sábado, 14 de mayo de 2022

Los Derechos Animales y la nueva ilustración

Hace cinco millones de años, nuestros antepasados se separaron de los simios ancestrales; en los siguientes dos millones de años, las líneas evolutivas de los homínidos experimentaron cambios enormes en su evolución hasta dar pie a una especie que no sólo era bípeda, sino que también poseía un cerebro grande y capaz de dominar el lenguaje y la tecnología.
 
En los últimos cien mil años, los seres humanos han cambiado muy poco a nivel biológico, pero han evolucionado con rapidez en cuanto a sus capacidades sociales y tecnológicas. Por desgracia, nuestra evolución tecnológica ha superado en mucho a nuestra evolución moral. En palabras del Dr. Martin Luther King Jr.: "Vivimos en un mundo donde los misiles guiados están controlados por hombres sin orientación".
 
Los seres humanos han progresado a nivel moral, pero con lentitud. En la cultura occidental, llevó más de dos mil años desmontar la ignorancia, los prejuicios y los sesgos causa de los mitos que legitimaban la desigualdad, la jerarquía y la sumisión como algo arraigado en la naturaleza humana o el esquema natural de las cosas.
 
La sociedad occidental ha progresado con rapidez desde los años 60. Los movimientos estudiantiles, negros, nativos, feministas y homosexuales empujaron el proceso de universalización de los derechos, superando las principales barreras discriminatorias y ampliando la libertad entre los humanos.
 
En medio de este período turbulento de luchas sociales, disturbios, manifestaciones masivas contra la guerra de Vietnam, y aumentos en la pobreza, los sintecho y las desigualdades de clases, Martin Luther King formuló su visión de una "casa mundial". En esta utopía cosmopolita, todo los pueblos del mundo vivirían en paz y armonía, con sus necesidades espirituales y materiales cubiertas gracias a la fecundidad del mundo moderno.
 
Pero sea cual sea el grado en que este sueño pueda materializarse, la casa mundial de King seguirá siendo un condenado matadero, porque el humanismo no desafía la esclavitud, la tortura y la matanza innecesaria de miles de millones de animales. La utopía humanista no-violenta no dejará jamás de ser una mentira hipócrita mientras los humanos más "ilustrados" y "progresistas" sigan sin extender la no-violencia, la igualdad y los derechos sobre aquellos animales con quienes comparten el planeta.
 
El siguiente paso lógico en la evolución moral humana es abrazar los Derechos Animales y aceptar sus profundas implicaciones. Los Derechos Animales se fundamentan en los avances éticos y políticos más progresistas alcanzados por los seres humanos a lo largo de los últimos doscientos años. En pocas palabras, el argumento en favor de los Derechos Animales establece que si los humanos poseen derechos, entonces los animales los poseen del mismo modo y por las mismas razones. La relevancia moral no radica en nuestras diferencias como especie, sino en nuestras coincidencias como sujetos de una vida.
 
El desafío que lanzan los Derechos Animales es éste: ¿serán capaces los seres humanos de llegar a ser verdaderamente ilustrados y superar uno de los últimos prejuicios que quedan consagrados en los sistemas legales democráticos? ¿Serán capaces de reorganizar sus sistemas económicos, reorientar sus tecnologías y transformar sus tradiciones culturales? Y ante todo, ¿serán capaces de erigir nuevas sensibilidades, nuevos valores, nuevas cosmovisiones y nuevas identidades?
 
El movimiento por los Derechos Animales plantea un reto evolutivo fundamental para los seres humanos en medio de una grave crisis social y natural. ¿Seremos capaces de reconocer que la cuestión animal es esencial para la cuestión humana? ¿Seremos capaces de comprender la manera en que la explotación de los animales está implicada en todos los aspectos de la crisis de nuestras relaciones con nosotros mismos y con el mundo natural?
 
Los Derechos Animales son un ataque a la identidad de la especie humana. Rompen la brújula del especismo y cuestionan los mapas cosmológicos mediante los cuales los humanos definen su lugar en el mundo. Los Derechos Animales exigen que los seres humanos renuncien a su sensación de superioridad sobre los demás animales. Plantean el reto de apreciar que el poder exige responsabilidad, que la fuerza no es correcta, y que un neocortex más grande no es excusa para violar y saquear el mundo natural.
 
Estos cambios profundos en la manera de ver el mundo exigen revolucionar la vida diaria y reconocer cuán personal es la política. Enseño muchas filosofías radicales, pero sólo los Derechos Animales tienen el poder de alterar y transformar los rituales diarios y las relaciones sociales. Las filosofías "radicales" como el anarquismo o el marxismo reproducen el especismo de forma acrítica. Después de un seminario sobre marxismo, los estudiantes pueden sentarse a la mesa a hablar de revolución mientras cenan los cuerpos de animales asesinados. Después de un seminario sobre Derechos Animales, se ven a menudo a sí mismos contemplando sus platos, cuestionando sus conductas más básicas y sintiéndose alienados por sus más críticos amigos y familiares. El mensaje suena auténtico y agita el alma.
 
Seamos claros: estamos luchando por una revolución, no por una reforma, luchamos por el fin de la esclavitud, no por esclavistas más compasivos. Los Derechos Animales expresan la idea más radical que jamás haya escuchado el oído humano: los animales no son comida, ropa, recursos u objetos de entretenimiento.
 
Nuestro objetivo es nada menos que cambiar las actitudes más arraigadas, reemplazar las prácticas más sedimentadas y derribar las poderosas instituciones que se nutren de la explotación animal. De hecho, el estado nos ha demonizado como "eco-terroristas" y ha criminalizado esta lucha nuestra a favor del bien.
 
La dificultad esencial de nuestra labor radica en que debemos superar los anquilosados límites del humanismo e instar a un salto cualitativo en nuestra esfera de consideración moral. Insistimos para que la gente no sólo cambie su punto de vista dentro de la especie compartida, sino para que advierta que la barrera de la especie es tan arbitraria como la de la raza y la del sexo. Nuestra tarea es provocar que la humanidad desplace la frontera moral de la razón y el lenguaje a la sintiencia y la subjetividad.
 
No sólo debemos educar, sino también convertirnos en un movimiento social. El desafío de los Derechos Animales también es nuestro, debiendo trascenderlo del ámbito de las ideas hasta convertirlo en un movimiento social en favor de la liberación de los seres más oprimidos del planeta, tanto por número como por gravedad de daño. Como en todas las revoluciones, los animales no obtendrán sus derechos esperando a que sus opresores vean repentinamente la luz, sino en tanto que suficientes personas despierten y aprendan cómo sacudir las estructuras de poder hasta lograr nuevos acuerdos sociales.
 
¿Es tanto pedir? La justicia sólo demanda lo correcto, y lo correcto nunca es excesivo. ¿Es remotamente posible la revolución? Ya está ganando terreno de mil maneras. Desde la prohibición casi nacional de las peleas de gallos hasta ver convertido en un delito grave el maltrato animal en 37 estados, desde la eliminación del uso de animales en dos tercios de las facultades de medicina de EE. UU. hasta impartir seminarios sobre derechos/bienestar animal en más de dos docenas de universidades, desde el aumento de la cobertura mediática en torno a los problemas de derechos/bienestar animal hasta una encuesta Gallup realizada en 2003, en la que el 96% de los estadounidenses afirmaba que los animales merecen cierta protección contra el abuso, de los cuales el 25% decía que merecen "exactamente el mismo derecho que los humanos a vivir libres del daño y la explotación". Está claro que los seres humanos están empezando a cambiar su visión en cuanto a las otras especies.
 
Los humanos simplemente tendrán que reinventar sus identidades y encontrar formas al margen de la crueldad de definir a la humanidad y su cultura. Tal vez no se den cuenta, pero esto no es una carga sino una liberación. Nos libra de la mentira de la desemejanza y abre nuestros corazones a una profunda sanación potencial.
 
Los Derechos Animales son la siguiente etapa en el desarrollo hacia los altos valores ideados por la humanidad moderna —la igualdad, la democracia y los derechos. Nuestra distorsionada autoconcepción de semidioses y amos del mundo debe ser sustituida por una noción mucho más humilde y holistica de pertenencia y dependencia a una vasta red de relaciones vivas. Las identidades dominionistas y especistas nos conducen por el camino del desastre. Si la humanidad y el mundo viviente en su conjunto quieren tener futuro, hemos de adoptar una ética universal de respeto a toda vida.
 
El crecimiento es difícil y doloroso, y la especie humana es moralmente inmadura y psicológicamente tullida. Los seres humanos necesitan aprender que son ciudadanos de la biocomunidad, no sus conquistadores; y como ciudadanos de la biocomunidad, tienen distintas responsabilidades frente a toda ella.
 
El significado de Ilustración está cambiando. En el siglo XVIII implicó la superación de la tiranía y el dogma religioso; a finales del siglo XX exigía superar el racismo, el sexismo, la homofobia y otros prejuicios similares; ahora, en el siglo XXI, requiere superar el especismo y adoptar una ética universal que honre toda vida.
 
Podemos cambiar; debemos cambiar. El mensaje de la naturaleza es claro: evolucionar o morir. 
 
Steven Best, febrero de 2004.
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Traducción: Igor Sanz

Texto original: Animal Rights and the New Enlightenment
 

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