jueves, 25 de diciembre de 2014

Ayudar a unos a costa de otros


El pasado 2 de febrero, en el zoológico Jyllands Park de Dinamarca, una cría de jirafa de nombre Marius era asesinada y entregada como alimento a los leones recluidos también en el recinto. La noticia tuvo mucho impacto, pero lo cierto es que este tipo de prácticas son bastante comunes, tal y como se apresuraron a señalar los propios responsables del zoo en respuesta a la indignación social mayoritaria.

Lo único novedoso es que el asesinato se hizo en público y que la víctima fue una jirafa. Pero en los zoológicos y acuarios, repitámoslo, la cría de animales nohumanos a fin de convertirlos en alimento de otros "inquilinos" es una práctica de lo más habitual. Se crían aves y mamíferos para ser muertos y emplados como comida para leones, tigres, lobos o caimanes; se reproducen todo tipo de roedores que son luego entregados a reptiles y rapaces; pulpos y otros animales son nutridos e instigados con crustáceos vivos; y focas y delfines son alimentados y premiados con sardinas y otros peces.

Casos como estos pueden encontrarse por doquier, siendo quizá el más hiriente para la sensibilidad general el de los perros y gatos vivos usados como carnaza para tiburones. Todos estos ejemplos representan una práctica que suele producir una gran indignación en el sentir de los animalistas, especiamente los veganos. No obstante, resulta de lo más común que esas mismas personas compartan después ese mismo hábito que aquí hacen foco de su reprobación.

No entiendo que aún haya veganos manteniendo a sus perros y su gatos de una forma no vegana, o incluso que se escandalicen al descubrir ejemplos de los opusto. Si no somos capaces de entender que algo así está mal, entonces me temo que el movimiento por los Derechos Animales se encuentra aún más en pañales de lo que yo presuponía. Es posible que este colectivo de personas se corresponda con los "amantes de los animales", pues la realidad que esconde a menudo esa etiqueta es un amor reservado sólo a los animales de uno mismo.

"No se puede veganizar a un animal carnívoro", se dice entonces con presteza. La propia frase denota una débil concepción del veganismo. El veganismo es un principio moral que, hasta donde se sabe, los perros y los gatos no son capaces de entender. No se puede hacer vegano a un perro del mismo modo que no se lo puede hacer feminista. Veganos somos quienes cuidamos de ellos, y ese cuidado no está eximido de nuestras obligaciones y responsabilidades. Que nuestro perro no pueda ser feminista no significa que debamos permitir que muerda a las mujeres, no queriendo esto decir que estemos "feminismizándolo".

"No tenemos que imponer nuestras creencias a los nohumanos", se dice también. Pero no se trata de imponer nada a los nohumanos, sino a nosotros mismos. No alcanzo a comprender dónde cree esta gente que empieza y se termina el veganismo. Los deberes éticos se han de respetar en cada acción que realizamos, no sólo a la hora de comer o de vestirse. Alimentar a un perro o un gato es una actividad que hacemos nosotros, y todo acto nuestro debe ceñirse a los pilares éticos fundamentales. De manera análoga, el hecho de que tengamos amigos que no sean veganos no justifica que salgamos a comprar jamón para las ocasiones en que vengan de visita. Resulta significativo que en la formulación de este alegato se omita siempre la imposición (ésta sí real) ejercida sobre los animales transformados en comida.

"Eso es ir contra su naturaleza", se arguye a su vez. Se eleva un intenso tufillo a falacia cada vez que en un debate surge la palabra "natural" o alguna de sus derivaciones, pues representan el ejemplo máximo de la vacuidad y la anfibología. Suena en cualquier caso a broma que se apele a "naturaleza" de estos animales observando las maneras usuales de su ampato y su cuidado. Dormir en mantas, jugar con pelotas, beber en cuencos, recibir vacunas... ¿Cómo logra esto no afectar a su "naturaleza"?

Resulta curioso cómo las excusas habituales representan una imitación exacta de las alegaciones especistas más tradicionales. Que si la carne es necesaria, que si lo contrario es "contra natura", que si es una "opción personal", que si resulta muy caro… El mismo guión.

No me puedo reprimir una pregunta: ¿qué haría esta gente si mañana el mundo se volviese vegano y no fuera posible ya adquirir los piensos especistas? ¿Saldrían ellos mismos con una escopeta a matar animales con que alimentar a sus perros y sus gatos? Se me dirá que la pregunta no es realista, pero su trascendencia no depende de su probabilidad. Rechazar la hipótesis es sólo una forma de eludir la disyuntiva, sabiendo como se sabe que no hay necesidad de responderla porque mañana, igual que hoy, seguiremos disponiendo de esa pequeña cuota de explotación que nos tenemos reservada. ¿No vemos en esto una clara muestra de complicidad, de un aprovechamiento tácito de esa violencia cotidiana?

Otra excusa habitual alega que estos productos están elaborados con "desechos". Pero esta perspectiva es totalmente equivocada. Los ingredientes animales de los piensos sólo podrían ser etiquetados como "restos" o "desechos" si los fabricantes los extrajeran de los contenedores de basura de los mataderos o las piscifactorías, y ese no es el caso en absoluto. Es más, los fabricantes de piensos respresentan unos de los principales sustentos de la pesca y la ganadera. Que estos artículos se elaboren con las partes menos demandadas para el consumo humano responde a una cuestión de rentabilidad, pero eso no las convierte en "restos" o "desechos" en ningún sentido razonable. Las empresas que fabrican piensos demandan y pagan generosamente su ración de víctimas, y es más que probable que la productividad de criar, cebar, asesinar y trocear animales dependa en buena medida de esa activa participación. Decir que los ingrendientes animales de los piensos son desechos de la explotación destinada a los humanos es tanto como decir que la carne de pollo es un desecho de la explotación destinada a quienes comen huevos. 

Cuidar a alguien de una forma no-vegana implica financiar la muerte de inocentes. No hay otra lectura, ni deberian tampoco haber debate. La única pregunta razonable aquí es si podemos o no prestar ayuda a los nohumanos, posibilidad que, entre otras cosas, está sujeta a los deberes básicos que impone el veganismo. Ayudar a unos a costa de otros no es una opción en absoluto. Estamos hablando de un principio elemental, y si no somos capaces de entender algo tan clave, entonces es mucho aún lo que nos queda por recapacitar.

El problema de todo esto es, como siempre, el especismo. En este caso, el especismo del que aún está impregnada buena parte del animalismo. Casos como el de Marius suscitan reacciones por el único motivo de la especie a la que pertenece. Nuestros prejuicios privilegian a los perros y los gatos, y no digamos a los perros y los gatos que se acuestan cada noche en nuestra cama, a nuestros pies. El amor por ellos nos ciega, aun a los intereses y derechos de terceros. Si en un zoológico decidieran alimentar a sus tigres con perros, gatos o incluso seres humanos, serían pocos quienes se acordaran de "naturalezas" y de "imposiciones".

Hasta ahora no he entrado en el terreno de la posibilidad de cuidar a los nohumanos de manera vegana porque, para mí, y como ya he tratado de explicar, ese debate es secundario. Primero debe tenerse claro que esa es la única posibilidad aceptable, y una vez entendido eso, entonces sí se puede entrar a valorar si podemos o no prestar dicho cuidado.

Y sí, como bien es sabido incluso por quienes insisten en negarlo, es perfectamente viable cuidar de perros y de gatos de una manera consecuente con el veganismo. Los perros ni siquiera requieren de alimentos especiales. En el caso de los gatos la situación es más sensible, pero conocemos sus
necesidades alimenticias y disponemos de un buen surtido de alimentos con los que cubrirlas, pudiendo estos combinarse a su vez con recetas caseras bien planificadas que ayudan a abaratar en mucho el coste (así como suplementos nutricionales). Sé que no estoy aquí desvelando nada nuevo. Son numerosos ya los estudios y testimonios que lo demuestran, y los alimentos especiales diseñados para ellos no están hechos al azar, sino que se hallan controlados y avalados por la Association of American Feed Control Officials, que es el organismo encargado de determinar sus requerimientos nutricionales y establecer los parámetros a seguir en la elaboración de estos productos.

Dejemos pues de poner excusas y pensemos un poco más en las víctimas que se suceden mientras nos afanamos por buscarlas. Y lo dicho, si a pesar de todo alguien sigue creyendo que no se puede ayudar a estos individuos de manera vegana, entonces debería absterse de prestar una ayuda que de lo contrario resultará injusta y perniciosa. Acuérdense de Marius la próxima vez que vayan a comprar un alimento no-vegano, e imaginen que es su carne la que están a punto de adquirir. De alguien habrá sido, eso sin duda.


En la foto: Laik, un perro “vegano” (fallecido ya, a los 18 años
de edad), y cuatro gatos (Shadow, Scar, Lémur y Simba),
de entre 12 y 14 años, todos ellos alimentados de forma vegana
desde el primer día. 

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1 comentario:

  1. Creo que ésto se debe a que la mayoría de los veterinarios son especistas y cuando le consultás a uno de ellos sobre si podés darle alimento balanceado vegano a tu amigo perro te dicen que los perros son carnívoros y le hacen mala prensa al alimento vegano diciendo, por ejemplo, que los perros que comen ésos alimentos terminan teniendo anemia, lo que me preocupa es que haya veganos que crean ciegamente en lo que les dice el vete y no lo cuestionen averiguando por otros medios si es cierto lo que les dijo el vete. Saludos desde Argentina.

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