miércoles, 26 de noviembre de 2014

Los pueblos aborígenes y el veganismo


Los aborígenes son esas gentes a quienes sólo se rescata del olvido en el momento en que alguien menta la palabra "veganismo". Es un recurso muy gastado entre los alegatos especistas, aunque nunca termina de estar del todo clara su función. La idea viene a ser algo así como que si tal tribu perdida en medio de la selva amazónica no va a adoptar el veganismo, entonces yo tampoco. Por alguna razón, el hecho de que vayan semidesnudos no suscita las mismas objeciones a la ropa.

La verdad es que esa imagen de hombres rudos y salvajes enamorados de la sangre y dedicados a la caza de grandes fieras (humanos incluidos) se compadece poco con la realidad. No es otra cosa que el fruto sembrado por las novelas de autores como Daniel Defoe o Julio Verne y la febril imaginación de aquellos exploradores y colonizadores que bajo el influjo de la misma inventiva describían a las plantas algodoneras como «árboles que dan ovejas».

Es cierto que la caza es una práctica común entre los pueblos aborígenes, pero no lo es menos que la mayoría subsiste por medio de los recursos vegetales. Cualquiera que revise la bibliografía etnográfica comprobará que, en la mayoría de los casos, la base fundamental de su dieta la aporta la recolección que practican sobre todo las mujeres y los niños, viniendo la caza a figurar como un acto masculino y casi ritual cuyo fin no es otro que hacer alarde de virilidad, tal y como relata Claude Lévi-Strauss en su extenso estudio sobre los indígenas del Amazonas, por ejemplo.

Las observaciones de Lévi-Strauss y otros etnógrafos recopiladas en sus trabajos de campo encajan a la perfección con los más recientes estudios antropológicos y arqueológicos llevados a cabo en la región, donde se estima que incluso las tribus de la Amazonia de hace 10.000 años llevaban una dieta básicamente —si no enteramente— vegetariana, habiendo dominado ya la domesticación de plantas antecedente de la agricultura.

Por otro lado, el aislamiento es también un hecho cada vez menos frecuente. La mayoría de los pueblos nativos han sabido adaptarse a los cambios de su alrededor, tratando muchos hoy en día de compaginar su estilo de vida tradicional con un cultivo de verduras y cereales que no sólo emplean como abasto, sino también como mercancía para comercio en las metrópolis cercanas.

En esta categoría podrían ser incluidos los inuit (los "esquimales"), cuya vida de cazadores y pescadores nómadas que construían iglús de hielo durante sus peregrinaciones ha pasado ya a la historia. Los poco más de cien mil inuits que quedan hoy distribuidos entre Alaska, Canadá, Groenlandia y Chukotka, al nordeste de Rusia, habitan de manera sedentaria en las ciudades costeras, viviendo de la artesanía y el turismo y estando sus necesidades avitualladas por el transporte marítimo y aéreo.

El vegetarianismo es por demás un hábito común en todo el globo. El doctor Weston Price, por ejemplo, en su visita a África en 1935 para estudiar las diferentes costumbres alimenticias de sus oriundos, separaba a estos en dos grupos principales: los «carnívoros» y los «vegetarianos», estando los últimos representados por tribus como los bantú, los kikuyu o los wakamba, dedicados a la agricultura y cuya dieta esencial se componía de «patatas, maíz, judías, plátanos y mijo». Para Price, de hecho, quienes mostraban un estado más saludable entre todos los pueblos que tuvo oportunidad de estudiar fueron los dinka, que apenas incluían algunos animales marinos en un régimen de predominancia vegetal. 40 años después, los doctores Edward y Peter Williams descubrieron que las tribus de hábitos carnívoros que había descrito Price habían «desaparecido en su mayor parte», habiéndose convertido los habitantes de la región en «campesinos agricultores» cuya dieta consistía principalmente en «mijo, harina de yuca, lentejas, cacahuetes, verduras de hoja verde como espinacas y coles, y plátanos».

La doctora Rita Laws derriba también con su estudio el mito que asocia a los nativos americanos con la caza, en especial de búfalos. Según Laws, tribus como los cherokee, los choctaw, los creek o los chickasaw eran «primero y ante todo, granjeros». Para ellos, el paraíso representa un lugar donde «humanos, plantas y animales viven en igualdad», siendo excepcionales agricultores dedicados al cultivo de todo tipo de verduras, hortalizas y cereales. Fue ésta característica y no otra la que desató la fascinación de los primeros europeas en pisar el Nuevo Mundo. Los colonos se sorprendieron de las dotes de los choctaw para servirse de los recursos vegetales, no sólo para la elaboración de sus comidas, sino también para la confección de ropa, la construcción de viviendas o la fabricación de herramientas. «Los choctaws nunca han adornado su pelo con plumas», explica Laws, que observa que las predisposiciones vegetarianas no son ni han sido la excepción, sino la regla dentro de los diversos pueblos nativos de todo el continente americano.

Los niños aztecas, mayas y zapotecas, por ejemplo, se cree que eran criados con una dieta 100% vegetal al menos hasta la edad de los 10 años, siendo el maíz un alimento digno de su veneración. Y todo parece indicar que el régimen era en buena medida conservado en la adultez, como se extrae de los estudios de los doctores Pedro Escudero y Carlos Tejada. Fue la presencia de los colonos lo que alteró las costumbres de los nativos y predispuso su transformación. Tal y como observa Laws, es irónica la tradicional asociación de los nativos americanos con la caza cuando «casi la mitad de todas las plantas comestibles del mundo fueron primero cultivadas por los indios norteamericanos y eran desconocidas en el exterior hasta el descubrimiento de América».

El panorama en Oceanía es semejante. Muestra de ello la ofrece la tribu de los huli, en la isla de Nueva Guinea, cuya ornamentación y atavíos de apariencia intimidatoria no les impiden mantener una alimentación esencialmente vegetal. Esta era también la dieta de los aborígenes australianos, que según relata Marlo Morgan en Las voces del desierto«Preferían no comer nada que tuviera cara». No es de extrañar esta actitud en una cultura para la que «el hombre no es un ser superior, sino que comparte el medio ambiente con el resto de los seres de la Tierra, y tan necesaria es la existencia de los lagartos como la suya propia». Hoy, los pocos nativos que quedan en el país están integrados en una cultura occidental que fue la que alteró aquella armonía, habiendo impuesto unas costumbres que chocaron en su momento con la concepción que los nativos tenían del mundo, no sólo por la construcción de edificios y el empleo de ropa, sino también por «la explotación de la tierra y de los animales». 

Y la cuestión no es diferente en Asia. Al contrario. De entrada, las religiones mayoritarias como el budismo, el hinduismo o el jainismo predisponen a sus seguidores hacia una dieta vegetal, independientemente de cuántos de ellos se muestren fieles al precepto. Más allá de eso, muchos de los pequeños pueblos del lugar muestran hábitos también vegetarianos. Es el caso de los hunza, distribuidos por diferentes regiones de Kashmir, China, India y Afganistán, y que destacan no tanto por su dieta como por su sorprendente longevidad y lento avejentar. Otro caso digno de mención es sin duda el de los brokpa, que llevan miles de años habitando la hostil cordillera del Himalaya a base de una alimentación exenta de ingredientes animales.

Sea como fuere, lo relatado en este artículo sólo tiene por objeto satisfacer curiosidades y romper estereotipos. Lo que hagan los demás no sirve ni como guía ni como justificación de nada en absoluto, ya sean esos "demás" una tribu de aborígenes de alguna remota región perdida en los confines del planeta o nuestros vecinos de edificio. El mismo sentido tiene rechazar el veganismo aludiendo a lo que haga o deje de hacer alguna tribu como lo tendría justificar el infanticio sobre la base hipotética de que lo practicasen. De hecho, es posible que la mayoría de estos pueblos, alejados de las corrientes aristotélicas y cartesianas sufridas por la cultura occidental, no muestren un influjo tan marcado por el especismo. Pero esa es otra historia. 

Lo que resulta evidente, en definitiva, es la ligereza, superficialidad e ignorancia desde la que se formulan estos temas en un intento por convertirlos en herramientas de evasión. Cuando se menciona a tales pueblos como objeción al veganismo, se hace a sabiendas de que sus limitados recursos podrian hacerles complicada su adopción; pero lo que este planteamiento debería hacer notar es la extraordinaria incongruencia que encierra el hecho de que quienes disponen por el contrario de una total y fácil disposición para la dicha práctica no sólo no rechacen la explotación de animales, sino que la provoquen y demanden en una cuantía además inigualable. Porque no son ellos quienes construyen mataderos, grajas, piscifactorías, zoológicos o laboratorios; no son ellos quienes mantienen encerrados y esclavizados a un número incalculable de inocentes; no son ellos quienes asesinan cada día a millones de individuos sin más motivo que el deleite. Somos nosotros, personas provistas de tiendas, supermercados, recursos online y servicios a domicilio.

Además, la mayor o menor dificultad puntual que pueda entrañar un principio ético no es razón para su incumplimiento. Debemos respetar al resto de animales igual que debemos respetar a los humanos, por arduo que resulte el desempeño en algún contexto, tiempo o circunstancia.

Quizá a los pueblos aborígenes les sea más compleja la aplicación del veganismo, pero la población indígena actual apenas supera el 4% de la población humana del planeta, no teniendo sentido ninguno que la construcción de un mundo vegano pretenda ser iniciada a través de esa fracción minoritaria. Cuando el 96% restante —aquel con más facilidades muestre una disposición mayoritaria hacia el veganismo, no sólo se verá erradicada la mayor parte de la explotación animal del mundo, sino que las complicaciones del porcentaje restante habrán quedado también menguadas en buena medida o, con suerte, tal vez incluso eliminadas por completo.

7 comentarios:

  1. Excelente artículo, no hay que agregar, es muy claro, muy objetivo y Gracias por el trabajo investigativo que hay para tener información verídica y ojalá así la gente pueda analizar más y replantear su egoísmo y botar a la basura las excusas, Gracias.

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  2. http://desintegracion-distopica.blogspot.com/2014/07/el-veganismo-en-venezuela-una-reflexion.html
    http://desintegracion-distopica.blogspot.com/2014/11/70-aniversario-del-veganismo.html
    http://desintegracion-distopica.blogspot.com/2014/11/el-problema-del-veganismo.html

    Les invito a leer estas interesantes lecturas del veganismo desde el punto de vista Venezolano

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    1. Jack Ryan, publico tu comentario, pero debo decir que he leído algunos de los artículos de tu blog y no estoy nada de acuerdo con lo que manifiestas en ellos.

      Confundes permanentemente al veganismo con cuestiones políticas, ambientalistas, nutricionales y de otra índole, llegando incluso a hablar de “veganos-dietéticos”, “veganos-éticos” y “veganos-ambientalistas”, a quienes englobas en lo que has dado en llamar “movimiento revolucionario vegano”, que describes como “el necesario proceso de trasformar el modo de producción y consumo dominante (El Capitalismo) y atrevernos a repensar una diametral y diferente forma de relacionarnos con el planeta (Una Sociedad Nueva)”.

      El veganismo, ni pretende cambios socio-económicos, ni es propiedad privada de alguna concreta corriente política, ni guarda relación directa con la nutrición o el ambientalismo, ni se centra en el planeta u otros asuntos que se salgan de la relación de los humanos con el resto de animales.

      En una entrada llegas incluso a listar los “diez mandamientos del veganismo”, lo cual me parece el sumun del despropósito, tanto por la forma como por el contenido.

      A ello, además, hay que añadir un permanente lenguaje especistas manifiesto en el hecho de disociar continuamente a los humanos del término “animales”.

      Pero lo que quisiera recordar, sobre todo, es que este blog no es un tablón de anuncios. Son bienvenidos todos los comentarios y enlaces que traten de aportar algo a los temas tratados en las entradas, pero no aquellos que tengan meros fines promocionarios. Hago una excepción en esta ocasión para dejar constancia de lo que estoy diciendo, pero no lo volveré a hacer.

      Si alguien tiene interés en que publicite su web, blog o lo que sea, tiene la oportunidad de sugerírmelo por privado.

      Saludos.

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    2. Igor Sanz...

      Si piensas y crees que el veganismo no pretende lograr cambios a nivel político, social, cultural, e incluso ambiental, te encuentras por completo perdido. Un modelo sustentable de producción agrícola, podría no solo mejorar condiciones climáticas, erosión de suelos, contaminación, etc. sino que tambien hacer grandes cambios a nivel económico acabando con la industria cárnica, ovo-láctica, e incluso modificar en gran medida no solo los medios de transporte de alimentos, sino que tambien influiría en un cambio respecto de la educación, haciendo que se educara desde el amor, la compasión, y el respeto por todos los seres - incluido plantas, insectos, etc.- que muchas veces son pasados por alto, maltratados, utilizados de diversos modos dentro de la industria de la "entretención", el "deporte", la moda, y la cosmetologia.

      Yo creo firmemente en que el veganismo puede ayudar a RE-EVOLUCIONAR a los animales humanos. El camino apenas comienza, de todos depende llevar nuestros pasos hacia un mejor lugar.

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    3. Buenas, Alonso.

      Yo no he dicho que el veganismo no pretenda cambios a nivel político o cultural; lo que he dicho es que el veganismo no pertenece a esos ámbitos. El veganismo pertenece única y exclusivamente al ámbito moral, lo que no significa que la ética no tenga o no pretenda tener impacto sobre la política o la cultura.

      Lo que dices está muy bien. El problema es que buena parte de lo que comentas no atañe al veganismo. Me acusas de estar “perdido”, pero eres tú quien confunde el veganismo con “un modelo sustentable de producción agrícola”. El veganismo no es tal cosa. Que la práctica del veganismo puede traer consigo beneficios añadidos no implica que al veganismo responda a esos beneficios. Si poner en práctica el principio del veganismo tuviese efectos perniciosos para el medio ambiente, seguiríamos estando obligados a respetarlo porque explotar a los nohumanos está mal en cualquier caso y por sí mismo, y de eso trata el veganismo.

      Finalmente, debo aclarar que no existe ninguna razón que justifique respetar a todos los seres, y que sólo los seres sintientes (los animales, incluidos los insectos) merecen consideración moral. La ética sólo puede girar en torno a los intereses, y las plantas carecen de ellos.

      Un saludo y gracias por tu aportación.

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  3. Desafío a cualquier vegano , que se quede una semana en pelotas en el Amazonas a ver cuánto les dura el veganismo! Y su ética llena de contradicciones! Toda la población de este planeta es importante, toda forma de vida es sagrada ,las culturas originarias no matan para demostrar su hombría, los animales y las plantas son igualmente sagrados para ellos! El veganismo sólo puede funcionar en el primer mundo! No en un mundo lleno de necesidades! El veganismo no te hace ni más espiritual ,ni mejor persona , Los grandes maestros de la humanidad no eran vegetarianos Buda , Jesús ,Mahoma .... El veganismo no te hace más saludable tampoco ese es otro invento! La mayoría debe suplementarse o todos tienen acceso a todos los alimentos que se necesita para cubrir las vitaminas diarias de forma vegana! Si realmente creen q pueden cambiar el mundo entonces primero ayuden a los humanos más necesitados! El ser humano será libre no por su forma de alimentarse sino cuando respete nuevamente a la madre tierra y sus habitantes! Cuando no existan los políticos, ni las leyes impuestas por las religiones , ni policías ,ni bancos ni fronteras ,ni banderas! El veganismo ya forma parte de este sistema por eso,no va a cambiar nada! Las plantas también tienen vida yey todos conectados de alguna manera!y también mueren! El problema no es el uso de los alimentos,es el abuso! Muchos hablan de Ética y no se respetan ni entre ustedes mismos! discriminan no se juntan con gente No Vegana! Fui vegano por más de 6 años y se de lo q hablo muchos buscan fama y sacar provecho de la situación! Eso es totalmente patético! Después hablan de amor hacia los animales.... Ni siquiera estuvieron en una montaña o en contacto con la naturaleza no saben! Repiten como zombies! Para ser rebelde se trata de romper con todas las reglas y los veganos están llenos de reglas! Vivan! sean felices! y dejen vivir! todos somos diferentes!

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