domingo, 12 de junio de 2022

Veganismo y evolución

Es imposible separar el veganismo del curso natural de la evolución humana. Parece ajustarse bien a esa idea según la cual todos estamos guiados por el patrón divino de la mente universal, proyectados hacia ese arquetipo que, como dice el profesor Jung, no puede explicarse sobre bases puramente empíricas. 
 
El perfeccionamiento del ser humano ha de pasar necesariamente por una inocencia completa a fin de poder expresar la divinidad desplegada en las profundidades ocultas de su ser. 
 
El veganismo, por su expresión pura y compasiva, puede redimir a la humanidad del oscuro abismo en que se encuentra sumergido. Mas no hemos de caer en el error de sentirnos superiores a los demás por seguir este camino, pues así como la inmadura bellota encierra de forma misteriosa y latente todo el potencial de florecimiento del roble, así también cada alma humana encierra el potencial de la perfección, por muy limitada que sea su expresión en el presente. 
 
Puede que ello no le resulte siempre evidente a nuestra acotada vista, pero del mismo modo que una cámara de vídeo acelerada nos permite ver el despliegue de una flor, también aquel otro despliegue continúo nos sería accesible si pudiéramos trascender nuestra estrecha experiencia temporal. 
 
Juzgado en términos puramente materiales, no podemos decir que el veganismo suponga un modo de vida libre de complicaciones. Aquello de "toma tu cruz y sígueme"1 se aplica sobre cualquiera que sienta la conciencia de Cristo removiéndose en su alma. De ello nace la compasión, aunar la vida en todas sus manifestaciones, tomar la vida como un todo. Caemos entonces en el pecado de intentar ser diferentes, de revelarnos por fin como individuos, rompiendo con el influjo entumecedor del pensamiento de las masas, motivo de tanto dolor y sufrimiento en el mundo. 
 
Comienza entonces nuestro Getsemaní particular, pues la historia de Galilea es la historia de la evolución humana. Experimentamos nuestra propia crucifixión y resurrección personal. Aquellos a quienes amamos puede que dedican no seguir nuestro camino. Es algo inevitable, pues el águila siempre vuela sola2. El vegano ha llegado al punto de saber lo que ha de hacer, pues ha escuchado la voz de su intuición, y no responde ya a ningún otro mandato. Sus deseos y anhelos ya no cuentan. El mundo es ahora para él un lugar lleno de angustia, un lugar donde los débiles son explotados y oprimidos. Criaturas que habrían de vivir libres y en expresión de su inocencia, las advierte confinadas, torturas y sacrificadas en honor del despiadado Midas del Materialismo. La piedad no tiene cabida en un mundo reducido a la más furiosa mercantilización. 
 
Pero esto no refleja el cuadro completo, pues por muy horribles que sean las atrocidades que afligen al alma sensible, su propia magnitud está logrando despertar a la gente de su terrible letargo. El Buda dijo que la inacción en una obra de misericordia viene a ser acción en un pecado mortal3. Esa parece ser la gran enfermedad de nuestro mundo. Somos muchos quienes, por nuestra pena y desesperanza, sufrimos la propensión de sentir ira e intolerancia hacia esas miles de personas tibias que caminan, cual robots, exhalando por todos sus poros un egocéntrico desinterés por el dolor ajeno. Sin embargo, mucho mejor que comprometer nuestra propia causa con una actitud beligerante es ganarse a esas gentes con la amable luz de la verdad. 
 
No resistir al mal4 es un tópico que nunca deja de dar buenos resultados. Grandes almas como Mahatma Ghandi son ejemplo de ello. 
 
Habiendo ya abordado los obstáculos que encuentran en su camino los pioneros veganos, detengámonos ahora en su elemento más gratificante. Hablo de esa satisfacción auténtica que nace de la comunión entre personas entregadas a un bien universal. Pienso que el altruismo es la mejor receta para la verdadera felicidad y naturalidad del ser. 
 
El alimento vivo y puro de que se nutre el vegano, con su energía intacta extraída directamente del sol, la fuente de toda vida y belleza5, lo hace más sensible al flujo y reflujo de la vida, permitiéndole vivir de forma más plena y creativa, tal y como estaba destinado a hacer. Los hay quienes piensan que los veganos son demasiado sensibles, mas basta con mirar la crueldad y la barbarie de que estamos rodeados para comprobar de qué es capaz la insensibilidad. Bienvenidas sean pues la conciencia y la sensibilidad. Seguramente sean el mayor regalo de la vida, pues no implican otra cosa que abrir los ojos del espíritu. 
 
Un poeta dijo una vez que deberíamos ser como un laúd en cuyas cuerdas todos los vientos pudieran tañer6. Sin tener conciencia de la oscuridad, ¿cómo podríamos llegar a comprender la luz?7 Cuando nos vemos inundados por la angustia, donde los fuertes se aprovechan de los débiles y la santidad de la vida no tiene ya cabida en un mundo al borde de la aniquilación, sabemos que ha llegado el momento de poner fin a esa hambruna espiritual y librarnos del instinto gregarista. Avancemos sin temor hacia el futuro, abriéndonos camino entre los escombros de unas ideas obsoletas, punta de lanza hacia el amanecer de una nueva era en la que toda vida sea reconocida como una y se haga buena la fórmula evolutiva de la conciencia. 
 
Entonces el Hombre y las hermosas criaturas de la Tierra, sus hermanos menores, vivirán en armonía, que es la esencia del amor8. 
 
Hete ahí el sentido del veganismo, una gran panacea para la mayoría de los problemas de la vida. Se verá entonces cumplida la promesa: "He aquí, yo hago nuevas todas las cosas"9. 
 
Dorothy Thomson, 1961.

NOTAS DEL TRADUCTOR
1 – Mateo 16:24; Marcos 8:34; Lucas 9:23.

2 – Cita de Friedrich Rückert: «El águila vuela sola; el cuervo en bandadas. El necio tiene necesidad de compañía y el sabio de soledad.»

3 – Helena Blavatsky, 1889. La voz del silencio. Fragmentos II.
 
4Mateo 5:39.
5 – Podría tratarse de una referencia a Moisés, príncipe de Egipto (Howard Fast, 1958): «...la casa de Atonmoisés era representativa de todo lo mejor de Egipto, el culto puro de Atón, no como dios del sol sino como fuente de toda vida y belleza.»

6 – Oscar Wilde: «Con cada pasión a la deriva hasta que mi alma sea un laúd en cuyas cuerdas todos los vientos tañen...»

7 – Paráfrasis de Carl Gustav Jung.

8 – Cita de Ernest Renan: «Todas sus disonancias se funden, a cierta altura, en una suprema armonía, que es la esencia del amor».

9 –
Apocalipsis 21:5.
 
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Traducción: Igor Sanz

Texto original: Veganism and Evolution

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. Mil gracias, María Luisa.

      Es fácil caer en la duda de si el tiempo y el esfuerzo dedicados merecen la pena en estos tiempos de decaída afición por la lectura. Comentarios como el tuyo son un aliento a menudo imprescindible.

      Un saludo.

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