibrio cósmico que favorece la oportunidad de que los individuos aprendan las lecciones de la vida a fin de que avancen y progresen en dirección a una perfección definitiva.

Su funcionamiento no es difícil de entender. Si tenemos la radio sintonizada en un determinado canal, sólo recibiremos las señales de la emisora que transmita desde esa frecuencia. Si cambiamos de canal, entonces recibiremos otra emisora y otra frecuencia diferente. Aquellas personas que van por la vida con sus mentes sintonizadas en el odio, la fricción, el conflicto y la discordia, serán víctimas constantes de estos desagradables agentes a lo largo de su vida y de lo que pueda haber después de ella —dejo las especulaciones sobre el futuro tras la muerte en manos de la teología o el agnosticismo del lector.

Estas personas tienen la habilidad de atraer las más extrañas calamidades por su propia actitud ante la vida. Ésta es para ellos un valle de lágrimas, y por eso son unos llorones. Es una jungla, por lo que actúan como la peor de las bestias. Y al hacerlo, incitan a las personas de su alrededor a actuar de un modo semejante. Las palabras, actitudes y ejemplos de todos aquellos influenciados o sintonizados en ese patrón de acción y pensamiento acaban convirtiendo esa parte del mundo en la que habitan en una jungla peor que cualquiera de las diseñadas por la naturaleza.

Se lamentan entonces de que la vida está regida por la "ley de la jungla" y de que no cabe en la civilización más regla que esa. Matar o ser matado, robar o ser robado, explotar o ser explotado. Éstas son para ellos las únicas normas válidas para la desenvoltura en esta vida. Convierten el mundo en un lugar miserable tanto para ellos mismos como para el resto de aquellos caídos en la misma línea de razonamiento. Nunca alcanzan a entender que es el fruto de su propia obra.

Sin embargo, también hay personas que transitan por la vida de forma relativamente sosegada, ayudando a los demás, sin espera de recompensas ni de aplausos, haciendo el bien por un mero sentimiento de deber. Y quiero enfatizar que sólo éste puede ser el motivo de las buenas acciones: hacer el bien por el bien mismo y no por miedo o por la expectativa de alguna compensación.

La Regla de Oro no es un sistema de trueque en el que se conceden favores a cambio de buenas obras o aportaciones. Lo que hace es iluminarnos el camino, guiarnos en dirección a una forma más elevada de conducta. Eso es suficiente. El bien que se hace en aras de la ganancia propia pierde su naturaleza en lo que concierne al hacedor: el bien hecho por el bien mismo debería ser la norma, y no la excepción.

La persona que tiene una mente serena y sosegada, una disposición tranquila y apacible, y una sonrisa sincera para los demás, encontrará que los demás le devuelven la sonrisa. Para alguien así, el mundo es una escuela que ofrece todo tipo de grandes lecciones, una educación que acepta de buen grado, con entusiasmo. Debemos reconocer varias ventajas en las buenas acciones:

    ● Ayudan a aquellos a quienes van dirigidas.
    ● Ayudan a mejorar la visión del mundo de aquellos a quienes van dirigidas.
    ● Ayudan en general a hacer del mundo un lugar mejor para vivir.
    ● Ayudan a mejorar a quienes las realizan, no como resultado de una ganancia prospectiva, sino por la pura mejora del carácter.

Resulta fácil pues entender que la práctica de la Regla de Oro contribuye a la armonía y la felicidad de los demás y de uno mismo. Los servicios altruistas en la vida ayudan a los situados en ambos extremos de la acción.

La Regla de Oro es auténtica. Nos da una base firme sobre la que construir una estructura sólida para una vida ética y un comportamiento moral. Barre de inmediato esa cínica actitud de "¿Qué gano yo?", así como filosofías del estilo de "haz lo que haga falta para lograr tu objetivo" y comportamientos tramposos, engañosos y dañinos.

HABLEMOS DE VEGANISMO

Vegano es un término que se refiere a las personas que han optado por una forma de vida guiada por la ahimsa (no-violencia) y la reverencia por la vida. El veganismo se sirve de una dieta completamente vegetal, variada y abundante. Es un modo de vida que rechaza en lo posible el uso de productos animales en alimentación, ropa, mercancías y cualesquiera otros ámbitos en que haya crueldad hacia a los animales. Esto incluye el terreno de las investigaciones, la medicina, el deporte, el entretenimiento...

Los veganos reconocen el valor de la vida de todos los seres vivos y extienden sobre ellos la compasión, la bondad y la justicia de la Regla de Oro. Los veganos ven a los animales como entidades libres de la naturaleza, no como esclavos o vasallos, ni como bienes muebles, piezas susceptibles de ser compradas y vendidas.

Un animal tiene sentimientos, un animal tiene sensibilidad, un animal tiene un lugar en la vida, y el vegano respeta esa vida que se manifiesta en él. Los veganos no desean hacer daño al animal más de lo que querrían que el animal les hiciera daño a ellos. Es un buen ejemplo de cómo ha de ser aplicada la Regla de Oro.

Los veganos viven de acuerdo con una relación ética y equitativa entre los animales humanos y los animales nohumanos. Reconocen que los alimentos de origen animal —todos ellos— y el resto de productos animales implican destrucción de vida. Esta crueldad y muerte viola las normas básicas de la humanidad y la decencia común.

Las escandalosas condiciones de esclavitud y sacrificio a que están sometidos los animales son indignas para la conciencia de cualquier persona ecuánime que observe con objetividad. Estas condiciones incluyen acortar sus vidas, criarlos selectivamente para deformar sus rasgos naturales, alimentarlos con dietas pensadas en su rentabilidad, mutilar sus cuerpos de diversas formas, alterar deliberadamente sus equilibrios hormonales, separar a las crías de sus padres, y sacrificar las "vidas excedentes", como las de aquellos que son demasiado viejos, están demasiado enfermos, o son del sexo equivocado según parámetros de rendimiento lucrativo. Las deplorables condiciones de las granjas industriales se van extendido a medida que aumenta la codicia por ganar dinero a costa de los animales.

Los veganos no consumen carne, por supuesto, dadas las terribles crueldades y condiciones anormales que se dan en todas las etapas de la vida del animal esclavo, desde el instante de su concepción hasta el momento de su sacrificio. No necesitamos entrar en estos detalles aquí, ya que están bien documentados en la literatura vegetariana y de otro tipo y se ven y experimentan fácilmente en las granjas y los mataderos. Son multitud los libros, vídeos y documentales que hacen descripción de ellos.

La carne no es un alimento milagroso y se puede eliminar fácilmente de la dieta. Esto incluye todo tipo de carne, así viviera su infortunada víctima sobre tierra firme, en las ramas de los árboles o bajo el mar. Carne, pescado o pollo —deshagámonos de todo el repugnante surtido de alimentos de la muerte. Los peces y otros seres acuáticos, publicitados como una opción más saludable, suelen ser la última carne en ser abandonada. Son sin embargo eficaces almacenes de contaminantes y residuos. Los peces por lo común suelen morir asfixiados lentamente en el curso de sus capturas.

Los veganos se posicionan en contra de todo ese sistema innoble y egoísta de esclavitud, cría selectiva, enjaulamiento o encierro, castración, marcado, dopaje, desintegración familiar, transporte y, por supuesto, matanza, desenlace común de todo drama impío. Los veganos reconocen la imposibilidad de separar la crueldad y la matanza del negocio de criar animales u obtener sus productos (como la leche y los huevos) de un modo rentable, especialmente en medio de esta sociedad moderna y competitiva. Por ello, están decididos a arrancar de raíz todo el árbol de la crueldad y el sufrimiento, no limitándose a cortar algunas ramas.

El crimen contra el animal es el mismo así se cometa con fines de alimentación, moda, medicina o decoración. La practica totalidad de los animales empleados para fines no-alimenticios son igualmente asesinados prematuramente en el momento preciso en que sus vidas pasan a no resultar beneficiosas para sus dueños o criadores. Para quienes crían animales, todo es cuestión de dólares y centavos, libras y peniques, rupias y paisas.

Es un bien precioso tener en la vida una conciencia tranquila, una manos limpias de sangre, una mente ocupada en pensamientos castos y elevados, y un corazón puro que lata al ritmo de la compasión. Para ello es necesario dar la espalda al matadero y a toda la brutalidad que lo abastece. Mandemos un mensaje a sus implicados: no apoyaremos más estas acciones. Neguémonos a ser participes de aquello que es robado al reino animal.

El vasto carnaval de crueldad llamado explotación animal sigue y sigue sin cesar —de forma completamente innecesaria, a menudo incluso contraproducente. Existe ya una alternativa no-animal para la práctica totalidad de aquello que se obtiene del sufrimiento y la matanza de animales, igual de buena o incluso superior. A medida que aumenta la demanda de productos veganos, se acelera la producción de alternativas libres de la angustia y de la sangre.

Muchas son las personas que se han hecho veganas de la noche a la mañana. Cuando se abren los ojos a los horrores de la producción animal... es difícil ya volver a cerrarlos.

Hom Jay Dinshah, 1965.
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Hom Jay Dinshah (2 de noviembre de 1933 – 8 de junio de 2000)
Hom Jay Dinshah nació en Malaga, Nueva Jersey, hijo de un padre de ascendencia parsi y una madre de origen alemán. Vegetariano desde su nacimiento, se hizo vegano en 1957, después de que él y su hermano pequeño Noshervan visitaran un matadero de Filadelfia que los condujo al compromiso de "trabajar cada día por el cierre de todos los mataderos". A principios de 1960 fundó la Sociedad Vegana Americana, poco antes de contraer matrimonio con la inglesa Freya Smith, cuyos padres habían sido miembros activos de la Sociedad Vegana de Londres. El matrimonio tuvo dos hijos, Daniel Dinshah y la escritora y atleta Anne Dinshah. A lo largo de su vida, Dinshah se dedicó a dar charlas en las que defendía el veganismo como parte fundamental de la "no-violencia activa", llegando a impartir conferencias en 19 países diferentes de los cinco continentes. Falleció en el año 2000 a causa de un ataque al corazón. (Algunos de los escritos de Dinshah —junto con muchas otras firmas— pueden leerse en
Powerful Vegan Messages, un libro con aroma biográfico publicado por su hija Anne en el año 2014.)

«Jay fue siempre un adelantado a su tiempo. El escenario que encontró fue un gran lienzo
en blanco, y en él, pintó un mundo vegano con el que todos pudiésemos soñar.»

~ Tom Regan ~

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Traducción: Igor Sanz

Texto original: Powerful Vegan Messages
 

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