sábado, 28 de noviembre de 2015

LA FALACIA DEL ROMANO (FALACIAS ANIMALISTAS I)


«Roma no se construyó en un día». Así reza uno de los más comunes alegatos animalistas frente a cualquiera que ose cuestionar la eficacia o moralidad de alguna forma concreta de practica activista. Se eleva así el tópico a la categoría de argumento, que se vuelve falacia en tanto que responde a una pregunta que nadie ha formulado.

Señalar que Roma no se construyó en un día es hacer una mera observación respecto a una simple obviedad. Una obviedad además irrelevante frente a las críticas que advierten de su mala construcción. Es evidente que Roma no se construyó en un día, tanto como que no se contruyó de cualquier manera. Roma no se construyó en un día como tampoco se construyó poniendo piedras en Cartago. El tiempo que requiere una empresa complicada no resuelve la pregunta de cómo debe ser afrontada o cuál es la mejor forma de hacerlo.

Los grandes proyectos y los cambios radicales —como es el caso de la liberación animal— requieren tiempo, por supuesto; pero esa es otra esplendida razón para encarar el problema desde una perspectiva crítica y reflexiva. Equivocarse en la manera de encarar un proyecto largo y complicado supone malgastar un tiempo ingente y valioso. Si lo que hace falta es tiempo, razón de más para no perderlo.

Hace al menos 200 años que vienen teniendo lugar las medidas regulacionistas que se escudan bajo esta excusa, y la situación de los nohumanos no ha mejorado en nada en absoluto. Hoy se explotan más animales y de forma más diversificada que nunca. Se ha fracasado con estrépito, y nuestros fracasos afectan a millones y millones de individuos inocentes. La actitud que adoptemos no es por tanto baladí, y los tópicos vacuos frente a las críticas lo único que hacen es poner en evidencia nuestra pereza intelectual.

He llamado a esta falacia la «falacia del romano» por razones obvias, pero bien podría haberla bautizado como la «falacia del paso a paso» en honor de su más corriente sucedáneo. Se trata de uno de los grandes mantras del neo-bienestarismo, que pretende infiltrar sus campañas bajo el disfraz de uno de los "pasos" imprescindibles en ese lento trote hacia la liberación.

Una vez más, nadie cuestiona que la abolición de la explotación animal sea un objetivo que requiera ir paso a paso; lo que se critica es que haya quienes se empeñen en dar "pasos" en dirección equivocada. Aquí también, se apela a una simple obviedad para defender una obvia insensatez.

Siendo cierto que la liberación animal precisa pasos progresivos, aún resta por demostrar que los pasos bienestaristas vayan a conducir —por arte de birlibirloque— a la abolición. Uno se inclinaría por pensar —incluso a la luz del más simple razonamiento elemental— que al único sitio al que pueden conducir los pasos bienestaristas es al bienestarismo. Si el fin que se persigue es la abolición de la explotación animal, entonces parece de una lógica aplastante que los pasos ensayados sean pasos abolicionistas.

Creer que las campañas bienestaristas pueden conducir a la abolición es creer que se puede llegar al sur caminando en dirección al norte. El bienestarismo no sólo no acerca la abolición, sino que la aleja, en tanto que reclamar una explotación diferente entraña su aceptación implícita. Se trata de una postura que avanza en dirección contraria al abolicionismo. La no-violencia y la violencia-mejor no son perspectivas compatibles, sino opuestas.

El argumento del romano guarda su falacia en apelar a la necesidad de dar pequeños pasos para justificar cualquier pequeño paso. Pero jamás he encontrado a nadie en este tiempo que esperara o pretendiera acabar con la explotación animal de la noche a la mañana. Estar en contra de algunos pequeños pasos no es estar en contra de todos los pequeños pasos.

Quienes nos oponemos al bienestarismo/regulacionismo y defendemos el activismo vegano-abolicionista también estamos trabajando por un proceso de cambio gradual. Entendemos, por ejemplo, que la propia abolición de la explotación animal es un "paso" previo hacia un marco más amplio de Derechos Animales. Entendemos que una mayoría social concienciada es un "paso" previo hacia una abolición institucional. Entendemos también que la educación en el veganismo es un "paso" previo hacia esa conciencia social mayoritaria. Entendemos que cada nuevo vegano es un "paso" hacia esa expansión global del veganismo. E incluso entendemos que un simple incremento de la sensibilidad general representa un "paso" hacia posibles y deseables adopciones futuras del veganismo.

Todos ellos son pequeños pasos; pequeños pasos abolicionistas. Porque los pasos abolicionistas no son aquellos que exigen o logran el fin inmediato de la abolición. ¡Ojalá!, pero no. Eso es confundir el abolicionismo con la ingenuidad. Los pasos abolicionistas son aquellos que están orientados hacia la abolición; aquellos que dejan claro que el único objetivo aceptable es el fin de la explotación animal; aquellos que no aceptan ni se contentan con mejoras en la esclavitud. Reclamar la abolición total y esperar que ocurra de inmediato son cosas muy distintas.

De manera que todos sabemos que es necesario ir «paso a paso» y que «Roma no se construyó en un día». Limitarse a decir eso es limitarse a no decir nada. El desafió está en demostrar que nuestros "pasos" u "obras" conducen al fin que proclamamos. Si no podemos hacerlo, entonces lo que toca no es aferrarse falaz y desesperadamente a esas ideas infundadas, sino abandonarlas y empezar de nuevo.

2 comentarios:

  1. Su discurso me recuerda al de los revolucionarios rusos que despreciaban aquellos que veían necesaria una revolución burguesa primero...

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    1. Mi discurso está apoyado en argumentos que por lo visto usted ha decidido ignorar deliberadamente en favor de su mala memoria. Por cierto, aquí no se desprecia a nadie.

      Un saludo.

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